¿Eres un ‘piromaniaco’ en el trabajo?

¿Encajas en la descripción del jefe que convierte cualquier chispa en un incendio?; Ten cuidado que podrías estar quemando tu empresa.
El “piromaniaco” en el trabajo es el jefe compulsivo que pro
Por Patricia B. Gray

Cruela (no es su nombre verdadero, desde luego) es una directiva de una pequeña empresa de investigación biotecnológica, presionada siempre por conseguir buenos resultados. Pero fue también la pesadilla del personal que trabajaba bajo su mando, cada proyecto era una crisis, cada reunión era un simulacro de incendio. Trabajaba durante la noche y los fines de semana. Cada e-mail que enviaba llevaba el título de “urgente” aunque sólo se tratara de la corrección de una errata en un pie de página.

Hoy, su incendiaria actitud empieza a controlarse. Finalmente pidió ayuda, desde hace seis meses asiste a terapia familiar para atender su conducta autoritaria tanto en el hogar como en el trabajo. Sin embargo, es demasiado tarde para reparar el daño que ocasionó a su pequeña compañía: en tan solo unos meses, seis de sus nueve empleados renunciaron para huir de su reino de terror.

Cruela es el paradigma  del “piromaniaco”, el calificativo que  Michael Watkins, fundador de la asesoría de gestión de empresas Genesis Advisers (genesisadvisers.com) usa para denominar a los jefes compulsivos que provocan un fuego detrás de otro en sus trabajos. Estas emergencias constantes son altamente destructivas, pues desperdician tiempo y recursos desviando la atención de las cuestiones importantes para la empresa. Los empleados descuidan su trabajo regular, están demasiado ocupados apagando los fuegos que el jefe piromaniaco inicia, absorbido por las minucias; entretanto, la empresa puede perder la oportunidad de prevenir amenazas a largo plazo más peligrosas.  

“Los empresarios están entre los peores piromaniacos. Son testarudos e impulsivos. Estas cualidades pueden servirles para crear empresas pero no para dirigirlas” afirma Watkins. Una gran mayoría de empresarios exitosos se obsesionan con los detalles, persiguen metas muy específicas y vigilan a la competencia. Pero también se ven a sí mismos como visionarios indispensables para la existencia de la empresa.

El e-mail y la mensajería instantánea: “dispositivos incendiarios”

La tecnología está ayudando a que esta conducta compulsiva se propague y, al mismo tiempo, le da facilidades al piromaniaco. De acuerdo a Watkins, “Hace años, los impulsos del piromaniaco podían calmarse tras escribir un memo o hacer una llamada. Hoy, por el contrario, es muy sencillo lanzar un arrebatado e-mail a cinco, diez o más personas. El e-mail tiene el potencial de causar reacciones de histeria.”

Los expertos en gestión empresarial opinan que la piromanía es la antítesis del verdadero liderazgo. “La piromanía es una acción refleja, a diferencia del liderazgo, basado en la reflexión, la disciplina y la paciencia” explica John Seiffer, coach que ha asesorado a varios piromaniacos. Y añade otro contraste: “Los piromaniacos malgastan su tiempo en asuntos que parecen urgentes pero que no son importantes; los CEOs atienden asuntos que son importantes pero pueden no parecer urgentes.”

Incendios provocados

El detonante de la manía es, para algunos, satisfacer una profunda necesidad de poder; para otros, contagiar la ansiedad a los subordinados disminuye su propia ansiedad. Algunos son piromaniacos sólo porque sospechan que todo mundo flojea o porque creen que la histeria es la única manera de hacer que sus empleados trabajen a conciencia.

Algunas empresas incluso fomentan la piromanía como un método para medir a los principiantes, presionándolos al extremo para eliminar a los que se quiebran. Así vista, la piromanía puede servir para descubrir al eslabón más débil, pero es una terrible manera de motivar a los empleados, los desmoraliza y menosprecia. Cuando la rutina laboral es impredecible e insatisfactoria, el ambiente se vuelve tóxico. Las personas talentosas se van, dejando a un grupo de aduladores que disfrutan de la falsa urgencia de los incendios intencionales.

Superar la adicción

¿Hay cura? Watkins opina que la clave es el control de los impulsos. Apagar celulares u otros dispositivos móviles fuera del horario laboral. Establecer un límite diario de e-mails. Si considera que es demasiado difícil, escriba los correos, pero no los envíe inmediatamente. Guárdelos como borradores. Luego de obligarse a esperar un par de horas, reléalos y pregúntese si el asunto es tan importante como inicialmente pensó. Modérese al redactar sus mensajes, y no los llame “urgentes” a menos de que lo sean. Omita usar signos de exclamación, y no use MAYÚSCULAS a no ser que haya una bomba en el edificio.

Vencer el hábito de prende-fuegos no es fácil, pero vale la pena intentarlo si consideramos, al menos, el trabajo extenuante que enfrentan los empleados transmutados en bomberos.

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