Los homosexuales de Uganda buscan la aceptación de la familia

La comunidad de gays, lesbianas y transgénero se exponen al odio y a la violencia tras la aprobación de una ley que los excluye socialmente
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Autor: Arwa Damon y Antonia Mortensen
(Reuters) -

Malcolm tiene una mirada intensa. Habla en voz baja y a veces hace una pausa; los recuerdos de su pasado lo atormentan.

"Solía esforzarme mucho para vestirme como niña e impresionar a la gente, pero de todas formas me preguntaban si era niña o niño", recuerda. "Solía rezar. Solía rezar a Dios para que me cambiara". Malcolm es transgénero. Nació mujer, pero se identifica más como hombre.

Dios no lo cambió, no pudo ayudarle con tu tormentosa identidad sexual o de género, pero otras personas decidieron que lo harían. "Es doloroso porque la mayor parte proviene de mi familia", dice en voz baja, mirando al infinito. "Querían enseñarme a comportarme como mujer. Me violaron". En ese entonces Malcolm tenía 17 años.

"Todas las personas con las que acudí me culparon. Pensé que tal vez mi papá entendería, pero dijo: 'Te he dicho que te comportes, que te comportes como una mujer'. Tal vez pensaba que me merecía lo que estaba ocurriéndome", cuenta, mientras se le quiebra la voz.

"Esa experiencia hizo que odiara a mi familia. Me hizo abandonarlos y fui a quedarme con mi abuela, pero desafortunadamente murió", dijo Malcolm mientras dejaba caer su cabeza entre sus manos. Su pecho se mueve mientras llora suavemente.

"No quiero hablar de eso. Es muy difícil cuando la gente que esperas que esté a tu lado es la gente que te lastima más". El dolor de los recuerdos, del rechazo y del aislamiento es tan profundo que casi es demasiado para soportar.

Malcolm no es su nombre real. Al igual que la gran mayoría de las personas de la comunidad LGBT de Uganda lleva una doble vida.

Kasha Nabagasera se asoma cautelosamente desde el otro lado de la puerta entreabierta de su casa. "La gente no sabe que vivo aquí", explica con una sonrisa forzada. "Me han echado de tantos departamentos; lo más que he estado en un solo lugar ha sido un año. Lo renté a nombre de alguien más".

Nabagasera es una de las pocas activistas por los derechos de los gays que habla en público en Uganda, un país cristiano profundamente conservador y furiosamente homofóbico.

Las pruebas de ello abundan. Unas horas antes, durante la misa de Navidad, el arzobispo Stanley Ntagali alabó al Parlamento de su país por aprobar la propuesta de ley antihomosexualidad.

"Amamos a todos. Los homosexuales y las lesbianas son hijos de Dios. Queremos que se arrepientan". Predicó a la congregación mientras aplaudían y su voz se animaba cada vez más. "Pero, ¿pueden imaginarse que digamos que lo aceptamos y mañana empezar a ver que un hombre trae a un hombre?".

Nagabasera, al igual que otros miembros de la comunidad LGBT, rara vez va a la iglesia y no es porque haya perdido la fe. "Para mí se trata del amor, pero ahora en la iglesia predican el odio", explica. Así que se mantiene lejos y reza en casa.

Nabagasera era una niña pequeña cuando recibió su primera golpiza. "Mi maestra fue la que me enseñó la palabra 'lesbiana'. No la conocía. Era una palabra impresionante para mí. Tenía siete años". Desde entonces la expulsaron repetidamente de las escuelas y le pasaron cosas peores.

"Sobreviví a tres violaciones. No recuerdo cuántas veces me han golpeado. Creo que mi testarudez me ha ayudado mucho a salir de todo esto", dice. Además, es increíblemente afortunada. Su familia no la rechazó.

"Mi familia estuvo presente. La mayoría de mis amigos dejaron la escuela porque su familia no los apoyó. A veces me sentaba en mi habitación y lloraba mucho. ¿Por qué me dicen que tengo demonios? Desde que era niña me decían que tengo demonios".

La creencia generalizada es que el diablo posee a los homosexuales o que son víctimas de las desviaciones sexuales procedentes de Occidente.

