¿Es el sistema migratorio chino un 'apartheid'?

Los migrantes chinos que llegan del campo a las ciudades enfrentan un estatus oficial que los relega a 'ciudadanos sin derechos'
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Autor: Madison Park y CY Xu
(CNN) -

Las desportilladas paredes de la diminuta casa de Guo Jigang están pegadas con cinta adhesiva transparente.

Guo, junto con su esposa e hijo, vive en una estrecha habitación de aproximadamente 16 metros cuadrados amueblada con una cama, una silla descolorida y una mesa. Comparten un baño con entre 20 y 30 vecinos en su edificio, en los suburbios de Beijing —una pequeña muestra de los hogares del ejército de trabajadores migrantes de China—.

A pesar de sus modestas condiciones de vida, Guo insiste en que los estándares de vida de su familia están mejorando. “Siento que cada vez estamos mejor y mejor”, dijo.

Al igual que 200 millones de migrantes chinos, Guo, de 30 años, y su esposa, Ge Yaru, de 26 años, son parte de los nongmingong —que significa clase campesina, término empleado para describir a aquellos que han dejado el campo—. También son conocidos como liudong renkou, que significa población flotante.

En las últimas décadas, mientras oleadas de trabajadores migrantes han encontrado trabajo en las ciudades, cientos de millones de personas en China han salido de la pobreza, según estimaciones oficiales.

Pero más allá de la fachada de éxito de China, los trabajadores migrantes enfrentan dificultades para acceder a los servicios públicos debido a un sistema de registro de residencia denominado hukou, el cual divide a la población en habitantes rurales y urbanos.

Cuando un trabajador migrante como Guo deja su pueblo, también deja atrás sus beneficios sociales. Si no se cuenta con un permiso hukou urbano, al migrante a menudo se le niega el acceso al régimen subsidiado de salud, vivienda y educación que los habitantes de la ciudad disfrutan. Los trabajadores encuentran pequeños trabajos irregulares y temporales en fábricas, lugares de construcción, proyectos de infraestructura pública, restaurantes y hogares, pero no pueden gozar de los mismos privilegios que los habitantes urbanos.

“Su situación ha sido descrita como si ellos fueran inmigrantes ilegales en su propio país”, según el Global Times, un periódico controlado por el Estado chino.

Algunos eruditos han comparado el sistema hukou de China con el ya extinto 'apartheid' de Sudáfrica, un sistema de segregación que limitaba severamente los derechos de la población negra del país, mientras los blancos disfrutaban de un trato preferencial. Esta forma de discriminación legalizada relegó a los trabajadores negros del país a mano de obra migrante con pocos derechos.

Los trabajadores migrantes de China nunca se integran en la ciudad para disfrutar de los mismos derechos y oportunidades que los habitantes urbanos, dijo David Bandurski, autor de un libro por salir sobre los trabajadores migrantes.

“La discriminación es muy real en China”, agregó.

Bajo el sistema hukou, los trabajadores migrantes pueden obtener certificados de residencia temporal, pero conseguirlos es un proceso largo. En algunos casos, los empleadores están obligados a pagar cuotas exorbitantes al gobierno de la ciudad para dichos certificados.

Guo, quien tiene una cara bronceada y curtida por el sol, pasa 10 horas al día pintando en exteriores, colgado en edificios altos donde está expuesto al sol, calor y viento.

Cuando se les preguntó acerca de sus sueños para el futuro de su familia, dijeron que algún día quieren abrir una tienda y poder enviar a su hijo, que actualmente tiene dos años, a la escuela secundaria. “Todavía seré un trabajador migrante”, dijo.

"Durante nuestra vida, supongo que no tendremos grandes expectativas”, dijo Guo. “Realmente las expectativas son para los niños”.

Su hijo se esconde tímidamente detrás de sus padres. Retorciéndose en una cama que comparte con sus padres, el niño se asoma sobre los hombros de su madre.

La esposa de Guo, Ge, está embarazada de su segundo hijo. Tienen previsto pagar una multa —unos 1,500 dólares— por violar la Política de Hijo Único del país. Ge tiene previsto dar a luz en su pueblo, en la provincia de Hefei.

Su razonamiento para tener un segundo hijo se debe a su condición de trabajadores migrantes.

“Si algo sale mal, y pierdes a tu único hijo, entonces vas a envejecer solo”, dijo Guo. “Por lo menos quieres dos, ¿no? Uno no es suficiente. Sobre todo para nosotros, los pueblerinos.

“Cuando las personas envejecen en la ciudad solo se les puede enviar al asilo, mientras que si nosotros envejecemos, podemos contar con nuestros hijos”, agregó su esposa. "No tenemos pensión. No tenemos esperanza alguna, ni nada. Todo eso lo depositamos en nuestros hijos. Así que si no hay suficientes niños, y algo sale mal, estamos fritos”.

Reconocen que criar a un segundo niño agrega presiones económicas, pero en cierto modo, un segundo niño proporciona una red de seguridad en una sociedad en la que los trabajadores migrantes no cuentan con una.

Mientras que las personas de las ciudades tienen pensiones, Ge dijo que su pueblo no tiene nada.

Los medios de comunicación chinos, incluyendo las agencias de noticias estatales, han informado sobre las dificultades que enfrentan los trabajadores migrantes.

Por ejemplo, los hijos de los trabajadores migrantes no pueden ir a la misma escuela que los niños de la ciudad. Se les ha denominado liu dong er tong, que significa niños flotantes, debido a la cuestión de los lugares a los que pueden ir a la escuela y cómo podrán solventarla.

Los niños migrantes tienen que pagar por educación privada, dijo el autor Bandurski, que dio clases en una escuela para niños migrantes. En China, llamarla “escuela privada” también es engañoso, dijo.

“Ellos no reciben la misma calidad de educación. No están ni siquiera cerca de sus contrapartes, los ‘niños de la ciudad’, a pesar de que ellos son niños de la ciudad”, dijo.

Sin educación y oportunidades, muchos hijos de migrantes terminan haciendo el mismo trabajo que sus padres. Este ciclo contínuo se ha extendido durante casi cuatro generaciones, dijo Bandurski.

“Creo que en los últimos 15 a 20 años, esta no ha sido una sociedad socialmente móvil”, dijo.

Y hay señales de descontento. Este año miles de trabajadores se amotinaron en la provincia de Guangdong después de reportes de que agentes de la policía habían golpeado a un adolescente migrante en junio, según reportes tanto de medios chinos como occidentales. Las tensiones también derivaron en violencia en la ciudad de Xintang, el año pasado, cuando trabajadores migrantes se enfrentaron con la gente de la localidad tras reportes de que autoridades habían golpeado a una trabajadora migrante embarazada y su esposo.

Algunas familias depositan sus esperanzas de romper el ciclo en sus hijos, a través de conseguir la admisión a alguna universidad.

Las posibilidades de eso, dijo Bandurski, son “muy, muy reducidas”.

Guo insiste en que quiere que su hijo vaya a la escuela.

“Nosotros los pueblerinos no tenemos muchas expectativas ambiciosas sobre nuestros hijos, siempre y cuando vayan a la escuela y estudien duro. Aparte de eso, no tenemos ningún plan para nuestros hijos... Solo espero que no hagan lo que hacemos”.

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