Ellas huyeron de la guerra para encontrar una nueva vida en EU

'GirlForward' es una organización que ayuda a las adolescentes que han perdido a su familia en diferentes conflictos civiles
Más de 1 millón de niños han huido de Siria
Autor: Allie Torgan
(Reuters) -

Blair Brettschneider no vivió la guerra o el genocidio cuando niña en los suburbios de Michigan. Nunca ha recibido una amenaza de muerte y nunca ha visto que asesinen a un miembro de su familia.

Pero las 49 adolescentes a las que ayuda cada semana sí lo han padecido.

Brettschneider, de 24 años, opera GirlForward, una organización sin fines de lucro que ofrece apoyo a mujeres jóvenes refugiadas que han sido reubicadas al área de Chicago.

"En general, son solo chicas adolescentes normales. Hablamos de celebridades, películas y libros", dijo Brettschneider. "Pero al mismo tiempo, muchas perdieron a sus padres porque fueron asesinados. Han visto bombas en sus ciudades. Sus familiares han muerto por enfermedades y por vivir en condiciones verdaderamente terribles".

Cuando llegan a Estados Unidos, muchas veces de lugares devastados por la guerra como Iraq, Costa de Marfil y Myanmar, enfrentan retos mayores para construir sus nuevas vidas.

"Es suficientemente difícil ser una niña adolescente en Estados Unidos, pero aún más complejo es ser una niña adolescente refugiada", dijo Brettschneider.

"Junto con el resto de su familia, las chicas aprenden el idioma, se adaptan a una nueva cultura y tratan de acostumbrarse a la escuela. Al mismo tiempo, normalmente están a cargo del cuidado de sus hermanos o de sus abuelos. Tienen que traducir todo el correo que llega, así como cualquier factura y tienen que prestar ayuda para acudir a las citas con el doctor".

GirlForward brinda consejos a estas jóvenes refugiadas para ayudarlas a adaptarse a su nuevo contexto y les enseña las habilidades que necesitan para convertirse en mujeres independientes y exitosas, que representan miembros productivos de la sociedad.

Todas las niñas del programa están en el país de manera legal, dijo Brettschneider. La mayoría de ellas llegaron con sus familias a través de la Oficina de Reubicación de Refugiados, una agencia gubernamental que ofrece ayuda a los refugiados con necesidades humanitarias especiales. Muchas de las familias han huído de la persecución religiosa o étnica, incluso de la tortura.

Brettschneider vio por primera vez qué tan difícil es la situación para las refugiadas adolescentes al trabajar con Domi, una chica que llegó a Estados Unidos a los 16 años.

Debido a la guerra, Domi y su familia huyeron de la República Democrática del Congo cuando tenía tres años. Vivió en un campo para refugiados en Tanzania junto con su madre y seis hermanos hasta que se mudaron a EU.

Pero cuando Domi llegó, no sabía hablar inglés y le fue difícil ajustarse a su nuevo ambiente.

"Hacía mucho frío. Yo no tenía una chamarra", dijo Domi, que ahora tiene 20 años y acude a la universidad. "No hablaba inglés. No podía hablar con otras personas, estaba triste, enojada y asustada".

Domi necesitaba ayuda para la escuela de manera urgente y fue entonces cuando conoció a Brettschneider, quien trabajaba como tutora voluntaria en una organización llamada RefugeeOne.

Brettschneider estaba interesada en ayudar a los refugiados desde que se había involucrado en el movimiento Save Darfur durante la preparatoria, por lo que comenzó a trabajar con el grupo después de clases.

Sin embargo, debido a las responsabilidades domésticas de Domi, era difícil reunirse con ella regularmente.

"Siempre llegaba muy tarde y tenía que irse temprano a casa para cocinar y cuidar de sus hermanos menores", dijo Brettschneider. "Así que le pregunté si podía darle clases en su casa".

Brettschneider comenzó a visitar la casa de Domi e incluso utilizaba su propio dinero para llevarla a pasear.

