¿Qué podrían aprender los republicanos sobre la victoria de Obama?

Tras la derrota de Mitt Romney en la contienda electoral, los miembros del Partido Republicano buscaron una explicación a lo ocurrido
Romney derrota  (Foto: EFE, )
Autor: Peter Hamby
(Reuters) -

Antes de que los republicanos buscaran respuestas este martes por la noche, algunos buscaron el control remoto.

Cuando la reelección del presidente Barack Obama estaba clara, donantes republicanos malhumorados y embriagados deambulaban por la sede de campaña de Mitt Romney.

Enojados, pedían que las pantallas de televisión gigantes dentro del salón de baile cambiaran de CNN a Fox News, donde el estratega republicano Karl Rove declaraba de manera frenética y con dignidad que Ohio aún no estaba perdido. 

Rove estaba en el error, por supuesto.

Pero las señales de desesperación dentro del Centro de Convenciones y Exhibición de Boston eran síntomas de un Partido Republicano que ahora se encuentra en una encrucijada.

"Así de cerca"

¿Cómo perdió Romney una carrera que parecía tan al alcance apenas hace una semana?

“Estuvimos así de cerca”, dijo uno de los consejeros senior de Romney después de ver cómo el candidato republicano se rendía. “Así de cerca”.

Algunas respuestas eran sencillas.

Romney perdió de manera vergonzosa entre los jóvenes, los negros y los latinos, un brutal recordatorio para el partido republicano de que su ideología está desfasada respecto al crecimiento de algunos segmentos de la población.

Obama aplastó a Romney entre los votantes hispanos por 44 puntos, un margen de victoria que seguramente dio el triunfo al presidente en Nevada, Colorado y posiblemente Florida.

Esa derrota contundente alarmó a los republicanos que tienen miedo de la extinción, a menos que el partido equilibre esa retórica estricta de inmigración que Romney ofreció durante su campaña para las primarias.

"Los latinos estaban desilusionados de Barack Obama, pero están absolutamente asustados con la idea de Mitt Romney”, dijo la recaudadora de fondos del Partido Republicano Ana Navarro, confidente del exgobernador de Florida, Jeb Bush, y del senador Marco Rubio.

Una derrota con muchas explicaciones

Más allá de las feas matemáticas que enfrentan, los principales colaboradores de Romney y los ‘pesos pesados’ republicanos que llenaron el sombrío salón de baile el martes, ofrecieron una explicación variada de la derrota.

Algunos con tarros de cerveza y otros con whisky en la mano, los miembros del equipo de Romney señalaron varios factores que, de alguna forma, estuvieron fuera de su control.

Muchos colaboradores de la campaña apuntaron a la supertormenta Sandy, que consumió la cobertura noticiosa en la última semana de campaña.

Interrumpió la dinámica de una competencia que se reavivó durante el primer debate, en Denver, cuando Obama ofreció una actuación apagada frente al electorado estadounidense, lo que permitió a Romney tomar el liderato de la carrera y dictar sus términos para el encuentro final.

La tormenta “rompió el momentum de Romney”, dijo este domingo a CNN el exgobernador de Mississippi, Haley Barbour.

Después de las críticas en los medios por enfocarse en “pequeñas cosas” como Big Bird y Romnesia, Sandy ofreció a Obama una nueva oportunidad para verse presidencial.

También existe un resentimiento dentro de la campaña de Romney por la forma en que el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie (republicano), permitió a Obama exhibirse como un bipartidista en un momento en que Romney lo atacaba por dividir.

“No le dio un abrazo de oso al hombre”, se quejó una persona del equipo del candidato. “No se olvidará fácilmente”, dijo otro sobre Christie.

Heridas republicanas

A medida que los colaboradores de Romney empezaron con la reflexión que sigue a la derrota, los republicanos fuera de la campaña comenzaron a acusarlos.

Algunos conservadores abrieron heridas rápidamente, al decir que las posturas blandas de Romney en cuanto al aborto y el matrimonio de personas del mismo sexo —bajo escrutinio desde las primarias— quitaron inspiración a los republicanos.

Otros cuestionaron la selección del representante de Wisconsin, Paul Ryan, como el compañero de fórmula de Romney, pues consideraban que un nominado proveniente de un estado clave hubiera hecho la diferencia.

"Rob Portman habría valido el 1% en Ohio”, dijo el expresidente del Partido Republicano en ese estado, Kevin Dewine. “Marco Rubio habría valido un punto en Florida. Bob McDonell habría representado un punto en Virginia”. 

Anuncios en contra

Algunos republicanos dicen que el equipo de Romney y sus aliados del Supercomité de Acción Política presentaron anuncios de televisión superficiales y permitieron que su candidato fuera definido como un plutócrata a favor del oustourcing que dejaría a Detroit caer en bancarrota.

La decisión de la campaña de difundir un anuncio en Toledo sobre la posibilidad de que Chrysler moviera la producción del Jeep a China, en los días de cierre de la carrera, también emerge como una de las razones principales por las cuales Romney perdió en el estado donde más necesitaba ganar.

Un republicano senior en Ohio calificó ese comercial como una medida “desesperada”.

Nick Everhart, productor de comerciales en Columbus, culpó a Ohio por la derrota, en parte, por la campaña de Romney en medios.

Pero el consejero de un prominente gobernador republicano que hizo campaña por él dijo que el problema fue algo más fundamental.

"Obama llevó una campaña pequeña, pero muy inteligente, algo que podía hacer porque competía contra un oponente pequeño”, dijo ese republicano. “Cuando hay un aspirante por el cual nadie quiere votar, y un retador por el cual nadie quiere votar, la gente votará por el candidato en el cargo. Romney en ningún momento le dio a la gente una razón para votar por él, así que no lo hicieron”.

