El líder de Syriza, Alexis Tsipras, ¿logrará sacar a Grecia de la crisis?

Los griegos dieron su voto a la nueva izquierda con la esperanza de poner fin a años de crisis económica y social
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Isa Soares
Autor: Isa Soares | Otra fuente: CNN
ATENAS, Grecia (Reuters) -

Alexis Tsipras es el hombre del momento, el representante de la nueva izquierda de Grecia, el líder activista del partido antiausteridad Syriza. Viste con trajes finos y, a los 40 años, se lo considera un joven líder político.

Pero, para muchas personas de Atenas, son sus palabras las que importan: su promesa de "no más rescates, no más sumisión, no más chantajes".

Es un mensaje de esperanza que resuena entre la gente de todo el país que se ha endurecido tras años de amarga medicina europea: la austeridad.

Grecia fue uno de los países más afectados por la crisis financiera mundial: la economía profundamente afectada, el desempleo generalizado y la inestabilidad social se tradujo en 2010 en un país al borde de la salida de la zona euro porque lo consideraban el país enfermo de Europa.

Sin embargo, la medicina que recetó la troika (el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) siempre sería difícil de tragar: aumento de impuestos, congelamiento de pensiones, prohibición de la jubilación anticipada y profundos recortes a los salarios de los burócratas a cambio de un rescate de 240,000 millones de euros.

Cinco años después, la economía griega empieza a recuperarse. En 2014 salió de la recesión; para este año, se espera que el producto interno bruto del país crezca en un 0.7%.

Pero algunas personas temen que los años que pasaron atados por la deuda y el estancamiento hayan hecho más daño que bien. El 27% de la población está desempleada, la producción industrial se redujo en un 30% y tres millones de personas viven en o por debajo del umbral de pobreza.

Para muchos griegos, la austeridad solo ha creado penurias y presiones insoportables que se notan en los rostros de la gente en toda la ciudad.

Mientras toma un café instantáneo en su casa en las afueras de Atenas, Nikos, de 58 años, dice que su mundo quedó de cabeza desde que perdió su empleo en 2009. Desde entonces ha estado desempleado.

"Solía tener dinero en el bolsillo y ahora no tengo nada", explica. "Se suponía que me darían mi pensión el año próximo y ahora eso se postergó dos años. Solo pónganse en mi situación".

La frustración que sintió al principio se transformó en ira. Su orgullo también salió herido; para salir adelante tuvo que pedirle a su madre que comparta su pensión con él, algo nada fácil para un hombre que siempre había sido el proveedor.

Ahora, él y sus cuatro hijos adultos dependen de su esposa Valentina. Pero recortaron su salario en un 55%, así que no alcanza para alimentar a todos, por lo que ella tuvo que tomar una decisión difícil: ayudar a su familia o pagar impuestos.

"¿A quién ayudo primero? Son cuatro. No compro nada para mí para poder ayudarlos. Tenía que pagar 260 euros de impuestos y solo gano 800. No he pagado impuestos y le di el dinero a mi hijo para ayudarlo con su renta", explica.

La desesperación de la familia se ha exacerbado con su desencanto con los políticos y sus políticas: desde 2005, Grecia ha tenido seis primeros ministros; cada uno juró poner fin a la crisis; cada uno prometió empleos y crecimiento.

Pero Nikos dice que nada ha cambiado, así que él y su esposa están apostando al partido de izquierda de Grecia, Syriza, y a su compromiso por poner fin a la austeridad y su mensaje de que "la esperanza viene en camino".

Molesto y frustrado, Nikos insiste en que "las cosas no pueden empeorar con un nuevo gobierno. Si eso ocurre, votaremos por alguien más".

"¿Los políticos han pedido alguna vez a un ciudadano desempleado que tenga familia que cuando se despierte en la mañana, si tiene un solo euro o cinco en el bolsillo, compre un bote de leche para alimentar a su familia?", se pregunta. "No confío en ninguno de ellos".

Por ahora, Nikos y Valentina están depositando su confianza en Syriza y en su líder, Alexis Tsipras, quien prometió aumentar el salario mínimo, volver a contratar a los empleados del sector público, reducir los impuestos y abordar la "crisis humanitaria silenciosa" del país.

Pero el compromiso más audaz de Tsipras (que está poniendo nervioso al resto de Europa) es su promesa de renegociar las condiciones del acuerdo de rescate a Grecia.

En el último mitin de Syriza antes de las elecciones generales del domingo, le pregunté a George Stathakis, un portavoz del partido, qué harían si no pudieran ponerse de acuerdo con Europa.

"Lo que estamos pidiendo a nuestros socios europeos es un nuevo acuerdo que elimine parte de la carga de la deuda pública sobre la economía griega y, al mismo tiempo, que permitan que Grecia se ponga a trabajar nuevamente", dijo.

En otras palabras, quieren quedarse en la unión monetaria pero con más libertades fiscales, una especie de respiro para que el país pueda recuperarse del "coma económico" y pueda volver a crecer.

Tanto los electores del proletariado como la clase media (y el sector público y privado) han manifestado su apoyo a este llamado.

Stathis Papachristou, desarrollador de computadoras, dice que siempre ha votado por los conservadores, pero luego de que le redujeran su salario y del aumento a los impuestos, aunado al nacimiento de su bebé, votó por el cambio esta vez.

"Syriza no representa mis opiniones al 100% y no estoy de acuerdo con lo que creen y lo que quieren hacer, pero creo que es algo nuevo, un partido nuevo con ideas frescas que va a cambiar lo que ya está podrido", explica.

No hay duda de que la ira y la austeridad han incitado el ascenso de Syriza en un país cuyos ciudadanos piden un cambio económico y social.

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Pero, si lo eligen, la cuestión de si Tsipras puede hacer la diferencia en Grecia dependerá de lo que haga con su poder y de cómo negocien con él la Unión Europea y sus líderes.

Sin importar cuál sea el resultado de las elecciones del domingo, parece que el trabajo difícil apenas empieza.

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