"Tal vez en su país lo entiendan", nos sermoneó poco antes Stanley Ntagali, un arzobispo anglicano ugandés. "Aquí es algo nuevo, una idea nueva que no es de aquí. Alguien nos la impone. Es otra clase de colonialismo".

De acuerdo con los activistas por los derechos de los gays, lo irónico es que un pequeño grupo de evangelistas estadounidenses llegó a Uganda y predicó en contra de la homosexualidad —que ya era ilegal— y llevó la persecución de la comunidad LGBT a niveles insólitos.

"Dijeron que el movimiento gay tenía un plan y que había llegado a Uganda; que si no éramos cuidadosos, se apoderaría del país", recuerda Nabagasera. "Fueron al Parlamento y les aconsejaron que cambiaran la ley". Pero no acabó allí, dice.

"Fueron a las universidades y les dijeron a los estudiantes que los estábamos reclutando para ser homosexuales, que tenemos mucho dinero, que deberían ser cuidadosos", cuenta. "Luego fueron con los padres y les dijeron que estábamos reclutando a sus hijos".

El país se convulsionó. En el primer proyecto de ley antihomosexualidad se contemplaba la pena de muerte por "homosexualidad agravada", definida como actos homosexuales con alguien que sea VIH positivo, un menor o actos consentidos y frecuentes con un adulto.

"Eso no fue lo único impactante", recuerda Nabagasera. "Algunos miembros del Parlamento dijeron que la pena de muerte por ahorcamiento era muy débil. Propusieron un pelotón de fusilamiento. Llegó el momento en el que publiqué en mi página de Facebook que tal vez no soy ugandesa realmente, porque la Uganda en la que crecí no podía ser tan cruel. Aunque he pasado por penurias, no se comparan con el asesinato".

La propuesta que se aprobó recientemente en el Parlamento no contempla la pena de muerte, sino que la reemplaza con cadena perpetua. También se considera que cualquiera a quien se considere promotor de la homosexualidad —como Nabagasera— es un delincuente al que se puede encarcelar.

"El objetivo es proteger la institución del matrimonio y detener la promoción de la homosexualidad en nuestro país", declaró el creador de la propuesta, el legislador David Bahati. Si la homosexualidad se erradicara en el proceso, sería algo bueno, dice. "No creo que la homosexualidad sea un derecho humano", señala.

La propuesta espera la promulgación del presidente y ha recibido duras críticas de parte de los gobiernos occidentales y de organizaciones internacionales. Amnistía Internacional lo llamó "un grave ataque a los derechos humanos… Es una burla a la constitución ugandesa". Las Naciones Unidas señaló que "si el presidente la firma, esta nueva ley podría consolidar el estigma y el prejuicio e institucionalizar la discriminación".

Esto ya es una realidad. Nabagasera dice que ha recibido cada vez más amenazas, lo que no se toma a la ligera en una comunidad en la que tantas personas tienen una terrorífica historia de golpes y abusos.

En los últimos años, los tabloides ugandeses se han dedicado a "exponer" a los homosexuales. El activista David Kato murió a golpes en 2011, luego de que lo mencionaran en un periódico popular bajo un encabezado en el que se leía: "Cuélguenlos". Los activistas lo calificaron como un descarado crimen de odio.

Nabagasera dice que preferiría ir a la cárcel a verse obligada a abandonar su propio país. "No permitiré que alguien me expulse sin defenderme", dice. "Además, nuestro movimiento necesita un rostro. No quiero que piensen que ganaron, porque esta batalla apenas empieza". "No es que quiera quedarme a ser una heroína. Quiero quedarme porque mi familia está aquí. Quiero quedarme para visitar la tumba de mi mamá".

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Hay tantas personas que solo quieren que las acepten como son, en su familia y su país, sin importar su sexualidad. Incluso Malcolm, a pesar de todo lo que ha vivido.

"Lo odio", dice sobre su padre. "Solo quiere hablar conmigo cuando quiere dinero. A veces se lo doy, cuando tengo. No sé de dónde saco la misericordia para darle dinero". Malcolm dice tajantemente que enfrentará a su padre. "Quiero que me acepte, pero tiene que aceptarme como hijo, no como hija".

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