OPINIÓN: Por qué Romney debería ganar la presidencia de EU

El autor de este artículo nos explica las razones por las que cree que Romney debería ser el próximo presidente de Estados Unidos
romney_republicanos_campana  (Foto: EFE)
Autor: William J. Bennett | Otra fuente: 1

Nota del editor: William J. Bennett, colaborador de CNN, es autor de The Book of Man: Readings on the Path to Manhood. Fue secretario de Educación en Estados Unidos de 1985 a 1988 y director de la Oficina de Políticas Nacionales para el Control de las Drogas durante el gobierno del presidente George H.W. Bush.

(CNN)– El 3 de octubre, escribí una nota para CNN titulada, “Por qué deberías votar por Romney”. En ese punto de la carrera por la presidencia de Estados Unidos, el gobernador Mitt Romney estaba 3.1 puntos detrás del presidente Obama en el promedio de encuestas de Real Clear Politics, y parecía que la carrera se le estaba saliendo de las manos.

Desde entonces Romney efectuó una de las actuaciones en un debate más importantes de la historia política, estimuló a su base, e impulsó su campaña a toda marcha. Por primera vez, y en el mejor momento, Romney tiene el impulso en la carrera.  Su auge llevó a la carrera a un empate virtual, según el promedio de encuestas de Real Clear. Con las elecciones cruciales de este martes, he aquí una versión actualizada de mis razones para que Romney llegue a la Casa Blanca.

Una carrera exitosa en los negocios y la administración

La economía de Estados Unidos necesita desesperadamente de un artista que le dé un giro. Mitt Romney ha hecho su carrera en el sector privado haciendo eso exactamente –dándole un giro a los negocios y empresas fallidos.

Durante su gestión en Bain Capital, Romney era el responsable de construir compañías en las que los estadounidenses compran todos los días – Staples, Domino’s Pizza, Sports Authority y Brookstone. Por supuesto, no todas sus inversiones tuvieron éxito y algunas compañías fracasaron, pero en general, las ganancias que Bain Capital entregó a sus inversionistas fueron nada menos que estelares.

A través de su análisis independiente de la trayectoria en Bain, el Wall Street Journal reportó que “Bain produjo ganancias por cerca de 2,500 millones de dólares para sus inversionistas en los 77 negocios, de los casi 1,100 millones de dólares invertidos. En suma, Bain registró ganancias anuales de entre 50% y el 80% en este periodo, lo que los expertos dicen fue uno de los mejores desempeños para compañías de adquisiciones en esa época”.

Romney fue uno de los capitalistas de inversión más exitosos de finales de la década de 1980 y de 1990. El gobierno de Obama atacó la carrera empresarial de Romney, pero alabó la del inversionista multimillonario y director de Berkshire Hathaway, Warren Buffet. Esa es una doble moral a todas luces. Tal vez deberían escuchar al expresidente Bill Clinton, quien calificó el desempeño empresarial de Romney como “dorado”.

El éxito de Romney no terminó en Bain. En 1999, fue a rescatar del colapso a las Olimpiadas de Invierno de Salt Lake City. Romney tomó el control y llevó a las Olimpiadas de la deuda y el desastre hacia el éxito nacional.

Si Romney puede medrar en el sector privado —en el que cinco de cada 10 pequeñas empresas fracasan en un lapso de cinco años— y en el sector público, en el que las regulaciones y la ineficacia frecuentemente obstaculizan el éxito, es seguro que puede ayudar a que la economía de Estados Unidos se recupere. En los tres debates presidenciales, Romney mostró que domina los temas económicos y sobresalió en la cuestión de quién manejaría mejor la economía.

Experiencia como director ejecutivo

Romney asumió la gubernatura de Massachusetts en 2003, en una época en la que el estado sufría su propia recesión. Cuando estalló la burbuja de las ‘punto com’, Massachusetts perdió más de 200,000 empleos y tuvo un déficit presupuestal de 3,000 millones de dólares.

Romney resolvió el déficit sin aumentar los impuestos estatales, aunque aumentó las cuotas y acabó con las lagunas fiscales. Aunque la cantidad de empleos que se crearon durante su mandato tuvieron calificaciones bajas en comparación con otros estados, Massachusetts pasó de perder empleos a crear decenas de miles. La tasa de desempleo bajó del 5.6 al 4.7%. Además, logró todo esto con una legislatura demócrata.

Según la Evaluación Nacional de Progreso Educativo, Massachusetts obtuvo los primeros lugares a nivel nacional en matemáticas de octavo grado y en las calificaciones de lectura en 2007, el último año del gobierno de Romney.

