La relación entre EU y Venezuela seguirá tensa tras la muerte de Chávez

Washington espera que el nuevo gobierno venezolano aproveche la oportunidad para un acercamiento; funcionarios y analistas desconfían
La relación de Hugo Chávez con EU
Elise Labott
Autor: Elise Labott
WASHINGTON (Reuters) -

Desde que dijo que el expresidente de Estados Unidos, George W. Bush, era “el diablo” durante un discurso en Naciones Unidas, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha sido el demonio del sur para Estados Unidos. ¿Traerá su muerte la promesa de un acercamiento diplomático entre Estados Unidos y Venezuela? Probablemente no.

Al anunciar la muerte de Chávez, el presidente encargado, Nicolás Maduro, acusó a Estados Unidos de conspirar para matar a Chávez y expulsó a dos miembros de las fuerzas armadas estadounidenses que trabajaban en la embajada estadounidense en Caracas.

Después de negar categóricamente las acusaciones, la Casa Blanca emitió una lacónica declaración acerca de la muerte de Chávez sin ofrecer sus condolencias por la muerte del líder al que muchos venezolanos veneraban, pero con quien Washington sostenía gélidas relaciones.

Mientras que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ofreció su apoyo al pueblo venezolano e hizo un llamado a entablar “una relación constructiva” con el gobierno, en la declaración dijo que Estados Unidos “sigue comprometido con las políticas que promuevan los principios democráticos, el gobierno de la ley y el respeto a los derechos humanos”.

Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado de Estados Unidos y principal funcionaria de la dependencia para la región, ofreció más tarde sus condolencias y dijo que Estados Unidos “está listo para apoyar a Venezuela” durante este difícil momento en su historia.

Los legisladores republicanos fueron mucho más agresivos. El asambleísta Mike Rogers, presidente del Comité de Inteligencia de la Asamblea de Representantes de Estados Unidos, dijo que esperaba que la muerte de Chávez “traiga consigo la oportunidad de abrir un capítulo nuevo en la relación entre Venezuela y Estados Unidos”, mientras que Ed Royce, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Asamblea, dijo que Chávez “era un tirano que obligó al pueblo venezolano a vivir con temor”.

“Su muerte es un golpe a la alianza de líderes izquierdistas antiestadounidenses en Sudamérica”, dijo Royce a través de un comunicado. “Qué bueno que nos deshicimos de este dictador”.

Estados Unidos consideraba la revolución izquierdista de Chávez como una fuerza desestabilizadora y un obstáculo para el progreso en la región; lo acusaron de erosionar la democracia en el país y denunciaron su alianza con algunos de los principales enemigos de Washington, entre ellos Cuba e Irán.

Chávez acusó a Washington de aplicar políticas imperialistas. Ambos países han trabajado sin embajadores en el otro país desde una disputa diplomática en 2010 y desde entonces han expulsado a los respectivos embajadores bajo acusaciones de espionaje.

Washington había planeado su reacción a la muerte de Chávez. A finales de noviembre, cuando ya se sabía que Chávez estaba gravemente enfermo, Jacobson llamó a Maduro; los funcionarios estadounidenses dicen que Washington propuso un plan para que ambos países pudieran mejorar sus relaciones.

Motivos para un acercamiento

Sobran los temas en los que Venezuela y Estados Unidos comparten intereses y en los que ambos países podrían cooperar. El gobierno de Obama quiere renovar la cooperación en el combate al narcotráfico y al terrorismo, esfuerzos ambos que fueron productivos, pero que ya no existen. Washington también quiere reiniciar la cooperación en asuntos económicos, particularmente en la energía, ya que Venezuela es uno de los principales países productores de petróleo y sigue siendo uno de los principales proveedores de Estados Unidos.

Sin embargo, en palabras de un funcionario estadounidense de alto rango, el acercamiento con Caracas ha sido un “camino tortuoso”. Las pláticas han sido superficiales y los funcionarios estadounidenses nunca sintieron que Venezuela estaba interesada en reparar las relaciones.

