Los egipcios aguardan la mejora social y económica del país tras Morsi

Aunque aparentemente Egipto avanzó desde la expulsión del presidente, la confusión reina sobre la solución a problemas arraigados
Simpatizantes de Morsi convocan protestas en Egipto
Autor: Salma Abdelaziz
(Reuters) -

“Este último año, bajo el régimen de Morsi, nadie sonreía”, dijo un vendedor de frutas con una sonrisa. “Ahora la gente ha empezado a sonreír otra vez”, agregó.

Solo hace dos semanas, las fuerzas armadas del país obligaron al primer presidente electo democráticamente de Egipto, Mohammed Morsi, a dejar el poder después de que millones de personas salieron a las calles en una revuelta nacional el 30 de junio.

Los políticos opositores a la Hermandad Musulmana dicen que la vida en Egipto ha mejorado súbitamente, con lo que parece ser el milagroso fin de las filas en las gasolineras, de los cortes de electricidad y el regreso de la policía a las calles.

Fahmy, un carnicero de El Cairo dice que los cortes eléctricos que se daban al menos tres veces al día lo obligaban a guardar sus carnes en el congelador y a dejar de vender a sus clientes.

“Desde el día en que Morsi se retiró, la situación es mucho mejor”, dice Fahmy mientras prepara las órdenes para sus clientes. “Hay electricidad y gas, y todo está disponible". Los cortes de electricidad durante los últimos meses forzaron a millones de egipcios a pasar horas en la obscuridad y la falta de gas obligaba a muchos a hacer largas filas para comprar unos cuantos litros de combustible.

“La Hermandad Musulmana provocó esta crisis para que las personas estuvieran cansadas y dijeran que no había solución sin Morsi y que era el único que podía arreglar al país, pero no hemos visto ningún beneficio de él", dice Mohammed, chofer de taxi de veintitantos años, mientras llena el tanque de su taxi.

La versión del golpe de Estado

Pero donde unos ven razón para celebrar, los simpatizantes del expresidente ven un plan para dar un golpe de Estado y una conspiración para debilitar el breve período presidencial del depuesto jefe de Estado.

“Muchas de las entidades y oficinas del gobierno no estaban ayudando al presidente”, dice el ex ministro de Inversión de Morsi, Yehya Hamed. “Lo estaban castigando porque provenía de un partido religioso". 

Tal vez lo más alarmante es que la Seguridad Social se había deteriorado de manera exponencial durante el último año, con el crimen al alza y con una policía notablemente ausente, amenazando a los negocios y frenando el desarrollo de la cultura egipcia debido a la imposibilidad de realizar eventos sociales por la noche.

Hamed acusa al Ministerio del Interior, el cuerpo encargado de la fuerza policial del país, de no apoyar al gobierno encabezado por la Hermandad Musulmana y permanecer leal a la “felul”, fuerzas remanentes del presidente expulsado Hosni Mubarak. “La Hermandad siente constantemente que hay una conspiración contra ellos porque operaron en la oscuridad durante mucho tiempo y fueron encarcelados y perseguidos”, dice Laime Kamel, vocera de las facciones políticas que apoyan al nuevo gobierno interino, en respuesta a las acusaciones. “Siempre sienten que las personas están en contra de ellos, pero la verdad es que la oposición ha tratado de negociar con ellos". 

Con un cuarto de la población viviendo con menos de dos dólares al día, las teorías de conspiración y las acusaciones de tramar en contra de la gente o del gobierno son simplemente irrelevantes para la lucha diaria de muchos para conseguir “pan, libertad y justicia social". 

La seguridad sigue siendo uno de los grandes problemas de Egipto: hay revueltas constantes, convocatorias infinitas para realizar manifestaciones y más recientemente, violencia masiva. “Casi lo logramos, sólo necesitamos un empujón final y las cosas mejorarán”, dice un policía mientras dirige el tránsito en una plaza central de El Cairo.

Cada noche desde la expulsión del presidente Morsi, fuegos artificiales iluminan el cielo de El Cairo con explosiones de colores, pero la euforia puede deberse más a una algarabía emocional que a un optimismo real.

“Ahora Morsi se ha ido y empezamos una nueva era, lo que no significa que los problemas hayan desaparecido”, dijo Ahmed Ghoneim, profesor de Economía en la Universidad de El Cairo. Los problemas estructurales como un sistema de subsidios fallido (el año pasado el desempleo entre los jóvenes fue del 25%, de acuerdo con el FMI) y una red de seguridad social ineficiente sigue sin solución y continúan frenando a este país de casi 82 millones de habitantes.

El reciente impulso económico “es como una aspirina y hemos estado tomando aspirina, pero esto no resuelve la esencia de la enfermedad”, dice Ghoneim.

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El sombrío panorama puede hacer que los economistas más pesimistas no quieran celebrar, pero para el pueblo egipcio, conocido en la región por su gusto por el humor y las comedias agudas, el optimismo es un estado mental.

“Dios mediante, las cosas mejorarán, dice el taxista Mohammed. “Solo tenemos que ser pacientes". 

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