¿Atrapado en un trabajo mediocre?

Las empresas se preocupan porque los empleados conozcan sus sistemas, pero no por capacitarlos; la crisis de los 40 también afecta al empleo, qué hacer si éste no te deja tiempo para aprender
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Regina Reyes-Heroles C.

Hay un momento en la vida laboral en la que cualquiera puede sentirse ‘atorado’. Duda sobre el futuro de su vida profesional, se cuestiona si no sería mejor abrir una tortería y dejar atrás la empresa.

Se da cuenta de que es de los que buscan el despido –aunque éste también le dé pánico– y, de paso, odia a los veinteañeros dispuestos a trabajar por menos; sí, esos que se quedaron con el puesto del de la oficina de junto.

César Valdés (el nombre se ha cambiado) lleva 20 años trabajando con su mentor, de los cuales 10 han sido en un taller de diseño. Ahora, su jefe está pensando en retirarse y él teme que quien entre al taller le dé las gracias y contrate a un nuevo operario.

Para avistar sus opciones visitó a un amigo en otro taller y tanteó el terreno para solicitar un empleo. La primera pregunta fue si sabía utilizar un programa de software. “¿Qué?”, exclamó Valdés, y entró en pánico. Se dio cuenta de que podía ser visto como un aspirante obsoleto que no maneja las herramientas actuales.

El miedo de Valdés (quien tiene 42 años y una vida laboral que representa la mitad de su edad) le pasa a muchos, explica Yanis Raptis, director general de Right Management, una empresa de Manpower.

“Las compañías se preocupan mucho porque conozcas sus procesos, sus sistemas y sus métodos, pero no se preocupan por capacitar a los empleados. Si no conoces todos los sistemas y procesos, todo lo que ocurre en tu nicho en general, estás perdiendo competitividad”, sostiene Raptis.

Valdés teme que si llegara a quedarse sin trabajo le sería casi imposible conseguir otro.

Hay 32 millones de mexicanos entre los 20 y 39 años, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (inegi), y son los que se están quedando con los espacios en las oficinas de quienes no han llegado a la edad del retiro pero tienen ya salarios muy altos, son obsoletos o no tienen motivación, explica Alfredo Villas, director de Consultoría Actuarial y Capital Humano, de Aon Consulting.

Existen 11 millones de personas entre los 40 y 49 años y 15 millones de más de 50 años. Los millones de jóvenes serán adultos mayores en unos años y será el grupo más significativo.

“A las empresas en general les decimos que hay que pensar qué puestos les vamos a dar a estos adultos mayores porque no los vamos a poder esconder bajo la alfombra y van a ser el grupo demográfico más importante. En la economía tenemos que pensar que estamos pasando por una presión demográfica muy rápida”, agrega Villas.

Una forma de evitar que los mayores sean desplazados es la capacitación para puestos de mayor exigencia, explica Hugo Valverde, director de Capital Humano de Mercer. “Tendemos (en las empresas) a dejar al empleado en el mismo puesto durante mucho tiempo y como no hay rotación, no hay aprendizaje o valor agregado. El empleado se acostumbra a hacer A, B y C y al llegar a la actividad D –como sabe que no le corresponde– no lo hace y no aprende a hacerlo”, dice.

Mea culpa

Valdés se siente ‘atorado’ porque su empresa no lo capacitó para enfrentarse a los retos fuera de su oficina, además lleva un largo tiempo dentro de su ‘zona de confort’ y nuevos territorios laborales le dan miedo. Parte de la culpa es de él mismo y otra de la compañía. 

“El talento es igual que las computadoras, si cada año no te preparas, no lees, no vas a congresos o cursos, te vuelves obsoleto. Y cuando quieras retomar vas detrás de muchos otros. La responsabilidad es del empleado”, asegura Raptis.

La solución para Valdés y quienes se sienten cercanos a esta situación es la capacitación y el autodesarrollo. Y si la empresa no ofrece cursos, conferencias o, por lo menos, libros, es imperativo que el empleado lo busque y se desarrolle por su cuenta, dicen  en Aon, Manpower y Mercer.

“La capacitación es fundamental. El más interesado debe ser uno mismo, ya pasamos los tiempos donde uno espera a ver a qué cursos lo manda su jefe”, sostiene Villas.

Valverde está de acuerdo y afirma que la empresa no debe invertir en empleados que no están interesados en capacitarse, por lo que recomienda a los que quieren asistir a un curso que se acerquen a sus jefes y digan que quieren tomarlo y están dispuestos a pagar una parte del costo.

