Trabajadores en la India viven bajo el 'terror' laboral de la construcción

La corrupción y arreglos dentro del gobierno aún causan injusticias dentro de las condiciones laborales en el país
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Autor: Siddharth Kara, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: el experto en la lucha contra la trata de personas, Siddharth Kara es el autor de Bonded Labor: Tackling the System of Slavery in South Asia (Trabajo bajo control: derrotando al sistema de esclavitud en el sur de Asia), que proporciona el primer panorama del trabajo forzado en el continente.

(CNN) — Durante la cobertura de CNN en mi reciente viaje de investigación para mi nuevo libro sobre trabajo forzado, escribí un artículo sobre mis descubrimientos de esclavitud por deudas, trata de personas y trabajo infantil en varios proyectos de construcción para los Juegos de la Mancomunidad 2010 en Nueva Delhi, India.

Miles de trabajadores fueron traficados en Delhi por contratistas laborales para completar los proyectos de construcción masivos para los Juegos a un costo mínimo.

Estos descubrimientos probaron ser consistentes con gran parte del sector de construcción en todo el sur de Asia.

De hecho, las condiciones laborales para los Juegos de la Mancomunidad en 2010 fueron sorprendentemente similares a aquellos casi 30 años antes, cuando Nueva Delhi fue anfitriona de los Juegos Asiáticos.

Aquellos juegos se volvieron objeto del primer caso de la Suprema Corte en India relacionado con el trabajo forzado, la Unión Popular de los Derechos Democráticos contra la Unión de India y otros, en 1982. A pesar de una denuncia contundente de la corte contra el trabajo forzado, tres décadas después, poco cambió.

La construcción, como muchas otras industrias en el sur de Asia, promueve la explotación en virtud de la apatía, costumbre, corrupción y codicia. También hay una particular impunidad integrada en el sistema de contratación de mano de obra de la construcción que es específicamente efectiva en promocionar la trata y el trabajo forzado.

Después de ganar una licitación para un proyecto, las empresas de construcción importantes a menudo subcontratan el reclutamiento de mano de obra y administración a los jamadars (oficiales indios). Estos son reclutadores laborales que ofrecen adelantos a los campesinos en toda India a cambio de trabajar en el proyecto.

Familias enteras pueden ser reclutadas con la promesa de buenos salarios y buenas condiciones, pero al llegar, los trabajadores pueden ser severamente explotados.

El jamadar se queda con los fondos que supuestamente debe desembolsar en los salarios, alojamiento, comida y medicinas, y luego normalmente regresa una parte de esto a la empresa de construcción que los contrató.

En todo el sur de Asia, las leyes relacionadas con el concepto de responsabilidad indirecta no captan la relación entre una empresa de construcción y sus contratistas independientes, así que es muy difícil ejercer la responsabilidad por el comportamiento de sus subcontratistas. Como resultado, los trabajadores de construcción a menudo sufren abusos extremos.

"Somos tratados como cucarachas", me dijo un trabajador llamado Rashmi, "no son solo los jamadars; el gobierno traicionó a la gente. Somos como perros en la calle mendigando por comida y alojamiento. Nos prometen salarios, pero hemos estado aquí cinco meses sin salarios y apenas con alimentos suficientes para comer. No siento dignidad humana".

Dos sectores que se alimentan directamente del sector de la construcción (rocas y ladrillos) son igual de explotadores.

Millones de los campesinos más pobres en el sur de Asia son reclutados cada año en un trabajo exhaustivo golpeando piedras u horneando ladrillos para ser utilizados en proyectos de construcción.

En la ciudad de Faridabad documenté a los trabajadores esclavizados que martillaban rocas gigantes de granito en las mismas canteras que fueron objeto de un segundo caso de la Suprema Corte en India que lidió con el trabajo forzado: Bandhua Mukti Morcha contra la Unión de India y otros, en 1983.

A pesar de la acusación mordaz de la corte, 30 años después muchas de las mismas condiciones de trabajo forzado permanecieron.

Con los ladrillos, los campesinos trabajan 14 horas o más al día en condiciones altamente peligrosas en un horno que hierve a más de 1,000 grados celsius.

Los campesinos a menudo migran a los hornos cada año, buscando perpetuamente pagar los préstamos que casi siempre parecen crecer.

Cuando un trabajador esclavizado llamado Gurahu intentó escapar de sus deudas insuperables, los dueños de la empresa de ladrillos lo rastrearon, lo castigaron con shocks eléctricos y vendieron a su hija a un traficante de personas como castigo.

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"No podía creer que Dios hubiera hecho esto", me dijo Gurahu. "Quería que tomaran mi vida. No puedes imaginar cuánto dolor sentía. Nunca vi a mi hija de nuevo".

Las condiciones de trabajo subhumanas y explotación barbárica inherente al sistema de trabajo forzado permanece como una cicatriz vergonzosa en el rostro del sur de Asia. Mi artículo final detallará cómo podemos acabar con esas injusticias.

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