Los sobrevivientes recuerdan el horror del golpe de Pinochet tras 40 años

Víctimas y activistas de la dictadura chilena exigen justicia y señalan su trascendencia internacional por la violación de derechos humanos
El aniversario de la dictadura en Chile
Ben Kirby
Autor: Ben Kirby
LONDRES (Reuters) -

El 11 de septiembre ha estado un tanto eclipsado durante una década por un aniversario más notorio, pero sigue siendo una fecha grabada en la mente de los chilenos. El año 1973 fue la fecha en la que el general Augusto Pinochet arrebató el poder al gobierno socialista democráticamente electo de Salvador Allende. Cuarenta años después de ese súbito golpe y 23 años después del regreso de la democracia, Chile aún se recupera de los efectos del brutal gobierno de Pinochet.

Su relevancia actual tal vez no sea evidente. La atención del mundo está concentrada firmemente en Medio Oriente, particularmente en la brutal guerra civil en Siria. Mientras la comunidad internacional discute cuáles podrían ser sus responsabilidades, la gente muere. La sombra de Iraq se cierne sobre todo y oscurece las posibles consecuencias de la intervención humanitaria.

Sin embargo, entre todo esto se puede sentir la influencia de Chile. Javier Zúñiga, de 70 años, es un activista mexicano por los derechos humanos y asesor especial de Amnistía Internacional; él afirma que "lo que pasó en Chile trasciende sus fronteras porque obligó a la comunidad internacional a que entendiera que las violaciones a los derechos humanos eran asunto de todos, dentro y fuera de Chile". Zúñiga visitó el país varias veces durante el gobierno de Pinochet, documentó los abusos y las desapariciones y desde entonces ha hecho campaña incansablemente a favor de los familiares de los desaparecidos.

Carlos Reyes Manzo es uno de los muchos miles de personas que fueron detenidas y torturadas bajo el régimen de Pinochet. Ahora tiene 68 años y vive en Londres, pero antes del golpe trabajaba para el gobierno de Allende, específicamente para Chile Films, y también trabajaba para el Partido Socialista. Recuerda que cuando depusieron al gobierno, todo ocurrió súbitamente: "De cierta forma, estábamos esperando que algo ocurriera. [Pero] nunca esperamos que ocurriera tan rápido, de esa forma". Por pura suerte, Reyes Manzo estaba reunido cuando la milicia cateó su departamento e inicialmente evadió la captura. Al ver lo que ocurría, decidió dirigirse a las oficinas centrales del Partido Socialista en el centro de Santiago.

"Estaba muy cerca del palacio presidencial, por el camino vi cuerpos en la calle. Las fuerzas armadas de inmediato abrieron fuego y mataron a la gente… Muy pronto incendiaron las oficinas centrales del Partido Comunista". Carlos hace una pausa. "Ese fue el día, había disparos por todas partes y asesinatos por todas partes".

Para cuando terminó ese sangriento día, el presidente Allende estaba muerto: se había suicidado cuando las tropas irrumpían en el palacio presidencial.

En 24 horas, se había depuesto al gobierno socialista y lo había reemplazado una junta militar. Algunos personajes estaban complacidos, especialmente Estados Unidos: el golpe gozaba del apoyo disimulado del gobierno de Nixon. Las nacionalizaciones generalizadas que Allende implementó y las reformas tan radicales no habían sido del agrado de muchos chilenos y observadores internacionales, en particular de las corporaciones transnacionales. Después del golpe, se implementaron vigorosas políticas económicas de libre mercado inspiradas en las teorías del economista ganador del premio Nobel, Milton Friedman, y otros.

En cuanto a los miembros del Partido Socialista, Reyes Manzo recuerda lo que ocurrió después: "Los líderes del partido fueron detenidos, mataron a algunos y algunos entraron en la clandestinidad. Yo mismo entré en la clandestinidad. Así que pasé seis meses en la clandestinidad, trabajando allí, tratando simplemente de que todo regresara a su lugar… [Finalmente] alguien con quien trabajaba dio mi nombre y me detuvieron. Llegaron a mi casa y prácticamente saquearon todo… Estaba con mis dos hijitos y me llevaron".