La primera conferencia de prensa de Maduro no fue muy alentadora, ya que en buena parte se dedicó a atacar a Estados Unidos. Mientras Maduro se prepara para sustituir a Chávez en las próximas elecciones, su retórica antiestadounidense se ignora en Estados Unidos por tratarse de un intento por reunir a su base política.

Este método probado y comprobado de usar a Estados Unidos como argumento le funcionó a Chávez, por lo que los funcionarios estadounidenses reconocen que la temporada de campañas no será el mejor momento para abrir camino o esperar avances tangibles. Los funcionarios dicen que seguirán promoviendo una relación productiva entre ambos países, pero el balón, dicen, está decididamente en la cancha de Venezuela.

“Estados Unidos todavía no tiene la oportunidad de involucrarse”, dice Carl Meacham, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Durante el próximo mes, más o menos, Maduro tiene que demostrar que es más chavista que Chávez. Eso significa que será más antiestadounidense, más anticapitalista, más antisistémico. En cuanto al acercamiento, no creo que suceda pronto”.

La gran prueba para Venezuela será dirigir esas elecciones. Durante años, Washington acusó a Chávez y a sus simpatizantes de abusar del sistema electoral al intimidar a la oposición y controlar a los medios durante los 14 años de su gobierno. Ahora, Estados Unidos dejó claro que espera que haya elecciones libres y justas de acuerdo con la Constitución y los estatutos de Venezuela.

Mientras que la relación entre Estados Unidos y Venezuela giraba en torno a Chávez, no es probable que su muerte afecte drásticamente las relaciones en el corto plazo. Si Maduro gana la presidencia como se espera, el nuevo jefe probablemente será igual al anterior.

Los simpatizantes de Chávez y su movimiento ideológico chavista recibieron un duro golpe con la muerte de su carismático líder, pero sus ministros se han preparado para esta transición y el reto para todas las partes se medirá en semanas y meses, no en días”, dijo Dan Restrepo, quien fue asesor del Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Obama.

Meacham dice que como la delincuencia está en un máximo histórico, el narcotráfico persiste y el sector petrolero se está tambaleando, el nuevo gobierno venezolano estará viendo hacia el interior en el futuro cercano.

“Estados Unidos no quiere dar la impresión de que se está involucrando en los asuntos internos de Venezuela”, dice. “Si gana, Maduro tratará de mantener la atención en los temas nacionales y eso podría poner a prueba la decisión del chavismo. Eso podría significar que los días más difíciles en la relación entre Estados Unidos y Venezuela no han quedado atrás, sino que aún están por venir”.

Mientras que es posible que esté limitada la capacidad de Estados Unidos para dar forma a una Venezuela después de Chávez, los funcionarios estadounidenses esperan que la muerte de Chávez dé espacio a la oposición política que hasta ahora no ha logrado unirse. El reto para Washington es tratar de aprovechar la apertura para entablar una relación con los líderes actuales de Venezuela mientras tratan de desarrollar a la oposición y de iniciar una nueva era en la política venezolana que no gire alrededor de un hombre.

Roger Noriega, ex secretario adjunto de asuntos del Hemisferio Occidental durante el gobierno de George W. Bush, dice que Estados Unidos no debería acercarse a Venezuela hasta que sus líderes demuestren que respetarán la Constitución e implementarán reformas democráticas.

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“Deberíamos defender el derecho que Venezuela tiene de recuperar democráticamente el control de su país y de su futuro”, escribió Noriega en un blog del Instituto Empresarial de Estados Unidos.

Un indicador clave del proceder de Estados Unidos será la persona que envíen a los funerales de Chávez, que seguramente estará lleno de líderes antiestadounidenses de izquierda. En ausencia de un embajador, el enviar a un funcionario diplomático de bajo nivel indicaría que Estados Unidos aún mira hacia el pasado, mientras que el enviar a una delegación de alto nivel desde Washington podría indicar una apertura que Venezuela podría aprovechar.

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