Aunque Romney recibió el que probablemente era el mejor sistema educativo del país, siguió implementando sus propias reformas conservadoras y fue buen defensor del sistema educativo estatal vigente. Hoy sigue en la clasificación como el mejor sistema educativo en Estados Unidos. Además, gracias a la reforma estatal a los servicios de salud, implementada en 2012, Massachusetts tuvo el menor porcentaje de personas sin seguro, con en 4.9%, según una encuesta de Gallup.

Personalidad y liderazgo

Se escucha que muchas personas de los principales medios describen a Romney como desapegado, rígido, insensible e indiferente. En los tres debates presidenciales, Romney acabó con esa caricatura acartonada que fue creada por la publicidad negativa en la que la campaña de Obama invirtió millones de dólares.

En realidad Romney, el hombre, el esposo y el líder, es un hombre profundamente benévolo, compasivo y decente. Durante los debates en los que finalmente lo demostró y en las últimas semanas de la campaña, se ha notado a lo largo del país que Romney y su equipo han sido propositivos al contar las historias del Romney real.

Por ejemplo: en julio de 1996, Romney cerró Bain Capital y envió a sus empleados a Nueva York para que buscaran a la hija adolescente de Robert Gay, uno de los socios de Bain Capital.  Ella había escapado para ir a una fiesta en Nueva York y llevaba tres días desaparecida. Romney instaló un centro de comando en Nueva York, se coordinó con el departamento de policía de Nueva York, colocó afiches por toda la ciudad y emitió alertas.

No pasó mucho tiempo para que la joven fuera encontrada en un sótano, sufriendo del síndrome de abstinencia del éxtasis. Al hablar de la labor de Romney, Gay dijo: “Es la cosa más impresionante; recordaré esto todos los días de mi vida”.

Durante la Convención Republicana, Ted y Pat Oparowski contaron la conmovedora historia de su hijo de 14 años, David, a quien fue diagnosticado con enfermedad de Hodgkins terminal. Romney lo visitó a menudo, y se volvieron amigos cercanos. A petición de David, Romney escribió el testamento del joven y pronunció un panegírico en su funeral. Esas son las historias no contadas de un hombre bueno y decente.

Romney y su esposa, Ann, donaron en 2011 casi el 30% de sus ingresos a la beneficencia, más de 4 millones de dólares. A Romney le gusta decir que la compasión no se mide en la beneficencia o en los cupones de comida, sino en la capacidad de alejar a la gente de la beneficencia y de los cupones. Cada año dona millones de sus propios dólares para ayudar a la gente de esa forma.

El plan de Romney

Después de cuatro años de liderazgo económico fallido del presidente Obama, Romney llevaría a la Casa Blanca un plan específico y detallado para retomar la responsabilidad fiscal y la creación de empleos.

Con su plan se recortaría el gasto federal como parte del PIB hasta un 20% para 2016. Se reformaría el complejo código fiscal al reducir las tasas de impuestos en un 20% general a la vez que se eliminan las lagunas, en especial aquellas que protegen a las personas de mayores ingresos, y se mantiene la neutralidad en la recaudación. También se reduciría la tasa de impuestos a las sociedades de Estados Unidos, que actualmente es la mayor del mundo, hasta un 25%.

Bajo un gobierno encabezado por Romney, las causas principales de nuestra deuda serían reformadas al dar más opciones y responsabilidades a los individuos —y no a los burócratas—respecto de su manejo de Medicare y la Seguridad Social. En el caso de Medicaid, se garantizaría en bloques y se volvería competencia de los estados. El plan de Romney reduciría las regulaciones y los impuestos onerosos, como el Obamacare, e introduciría una nueva era de certeza fiscal para los empresarios y dueños de negocios.

Romney también impulsaría la independencia energética, aprobaría el oleoducto Keystone y detendría la guerra regulatoria contra el carbón de la Agencia de Protección al Ambiente de Estados Unidos. Recurriendo a su experiencia en Massachusetts, Romney impulsaría una mayor oferta escolar para padres y estudiantes, el pago de acuerdo al desempeño de los maestros, y con la imperiosa necesidad de 3 millones de empleos capacitados, mayor capacitación para trabajadores capaces.

Finalmente, el que haya elegido al diputado Paul Ryan como su candidato a la vicepresidencia, consolida sus credenciales conservadoras como reformista fiscal dispuesto a enfrentar la deuda y las prestaciones, algo que nuestro actual presidente ignoró.

Desde el primer debate presidencial, Romney ha probado al pueblo estadounidense lo que muchos de nosotros supimos siempre: que llevaría a la Casa Blanca un liderazgo real y no la grandilocuencia política; responsabilidad y no pretextos; soluciones bipartidistas y no estancamiento divisivo. Romney ha probado ser el hombre que traerá de vuelta a Estados Unidos.

En este comentario se expresan únicamente las opiniones de William Bennett.

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