El Talibán amenaza a los periodistas que cubren la historia de Malala

El caso de la activista pakistaní atacada por los talibanes se suma a otros por los que los medios de comunicación del país son acosados
Malala progresa en su recuperación
Shaan Khan y Jethro Mullen
Autor: Shaan Khan y Jethro Mullen
ISLAMABAD, Pakistán (Reuters) -

El Talibán pakistaní quiso silenciar a la activista adolescente que luchaba por la educación, Malala Yousoufzai, disparándole en la cabeza. También intentan sofocar las críticas generalizadas de los medios en contra del ataque  amenazando a los periodistas en Pakistán.

Las amenazas del grupo militante han intensificado los temores de los reporteros en un país que ya era uno de los lugares más peligrosos del mundo para ellos.

Malala, de 15 años, sigue luchando en un hospital en Gran Bretaña por recuperarse de las heridas recibidas en el atentado ocurrido la semana pasada en el distrito de Swat, al noroeste del país. El ataque desató una oleada de furia y la indignación en Pakistán y el mundo entero.

El Talibán se adjudicó rápidamente el atentado, pero al parecer no esperaban que provocara tal repulsión y rechazo. Miles de personas se manifestaron en Pakistán en apoyo a la adolescente herida, y exigieron al gobierno una respuesta firme.

Conforme los medios pakistaníes e internacionales dedicaban sus coberturas al atentado, y a la indignación que despertó, el Talibán empezó a emitir largos comunicados en los que trataron de justificar el ataque contra Malala, quien los había desafiado al insistir en el derecho de las niñas a asistir a la escuela.

Se quejaron de que “los sucios e impíos medios han aprovechado esta situación y los periodistas han empezado a juzgarnos”, lo que aumenta las posibilidades de que maten a esos periodistas.

Los reporteros del noroeste de Pakistán, la región en donde opera el Talibán, dicen que ya han sido alertados por las autoridades del enorme riesgo que corren y algunos de ellos han recibido amenazas específicas.

“Las cosas se han puesto más tensas después de lo de Malala, ya que el Talibán está muy enojado por la forma en la que se reportó el ataque”, dijo un reportero veterano en Peshawar, la ciudad más importante de la conflictiva región noroccidental, cerca a la frontera con Afganistán. “Estamos asustados, pero ¿qué podemos hacer? Tenemos que trabajar”. El periodista, quien habló de forma anónima por temor a las represalias, señaló que en otras ocasiones, algunas facciones del Talibán han matado o secuestrado a otros periodistas porque les desagradaban sus coberturas.

Tanvir Ahmed Tahir, director ejecutivo de la Sociedad de Periódicos de Todo Pakistán, una asociación de casas editoriales, dijo que la organización había solicitado al gobierno que se aumente la seguridad para proteger las operaciones de sus miembros y personal en vista de las declaraciones del Talibán.

Las amenazas de los militantes contra los periodistas que cubrieron el ataque, que descaradamente se adjudicaron, pueden parecer contradictorias. De acuerdo con Mustafá Qadri, investigador pakistaní del grupo de defensa de derechos humanos, Amnistía Internacional (AI), es la esencia misma de la perspectiva del Talibán.

“El trasfondo que hay que entender es que el Talibán sólo opera de una forma: a través de la violencia”, dijo Qadri, quien vive en Gran Bretaña, pero viaja a Pakistán regularmente. “La utilizan para intimidar a la gente y obligarla a hacer lo que ellos quieren”.

Dijo que algunos de los periodistas locales con los que ha hablado en el noroeste de Pakistán –incluyendo Mingora, la ciudad principal del Valle del Swat en donde vive la familia de Malala—están “muy perturbados” por las amenazas del Talibán y le han pedido que ore por ellos.

“Estas personas tienen familias e hijos”, dijo. “Parte de su trabajo es salir al campo, no se pueden dar el lujo de abandonar el país” como los periodistas extranjeros.

A pesar de los riesgos, la historia de Malala “sigue siendo un tema tratado por la prensa” y los periodistas “están haciendo su trabajo”, dijo Tahir, de la sociedad de periódicos. Ese trabajo adquiere mayor importancia en un lugar del mundo atrapado entre varias corrientes geopolíticas.

La inestable región del suroeste de Peshawar, ubicada a lo largo de la frontera entre Pakistán y Afganistán, es la base de algunos grupos extremistas, el objetivo de un controvertido programa de ataques remotos de Estados Unidos y el escenario de múltiples choques entre los militantes y las fuerzas de seguridad de Pakistán.

Gran parte de esta región está restringida a los reporteros, especialmente aquellos que trabajan para las organizaciones noticiosas occidentales; aún así, algunos periodistas locales se aventuran en las zonas de riesgo.

“Si estas personas no hicieran este trabajo, no nos enteraríamos de lo que ocurre”, dijo Qadri. “Cuando los conflictos se desarrollan lejos de la lente de los medios, se da lugar a los abusos”.

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Los riesgos a los que están expuestos los periodistas en Pakistán están bien documentados. Según el Comité de Protección para los Periodistas (CPJ), grupo con sede en Nueva York que promueve la libertad de prensa en todo el mundo, tanto en 2010 como en 2011 murieron más periodistas en Pakistán que en cualquier otro país del mundo. “Muchos de ellos murieron en atentados después de haber sido amenazados”, señaló el grupo en una publicación en el blog de su sitio de internet.

No solo los militantes hacen amenazas, también las agencias gubernamentales, dijo el CPJ. “Es muy difícil ser periodista en Pakistán, en especial en el frente en donde están bajo la presión constante del Talibán, el Estado y hasta los partidos políticos”; dijo Qadri, quien trabajó como reportero en Pakistán durante cuatro años. “Es un ambiente altamente politizado”.

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