El carisma de Silvio Berlusconi se diluye ante la crisis de Italia

La aplicación de la justicia sobre el ex primer ministro italiano sugiere el hartazgo social ante una estrategia perjudicial para el país
Berlusconi, condenado a prisión por caso Ruby
Autor: Nina dos Santos | Otra fuente: 1

Nota del editor: Nina dos Santos es conductora de noticieros y corresponsal en Londres. Presenta el programa World Business Today de CNN International y conduce regularmente varios programas de CNN como Marketplace Europe. Síguela en Twitter.

LONDRES (CNN) — Las despedidas latinas a veces carecen del carácter definitivo que tienen los anglosajones. En italiano, por ejemplo, la expresión arrivederci no es un adiós definitivo, sino que significa "hasta la próxima".

Pero aún en Italia hay ocasiones en las que la gente quiere que sus despedidas sean duraderas, como tal vez tanga que reconocerlo por fin el máximo rey de los regresos del país: Silvio Berlusconi.

Después de que lo condenaran por evasión fiscal y de enfrentar más problemas legales por aventuras sexuales con una acompañante menor de edad, probablemente pronto inhabiliten a Silvio Berlusconi para ocupar cargos públicos.

El intento desesperado por impedir que se votara la exclusión del tres veces primer ministro resultó espectacularmente contraproducente. Esta vez, el mensaje para Berlusconi no fue solo "adiós", sino "hasta nunca".

Mientras sus oponentes de toda la vida se preparan para brindar por una nueva era, no podemos evitar preguntarnos cómo lucirá esta nueva Italia sin el conocido espectáculo de Silvio. Si las travesuras del hombre de 77 años eran bien recibidas como distracción del descenso del país en las clasificaciones mundiales, ¿cuál será la visión, si es que la tienen, de su desigual grupo de sucesores?

Desde que cobró prominencia durante el vacío de poder que siguió a los escándalos de corrupción de la década de 1990, Berlusconi ha dominado la escena política y empresarial durante más de dos décadas. Sus detractores dirán que ha hecho un daño incalculable a la reputación de su país y que demolió la economía, lo que dejó una gran deuda a las próximas generaciones.

Más aún, Berlusconi socavó el imperio de la ley al emprender una venganza personal contra el poder judicial y usó al Parlamento para promulgar leyes que protegieran sus intereses. Pero, a pesar de todas sus jugarretas en casa y en el extranjero, hay que reconocer que el ex primer ministro se ha ganado el respeto, al menos por su perseverancia.

Tal vez haya sido una figura que ha causado división, pero ese carisma insolente y su desdén flagrante por las reglas lo hizo conocido para todos. Con sus bromas infantiles, el astuto Silvio encabezó uno de los gobiernos más largos de la historia de la República Italiana y aunque su agenda actual tal vez no se compare con la de un país serio, la encarnación más reciente de su partido obtuvo una tercera parte de los votos en las últimas elecciones.

Pronto te das cuenta de que pocas personas en Italia reconocen haber apoyado a Berlusconi aunque cada vez que hay elecciones en el país sus seguidores acuden en hordas a las casillas. La verdad es que a lo largo de los años, la confianza y el carisma de Berlusconi fueron contagiosos.

Su secreto: apelar a los placeres culpables de los votantes en la ausencia de una oposición comprometida, aunque eso implicara ofender a todo el mundo, desde las minorías étnicas hasta a Angela Merkel. Millones de italianos creían que todo estaba bien a causa de la retórica populista que solo un personaje realmente rico como Berlusconi podía proferir con una expresión seria.

Sin embargo, en una época en la que Italia necesita restablecer su credibilidad y pagar sus deudas, sus posturas son anacrónicas, vacías e incorrectas. El más reciente intento del magnate por arriesgar el bienestar futuro de su país solo para salvar su menguante carrera política fue descaradamente egoísta y estuvo fatalmente mal calculado. Mostraba las características de un septuagenario cada vez más desesperado que se enfrenta con terror a la posibilidad del retiro.

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Sin embargo, ni siquiera tener una prometida casi 50 años menor que él será suficiente para mantenerlo en casa, para la desgracia de Italia. Aunque lo expulsen de los órganos estatales que toman decisiones, no es probable que la influencia de Berlusconi desaparezca de la noche a la mañana. Su vasto imperio mediático presionará tras las bambalinas de los medios impresos y la televisión, usará tácticas de guerrilla para socavar las duras medidas de austeridad que los nuevos líderes de Italia deben implementar si esperan reparar sus maltrechas finanzas.

Conforme Berlusconi contempla su futuro y una posible condena de un año de arraigo domiciliario, los italianos finalmente se dieron cuenta de que este divertido exlíder ya no es bueno para su país. No obstante, ciertamente saben es que la vida será más aburrida sin él.

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