La desesperación en Siria: 'Quemaron mi corazón antes que mi cuerpo'

Mariam Khaowleh tomó la radical decisión luego de pedir que reincorporaran a su familia a un programa de asistencia social
Los barriles explosivos atemorizan a Siria
Autor: Arwa Damon y Raja Razek
(Reuters) -

Mariam Khaowleh es una refugiada siria de más de cuarenta años de edad y madre de cuatro hijos. Su cuerpo está completamente cubierto de vendajes, esas heridas no son producto de la violencia en su patria. Se las provocó ella misma.

El esposo de Mariam, Ahmad al Daher, observa desde detrás del vidrio; la impresión y el dolor enmarcan su rostro mientras escucha a la mujer de cuya sonrisa se enamoró hace 24 años. "Prefiero la muerte, prefiero la muerte a ver a mis hijos morir un millón de veces ante mí", nos dice a través del intercomunicador.

Solo el personal médico puede entrar en la habitación. "Es difícil, es difícil para una madre que quiere alimentar a sus hijos. Quemaron mi corazón, quemaron mi corazón antes de que quemaran mi cuerpo. Soy como un insecto para ellos".

Asistencia focalizada

La historia de la frustración, la humillación y la desesperación de Mariam refleja la de incontables refugiados. Sin embargo, su agonía era tan profunda que algo en su interior de esta mujer —a la que describen como fuerte y elocuente— debe haberse roto.

Mariam y su familia huyeron a Líbano desde la ciudad siria de Homs hace casi dos años. La vida como refugiados era dura; siempre luchaban por salir adelante y especialmente para que sus hijos —de entre 13 y 22 años— fueran a la escuela y a la universidad.

Tres de los cuatro hijos de Mariam tienen una enfermedad que les dificulta digerir ciertos alimentos y puede provocarles anemia hemolítica.

La familia dependía de la asistencia social para salir adelante pero hace unos seis meses, la ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) y el Programa Mundial de Alimentos efectuaron un estudio de vulnerabilidad y llegaron a la conclusión de que alrededor del 30% de los refugiados pueden satisfacer sus propias necesidades. La decisión excluyó a la familia de Mariam de la campaña de asistencia focalizada.

Mariam visitó en repetidas ocasiones el centro de registro de la ACNUR en Trípoli para apelar la exclusión."Fui ante ellos una y otra vez, les dije que debían haber cometido un error ... Me mintieron, se burlaron de mí, me gritaron que me fuera", recuerda.

"Les dije que si no me daban nada, ¿de dónde lo iba a sacar? 'Voy a prenderme fuego, ¿cómo voy a alimentar a mis hijos? Sientan mi dolor, sientan lo que hay en mi corazón, sientan que tengo cuatro hijos'", les dijo Mariam.

La mujer se prendió fuego. Los testigos dicen que llegó al centro de registro e intercambió unas cuantas palabras con alguien antes de bañarse en gasolina. En segundos ardía en llamas. "Cayó y simplemente empezó a arder", relata uno de los hombres que atiende un puesto de comida.

La reacción de la ONU

CNN habló con el personal del centro y con los guardias que están afuera. Nos dijeron que no habían maltratado a Mariam. Sin embargo, la ONU señala que toma en serio estas acusaciones y está investigando.

Mariam tiene un expediente de protección con la ACNUR y en enero se hizo un estudio sobre la condición médica de sus hijos, pero no tienen registros de su apelación.

La ACNUR señala que ofrecieron reubicar a su familia en las viviendas comunitarias, a lo que se negaron bajo el argumento de que temían por la seguridad de sus hijas en medio de desconocidos.

La ONU también dio seguimiento a la elegibilidad de la familia para su reincorporación en el programa de alimentos y paga todos los gastos médicos de Mariam.

"Soy madre, mis hijos se sentían mareados por la falta de alimentos, uno dijo que no podía levantar la cabeza, el otro dijo que no podía mover las piernas", recuerda Mariam mientras el arrepentimiento agrava su penetrante dolor físico y emocional.

"Mi corazón arde por mis hijos. Espero que Dios me perdone, quiero que mi voz llegue a todas las madres, a cada persona que tiene consciencia", ruega.

"Quiero que mis hijos sean independientes, trabajé muy duro por su educación, trabajé mucho en esta vida para que puedan llegar a la universidad".

Su esposo, Ahmad, se enjuga las lágrimas y se retira mientras ella dice que no quiere que sus hijos la vean así. Quiere que la recuerden como era.

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