La naturaleza y las crisis humanas se combinan en Japón

La calamidad desatada en Japón es ejemplo de una crisis compuesta del siglo 21, algo que probablemente se viva en próximas décadas
Japón - crisis - naturaleza
Japón - crisis - naturaleza  Japón - crisis - naturaleza  (Foto: )
  • A+A-
Por: Stacey White
Autor: Stacey White | Otra fuente: 1
NULL

Nota del editor: Stacey White es una consultora en investigación que colabora en el Centro Estratégico e Internacional para Estudios de Crisis, Conflictos y Cooperación, donde se concentra en las intersecciones del manejo de crisis de desastres naturales y gobierno.

Washington (CNN) – Uno sólo puede observar con pena cómo el primer ministro de Japón, Naoto Kan, y su equipo de emergencias luchan contra la amenaza de un potencial derretimiento nuclear en sus plantas ubicadas al norte de Tokyo. Los informes sobre las acciones del gobierno, respecto al uso de agua de mar para enfriar los reactores nucleares, así como la distribución de tabletas de yodo para minimizar la absorción de la radioactividad por parte de sus habitantes, ilustran lo desesperante de esta crisis.

Además de la potencial catástrofe nuclear, hay que considerar cientos de réplicas de gran escala, así como otra alerta de tsunami a casi tres días de la crisis. Es claro que la pesadilla de Japón aún no termina.

Los medios de comunicación se han concentrado en lo que la falla de los sistemas de enfriamiento de las plantas, así como la explosión de la planta de Fukushima representarían para la salud y seguridad inmediata de las poblaciones cercanas.

Asimismo, muchos se han empezado a preguntar de qué manera esta situación podría afectar al uso de la energía nuclear en el futuro: En Japón, un tercio de la población depende de la energía nuclear. Cuando lo inimaginable se hace realidad en un país que es considerado como uno de los más previsores en el mundo, particularmente en lo que respecta a desastres naturales, uno sólo se puede preguntar: ¿Qué tan seguro es estar lo suficientemente seguro?

Las crisis, tradicionalmente consideradas naturales, provocadas por el hombre o ambientales, ahora interactúan entre ellas de nuevas y sorprendentes maneras que exigen múltiples acciones de respuesta.

Cuando Kan explicó que el terremoto y  la emergencia nuclear representaban el mayor reto de la nación en sus 65 años de historia posguerra, fue claro que la calamidad desatada en Japón es un ejemplo por excelencia de una crisis compuesta del siglo 21, algo que probablemente veamos mucho más en las próximas décadas.

En este caso, un gran terremoto desató un tsunami catastrófico, afectando a toda la región del Pacífico y provocó cientos de réplicas, muchas de las cuales alcanzaron una intensidad mayor a 6.0 grados.

El deslizamiento de tierras, así como la falla de al menos una presa de agua de reserva han sido otros efectos inmediatos y que han caído como fichas de dominó tras el terremoto. Aunque estos efectos eran de esperarse dada la tremenda magnitud del terremoto y las corrientes del tsunami que le siguieron.

¿Pero un derretimiento nuclear, con los sistemas de seguridad de las plantas activos y presumiblemente probados rigurosamente en un país propenso a terremotos? Parecería increíble, aún cuando estamos siendo testigos del horror que ha causado esta situación.

Lo que está ocurriendo en Japón es sólo un ejemplo de las múltiples capas de riesgos preexistentes que quedan al descubierto cuando azota un desastre. Poblaciones en todo el mundo se están enfrentando a una creciente exposición a desastres naturales tales como terremotos, inundaciones, sequías y otras condiciones climatológicas extremas. Se enfrentan a las consecuencias acumuladas de decisiones humanas previas que han intensificado los efectos de un desastre natural inicial, por ejemplo, la caída de viviendas de construcción deficiente en las afueras de las ciudades o bien, el peligro de los ríos debido a la construcción de demasiadas presas y cauces de navegación que pervierten el flujo natural de la erosión y el traslado del sedimento.

Existen otras crisis compuestas a la espera de desatarse. Durante años, expertos ambientales han advertido sobre los peligros de los residuos de uranio no protegido (desechos que se producen cuando se busca extraer combustible nuclear) en la ex Unión Soviética.

Por ejemplo, en Kirguistán, deslizamientos de tierra, inundaciones y corrientes de lodo no fueron considerados en la planeación de almacenes de desechos en la región. Si alguno de estos desastres ocurriese, los desechos nucleares quedarían expuestos e incrementarían los riesgos de salud, ambientales y económicos de las poblaciones aledañas.

Sin embargo, los riesgos de los desechos nucleares no se limitan a la ex Unión Soviética. Los riesgos potenciales de las presas y estanques de residuos (donde queda almacenado el material de desecho) emergen especialmente en el contexto de terremotos e inundaciones y han sido bien documentados en Estados Unidos y Alemania, entre otros países. Incluso las instalaciones con infraestructura para el almacenamiento de agua natural podrían producir crisis compuestas si dichas estructuras se ven afectadas por un terremoto.

Y por supuesto, más cerca de casa, hay una continua excavación de petróleo en el Golfo de México, un área con grandes riesgos de huracanes y tormentas tropicales. Como bien saben los estadounidenses que viven en la Costa del Golfo, el mantenimiento adecuado y la resistencia contra desastres de estas empresas industriales son primordiales si se pretende que un huracán no ocasione una catástrofe ambiental y humana en esa zona en el futuro.

Está claro que nuestra actividad industrial –producción de energía nuclear, búsqueda de petróleo, perforaciones de gas natural, excavaciones de carbón y la manera en que nos deshacemos de desechos químicos y radioactivos–, ya no puede ser llevada a cabo sin una consideración más cuidadosa sobre cómo estas actividades pueden ser afectadas por desastres naturales.

Mientras todos permanecemos atentos a las noticias sobre Japón, uno solamente puede desear que otro gran desastre producto de una cascada de crisis pueda evitarse en esta ocasión y que esta terrible experiencia nos sirva de lección para el manejo de crisis compuestas en el futuro.

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las de Stacey White.

Ahora ve