"Preparados para torturar"

Reyes Manzo pasó varios meses detenido, lo trasladaban de un sitio a otro y lo torturaban regularmente. En una prisión, descubrió que conocía la voz de la persona que estaba a cargo: era la de un hombre llamado Romo, a quien conocía de antes del golpe… pero eso no cambiaba nada. "No tenían miramientos… cuando querían que supieras quiénes eran".

Zúñiga dice que "los torturadores estaban preparados mentalmente para torturar porque sentían que estaban defendiendo al país". Actualmente, Reyes Manzo sigue desconcertado por esta idea.

"Era imposible que creyeran que lo que estaban haciendo era incorrecto. En esta clase de ideología has convencido a la gente de que es correcto torturar, que es correcto matar, que es correcto violar a las mujeres, que es correcto… que lo que hicieran era correcto". Reyes Manzo niega con la cabeza. "Eso era increíble".

Finalmente, Reyes Manzo logró llevar a cabo una huida extraordinaria. Primero se exilió en Panamá y luego la policía secreta de Chile lo secuestró de nuevo. Trataron de llevarlo de regreso a Santiago, pero antes el avión tuvo que hacer una escala en el aeropuerto Heathrow de Londres. Reyes Manzo recuerda: "Cuando llegué a Londres, me di cuenta de que era mi única oportunidad para escapar". Dice que, afortunadamente, sus guardias se habían emborrachado y se habían quedado dormidos. "Salí corriendo del avión y pedí asilo político".

Reyes Manzo prácticamente no hablaba inglés y casi lo deportan a Chile. En ese entonces, la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, tenía una relación notoriamente cercana con Pinochet. Sin embargo, Reyes Manzo se las arregló para contactar con Amnistía Internacional, que logró que Lord Avebury presentara su caso ante el Parlamento. Se le otorgó el asilo. "Eso salvó mi vida, por eso estoy aquí".

La responsabilidad internacional

Entonces, ¿cuáles son las lecciones que nos ofrecen los acontecimientos que ocurrieron en Chile hace 40 años? "Algunas lecciones son muy claras", dice Zúñiga. "Lo que ocurre dentro del país no solo concierne a las autoridades nacionales. Los derechos humanos son algo de lo que todos somos responsables. Cuando alguien desaparece en Chile, en Argentina o en otros países [como] Sri Lanka, las Filipinas, la humanidad está bajo agresión. Me agreden a mí. También soy víctima de esas violaciones aunque no sea mi país, porque soy un ser humano… La lección de Chile es que esos derechos humanos son responsabilidad de todos".

Claro que esas declaraciones morales no facilitan el manejo de los dilemas que se presentan en Egipto, Siria y otras partes… Zúñiga reconoce que los tratados internacionales y los acuerdos humanitarios no impiden por sí mismos las violaciones ni la violencia.

"También se necesita la voluntad política de los gobiernos internos y que quienes están en el exterior presionen para ayudar a las víctimas", dice Zúñiga. "Puedes ver que no es lo que está ocurriendo en Siria".

Sin embargo, Zúñiga dice que organizaciones como Amnistía están preparadas. "Aún en circunstancias difíciles, es muy importante documentar las violaciones… Ciertamente las lecciones que ofrecen otros países como Chile o Argentina [son que] cuando el conflicto termina, ese será el momento de deslindar responsabilidades".

Aunque Zúñiga ha viajado por las regiones más atormentadas y violentas del mundo durante décadas, no se muestra pesimista. Señala al juicio que se sigue a Siert Bruins, un exoficial de la SS nazi de 92 años, como ejemplo de que la ley internacional tiene buena memoria. "Toma tiempo", dice. "Pero se hará justicia".

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