"Fuimos al Museo de Ciencias e Industria, al Acuario Shedd; me preguntó si la gente come pescado, lo que siempre recordaré", dijo Brettschneider. "Casi nunca había ido a un restaurante y estaba muy nerviosa por ello. También fuimos al cine y fuimos a ver 'Hairspray' (el musical) cuando estuvo en Chicago".

A medida que pasaban más tiempo juntas, Brettschneider pudo notar que Domi tenía sueños y pasiones, pero no sabía cómo hacerlos realidad.

"Domi quería ser en enfermera, pero (ella) no sabía lo que eso significaba o cómo lograrlo", dijo Brettschneider.

"Hay tantas cosas con las que creces en Estados Unidos que ni siquiera piensas en lo que tienes que aprender, por ejemplo, qué es la universidad, qué es un colegio comunitario y qué es ayuda financiera".

Brettschneider se percató de que había muchas otras niñas como Domi. Así que en 2011, usó 2,000 dólares (unos 25,968 pesos) que le habían regalado sus abuelos y puso en marcha un grupo de apoyo para adolescentes refugiadas. Comenzó con 10 personas y creció rápidamente hasta convertirse en lo que hoy conocemos como GirlForward.

Esta organización sin fines de lucro ofrece programas educativos y de capacitación para el trabajo a las chicas, así como un campamento de verano con paseos y actividades divertidas. En ocasiones, Brettschneider invita a expositores como enfermeras y asesores financieros que les brindan consejos prácticos para su vida.

"Tuvimos a representantes de un banco que vinieron a hablarles a las chicas sobre las competencias financieras", dijo Brettschneider. "Fue muy informal, nos hablaron de lo que es el ahorro y por qué es importante".

Son programas como este, así como el toque práctico de Brettschneider, lo que hace que su grupo sea atractivo para las familias, muchas de las cuales no están acostumbradas a promover la educación y la independencia de las jóvenes.

También visita a las familias en su hogar para platicar sobre los detalles del grupo en persona.

"Al principio, algunas familias son escépticas sobre lo que hacemos", dijo Brettschneider. "Pero hemos visto cómo los padres se suman al esfuerzo y les gusta que las chicas vengan, porque aprenden cosas importantes sobre seguridad y hacen amigos".

Una de las primeras iniciativas de Brettschneider es asignar a cada chica su propio mentor para trabajar en sus necesidades individuales. Hacia octubre de este año tendrá 20 parejas.

Estas relaciones uno a uno pueden ser una valiosa fuente de información y de apoyo emocional.

"Mi mentor y yo vamos a lugares nuevos a aprender sobre culturas nuevas", dijo Sara, de 15 años, cuya familia huyó de Iraq. "Ella también me ayuda a aprender acerca del transporte. Hacemos actividades divertidas, pero también me ayuda cuando tengo proyectos escolares".

Sara dijo que conocer a otras chicas les ha sido increíblemente útil, ya que tienen lazos en común.

"Hablamos sobre películas nuevas, las compras y cosas así", dijo. "Pero también hablamos de algunas de las cosas que vivimos aquí todos los días, de cómo extrañamos nuestro hogar y de cómo nos gustaría ser en el futuro".

Las instalaciones del grupo, un espacio de oficina colorido y acogedor, se han convertido en un lugar que las chicas pueden llamar hogar.

"Es común que compartan la recámara con sus abuelos y hermanos menores", dijo Brettschneider. "Y este es un lugar al que puedes venir y relajarte, leer un libro o utilizar la computadora y convivir con chicas de tu misma edad".

Brettschneider señala que observar cómo aprenden y crecen es inspirador. En última instancia, quiere ayudarlas a que disfruten su nueva vida y cumplan todos sus deseos.

"Es muy importante que las chicas puedan ir a la universidad, pero no es la única meta", dijo. También se trata de hacer amigos y de aprender a vivir en una nueva ciudad al igual que hacer muchas otras cosas.

"Lo que yo veo es lo que todas las chicas pueden lograr y todo lo que pueden hacer y esa es la razón por la que todo esto existe".

¿Quieres involucrarte? Visita el sitio de Internet de GirlForward.

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