Romney quizá nunca fue el candidato que los republicanos soñaban, pero incluso si lo hubiera sido, sus correligionarios lo habrían forzado a confrontar otro problema estructural el día de la elección.

Los demócratas demostraron que su juego —el esfuerzo combinado para encontrar, persuadir y convencer a los votantes— fue muchísimo mejor que cualquier cosa que sus rivales ofrecieron.

Demócratas persuasivos

En 2004, los republicanos aprovecharon la ciencia de los microobjetivos y redefinieron sus campañas. Pero eso es historia.

“Cuando se trata de utilizar la estadística y el análisis de los datos de los votantes, ambos lados parecen tan desfasados como nunca en una táctica de ingeniería electoral en la era de campañas moderna”, escribió Sasha Issenberg, un periodista experto en campañas, días antes de la elección.

“Nunca un partido ha tenido una ventaja estructural duradera sobre otro en el tema de encuestas, hacer propaganda para la televisión o recaudación de fondos, por ejemplo”.

La campaña de Romney y el Comité Nacional Republicano iniciaron el día de la elección jactándose de los millones de contactos de votantes que  —tocando puertas y con llamadas— recopilaron en los estados clave.

Aunque millones de votantes sí fueron contactados e identificados, los republicanos no mencionaron que las llamadas se enfocaron en teléfonos fijos y que ignoraron a los millones de usuarios de celular.

El esfuerzo de pedir votos puerta por puerta dependió en gran medida de voluntarios animados, pero sin entrenamiento.

Los organizadores de Obama, en tanto, se concentraron en pequeños pueblos y ciudades grandes durante años. Dirigieron sus esfuerzos de persuasión al contacto persona a persona.

A medida que reunían información, escrita a mano y con notas al pie, la sincronizaban con su costosa base de datos en Chicago.

"Su asunto era mucho más real que lo que esperaba”, dijo un republicano de alto perfil cercano a la campaña de Romney sobre el trabajo de campo del equipo de Obama.

Fuentes involucradas con los esfuerzos para atraer votos del Partido Republicano admitieron que fueron superadas por la operación de “sacar el voto”, excepto, quizá, en Carolina del Norte. Ahí, Romney pudo ganar.

Pero los soldados de Obama no solo se dirigieron a sus simpatizantes, encontraron nuevos votantes e incluso mejoraron sus registros de 2008 en algunos condados decisivos, una proeza notable en una carrera que supuestamente vería un descenso en el apoyo demócrata.

En el condado de Hillsborough, que alberga Tampa, Florida, la campaña de Obama dejó atrás su total de 2008 por casi 6,000 votos. En Clark County, Nevada, las fuerzas del presidente obtuvieron casi 9,000 votos más que hace cuatro años.

Dos partidos, dos electorados

Los resultados del martes revelaron que las dos campañas realizaron dos apuestas distintas al electorado de 2012, y la de Obama ganó por mucho.

Los colaboradores de Romney proyectaron un grupo de votantes que mezclaba electores de 2004 y 2008, solo que esta vez el público demócrata estaría deprimido y los votantes más motivados serían blancos, republicanos e independientes.

De camino al día de la elección, las últimas encuestas internas de la campaña de Romney mostraron que su candidato llevaba una delantera de seis puntos en New Hampshire; tres puntos en Colorado; dos en Iowa; tres en Florida y empates en Virginia y Pensilvania.

Ohio era su mayor problema. Según la encuesta de la campaña obtenida por CNN, Romney iba detrás por cinco puntos el domingo antes de la elección, el último día de seguimiento.

La última oportunidad

Funcionarios en Boston despacharon al candidato republicano por un par de visitas de última hora en Cleveland y Pittsburgh, en una muestra de vitalidad y confianza durante el día de la elección. En realidad, era un intento para mover las aguas justo horas antes de que cerraran las casillas.

La campaña de Obama tenía una mentalidad distinta.

A finales del mes pasado, pocos días antes de Halloween, cuatro miembros del equipo de campaña del demócrata —la administradora adjunta Stephani Cutter; el encuestador, Joel Benenson; el director de estados clave, Mitch Stewart, y el secretario de prensa, Ben La Bolt— volaron de Chicago a Washington para informar a reporteros sobre el estado de la carrera.

Con la campaña del presidente en la cuerda floja, luego de su desempeño en el debate de Denver, el cuarteto tuvo un buen impulso.

La proporción del electorado blanco bajaría como cada elección desde 1992. Habría un repunte moderado en el registro de votantes latinos y negros, cambios que beneficiarían al presidente.

Y la operación de “sacar el voto” de Obama fue mucho más sofisticada que la de Romney.

Bagels para desayunar, pizza para cenar

Este lunes, la noche previa a la elección, había optimismo en el equipo de Obama. Un grupo de unos 60 empleados de la campaña, incluido el administrador Jim Messina, acudió a Houlihan’s, cerca de su sede en Chicago, en la avenida Michigan, para tomar y recibir el último discurso de Obama en Des Moines, en C-SPAN.

A la mañana siguiente, llegaron los bagels para el desayuno. En el menú de la cena había pizza. Algunos veían un maratón de America’s Next Top Model. Fue “un escape absurdo”, dijo un colaborador.

Cuando los resultados empezaron a llegar, cada capítulo parecía planeado.

En la oficina aumentaron los ánimos cuando Pensilvania y Wisconsin se tornaron “azules” durante la tarde; dos piezas grandes del creciente bloque de Romney.

Y cuando Ohio fue tomado por el presidente, el año de chats, correos electrónicos y mensajes de texto entre reporteros y fuentes de la campaña del presidente se interrumpieron, a medida que el mundo Obama cerró filas para celebrar su victoria, ganada a pulso y meticulosamente planeada.

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