“Lo que pedimos (en las empresas) es que los empleados paguen una parte para hacerse responsables y generar compromiso de ambas partes. Tienes que llegar a proponer qué es lo que quieres y al menos poner entre 10 y 20% del costo”.

A César Valdés, Raptis le recomienda que aproveche ahora que tiene un empleo y que se pague unos cursos o consiga acceso a capacitaciones de programas de diseño, busque información por internet y lea todo sobre su profesión para entender qué es lo que busca su mercado. 

“No podemos seguir preguntando quién lo va a pagar, sino cómo me sigo desarrollando, cómo sigo aprendiendo”, dice Raptis, quien asegura que hay maneras de hacerlo sin que el presupuesto mensual se reduzca a la mitad.

Si Valdés fuera remplazado, Valverde recomienda que no pierda el camino. “Una de las grandes ventajas de quedarse desempleado es la oportunidad que tienes para capacitarse. Esta persona de 40 años no sabe hacer muchas cosas y ya se dio cuenta. Es el momento para capacitarse y quizás utilizar su liquidación para invertirla en él en vez de un coche o una tortería. La maquinaria es él”, afirma el consultor de Mercer.

Una ayudadita de la firma

Las empresas no son el enemigo, les preocupa que sus empleados no den el 100% y han buscado formas de conseguir que no imperen sensaciones de ‘me siento estancado’.

El outplacement es uno de los apoyos de las compañías para los empleados que dejan la oficina antes de la edad del retiro. Estos programas son pagados por multinacionales, no precisamente por las pequeñas y medianas empresas. El taller de Valdés no ofrece este tipo de ayuda –que, por lo general, es para ejecutivos y dura unos tres meses–.

“La empresa contrata a un psicólogo que te ayuda a hacer tu currículo, a poner en orden tu vida después del trabajo, como arreglar papeles del Seguro Social, ver si tienes un seguro de vida aparte del que te daba la empresa, y prepararte para no ser dependiente de ésta. Facilitan oficinas o lugares de trabajo donde te puedes conectar a internet y buscar alternativas de trabajo y entrevistas”, explica Valverde.

Ésta es una de las prestaciones que se pueden averiguar cuando se busca trabajo, recomiendan los expertos y uno de los elementos positivos de trabajar en multinacionales.

Tanto la firma como los que trabajan deben entender que no es sano quedarse siempre en el mismo, pues encamina a ‘zonas de confort’ y desmotivación. Las empresas han recurrido a la capacitación y la rotación de puestos o de áreas dentro de la misma compañía.

Raptis sugiere permanecer en el mismo lugar de trabajo entre cinco y siete años, “un ciclo grande, pero sin entrar a la ‘zona de confort’, después de eso lo que haces es reciclarte”.

Sentirse ‘atorado’ “también es sintomático de ciertas empresas, de cierta posición de mercado: son compañías que no están inmersas en una globalización. Si la persona no esta vigente en el mercado (como el caso de Valdés), pues el taller donde trabaja tampoco”, comenta Villas, de Aon Consulting. Es cuando se llega a esta disyuntiva que muchas personas piensan en dejar la empresa, olvidarse de la autocapacitación y buscar cómo abrir un negocio.

La opción tortería

Si las tortas le quedan bien, una tortería puede ser una opción para Valdés. “Podría sonar a broma, pero es lo que muchos hacen”, asegura Valverde.

César Valdés lleva una década en el mismo lugar sin haberse enfrentado a las novedades de su mercado. Aunque se capacite antes de dejar su trabajo, o después, la realidad es que está en desventaja con respecto a muchos otros en su misma profesión.

Villas dice que es válido cuestionarse si es factible que se ponga al día con unos cuantos cursos, y si no hay posibilidad de que cambie de área, de puesto o explore intereses nuevos. “Admiro mucho a la gente que en esas circunstancias emprende y hay casos que después de trabajar 20 años y hacer un patrimonio dejan la empresa y abren un negocio y en 10 años triplican su ahorro. Claro que por cada caso de éxito hay muchos de fracaso”, admite Villas.

Los cambios son positivos, aun dentro de la misma empresa. No obstante, aclaran los expertos, si Valdés decide tener un negocio en vez de capacitarse para seguir su vida laboral, deberá hacer un buen análisis. “Mucha gente en México se ha visto en la necesidad de emprender porque no encuentra trabajo”, refiere Villas.

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