¿Por qué aún no aparece el vuelo 370? Ésta es una razón

La vastedad del océano y su profundidad son los principales desafíos que enfrenta la misión de búsqueda del avión malasio
Un integrante de la Fuerza Aérea Real de Nueva Zelandia en búsqueda del vuelo 370 de Malaysia Airlines en el Océano Índico
Un integrante de la Fuerza Aérea Real de Nueva Zelandia en b  Un integrante de la Fuerza Aérea Real de Nueva Zelandia en búsqueda del vuelo 370 de Malaysia Airlines en el Océano Índico
Autor: Chris Boyette
(Reuters) -

Semanas después de que empezara la búsqueda del avión malasio que llevaba 239 personas a bordo, el primer ministro de Malasia, Najib Razak, anunció al mundo que, con base en los datos satelitales, el vuelo 370 "terminó en el sur del océano Índico".

Siete meses después de que el avión despegara, no hay rastros de él ni de alguno de los pasajeros.

El buque GO Phoenix emprendió la fase más reciente de la búsqueda en las aguas de la costa oeste de Australia esta semana. En preparación para la misión, unos barcos estudiaron decenas de miles de kilómetros cuadrados del lecho marino en el que se cree que se encuentra el avión, con lo que se redujo la zona de búsqueda inicial a una superficie de unos 60,000 kilómetros cuadrados, poco más que la superficie del estado de Michoacán.

La Oficina de Seguridad en el Transporte de Australia (agencia que encabeza la expedición) señaló que "no se pueden minimizar las complejidades que rodean a la búsqueda".

La oficina reportó que se descubrieron volcanes extintos, macizos inmensos y fosas cavernosas al mapear el terreno submarino con equipo de vanguardia. Fue necesario hacer el mapeo ya que la profundidad y la orografía del lecho marino se desconocían en gran medida hasta antes de que se le pusiera atención a causa de la búsqueda del avión.

¿Por qué?

El océano profundo (que para los científicos es el océano a más de 200 metros de profundidad) compone el 90% del volumen habitable del planeta y no sabemos mucho de él.

De hecho, de muchas formas sabemos más acerca de la Luna que del lecho marino.

"Hemos visto muy poco, hemos explorado y tomado muestras de una proporción muy pequeña del lecho marino", dice Lisa Levin, profesora e investigadora del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego. "La búsqueda de este avión es un buen ejemplo de ello".

Aunque a menudo se dice que se ha mapeado cerca del 5% del lecho marino, en realidad solo hemos visto menos del 1%, de acuerdo con Levin.

El abismo Challenger, en la fosa de las Marianas, llega a los 10,908 metros bajo el nivel del mar: es el punto conocido más profundo del océano. Aunque los peces pueden sobrevivir a 8,200 metros bajo el agua, los pepinos de mar, las medusas y muchas especies de microbacterias prosperan a esas profundidades.

El colega de Levin, Jules Jaffe (oceanógrafo del Instituto Scripps de Oceanografía), dice que una de las razones por las que sabemos tan poco del océano profundo es que es muy difícil llegar a él. Los científicos y exploradores se enfrentan a desafíos en cuanto a robótica, generación de imágenes e ingeniería estructural.

Cuando se trata de explorar el océano profundo (o de encontrar un avión perdido en él), el primer problema es la vastedad del mar, dice.

"Es como una hormiga en una cancha de futbol", dice Jaffe. "Hay que pensar distinto cuando se trata de estar bajo el agua. La gente en tierra firme piensa que puede ver hasta 160 kilómetros. En el océano profundo, si ves a 30 metros vas muy bien".

Fabricar máquinas que puedan llegar al fondo del océano conlleva otra serie de desafíos.

Por cada 10 metros de profundidad en el océano, la presión aumenta una atmósfera (una unidad de presión).

"Piensa en el peso de toda esa agua sobre ti", explica Jaffe.

Para soportar la presión, los vehículos, máquinas e instrumentos deben ser ligeros pero fuertes. Como tiene el menor factor de deformación en relación con su peso, el titanio es el material más usado, dice Jaffe. Además, las superficies planas son problemáticas bajo el agua porque la presión dobla y deforma la superficie, así que la mayoría de los aparatos submarinos son redondos o curvos.

El océano profundo es mucho más heterogéneo de lo que los científicos creían. Al igual que en la tierra, hay varias características geológicas y ecosistemas biológicamente diversos, explica Levin. Estas criaturas marinas y organismos microbianos pueden darnos montones de información y ayudarnos a hacer más y más descubrimientos.

En medicina, la biología del océano ha propiciado avances en las investigaciones sobre la ceguera gracias al estudio de los ojos de las mantarrayas. Los cangrejos herradura se usaron para desarrollar una prueba de detección de contaminación bacteriana y se están modelando injertos óseos inspirados en el coral, que tiene una densidad similar al hueso humano, por mencionar unos cuantos.

Además se están creando nuevos biomateriales como la fibra óptica que se ha desarrollado con las fibras de las esponjas de mar. Las chimeneas rocosas que se internan en el subsuelo emiten minerales, compuestos nuevos y organismos microbianos. Algunos podrían tener usos industriales que aún no hemos descubierto, mientras que otros se usan como fuentes de energía en forma de gas y energías hidrotérmicas.

Eso sin mencionar que hay un montón de criaturas realmente extrañas que pueden brillar gracias a la bioluminiscencia, que respiran metano o que simplemente parecen de otro mundo.

"El océano profundo es la parte menos explorada del planeta", dice Levin, quien señala que a diferencia de la Luna o las estrellas,  la gente no puede ver el fondo del océano e imaginarse que hay allí. "Está fuera del alcance de la vista. La gente no lo ve, así que no piensan en él", explica.

Tanto Jaffe como Levin dicen que es importante seguir explorando y entendiendo el océano profundo. El conocer y cuidar del océano profundo es crítico para la salud del planeta y el bienestar de la humanidad, dice Levin. Para Jaffe es cuestión de promover la innovación e impulsar a la siguiente generación de exploradores.

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"A la gente le emociona la exploración, pero conforme las comunicaciones se vuelven más veloces, para la gente es más fácil pensar que ya lo sabemos todo, pero cuando hablamos con los jóvenes de involucrarse en la ciencia y en la ingeniería, les decimos que no sabemos nada", dice. "Hay tanto qué conocer y está justo allí, en nuestro patio trasero".

Y cuando se pierde un avión comercial en el vasto océano, queda claro lo poco que sabemos acerca de una parte tan grande de la Tierra.

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