Mamá y papá: desconocidos para millones de niños chinos

La difícil situación de las comunidades del interior de China obliga a los padres a dejar a sus hijos para buscar empleo en las ciudades
CNN-China-ninos-abandonados  Nieto seis anos Lu Yiming abuela Tang Xinying
Autor: David McKenzie | Otra fuente: CNN

Lu Yiming, de seis años de edad, es muy travieso.

En un momento está jugando en el piso de concreto de su casa de dos pisos; al siguiente, con unos fuegos artificiales. En este momento está patinando en un callejón.

"¡Ven acá!", le grita su abuela.

"Criar a este niño es un dolor de cabeza", confiesa Tang Xinying, de 72 años.

La madre de Lu lo abandonó después de su nacimiento y su padre es carpintero en la provincia de Shandong, a cientos de kilómetros al norte. Regresa una vez al año, si puede.

En China, Lu es uno de "niños que se quedan solos".

Conservadoramente, hay al menos 61 millones de esos niños en China. Es una asombrosa proporción de uno por cada cinco.

Tienen dificultades en la escuela y la incidencia de problemas de salud mental es mayor entre ellos, además de que presentan más trastornos de conducta que otros niños de su edad.

"Le digo: 'tu padre está trabajando y tu madre no te quiere'", dice Tang, exasperada.

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No hay empleo

En Chao Hu, un pueblo de la provincia de Anhui, una vía de tren que no llega a ninguna parte pasa entre unidades habitacionales sin terminar y campos abandonados. Una niebla amarilla flota en el aire y deja un sabor metálico en la boca.

La contaminación industrial de China llegó aquí, pero los empleos no.

Todas las personas de Shao Hu en edad laboral se han ido a las ciudades para encontrar trabajo, así que los viejos y los niños se han quedado atrás. Lu sostiene mi mano mientras caminamos por el pequeño pueblo.

Un grupo de ancianas sentadas en bancos de madera de tres patas escuchan ópera china en una radio pequeña. Otra pasa tejiendo. Algunos ancianos preparan licor casero en un tambo de aceite.

"No tenemos campos que cultivar, si no sales a trabajar, ¿entonces cómo ganas dinero?", dice Tang.

"Sus padres tienen que trabajar fuera de la ciudad y no pueden llevar consigo a sus hijos".

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La Federación Femenil Toda China, una organización con respaldo del Estado, pinta una escena sombría para los niños abandonados.

Un constante flujo de reportajes de los medios estatales destaca el abuso que sufren estos niños. A menudo se los culpa de delitos.

"Tiene un gran impacto en la sociedad y en la generación de personas que crecen sin padres", dice Ines Kaempfer, del Centro para los Derechos de los Niños y la Responsabilidad Social Corporativa de China. "Hay una generación de la sociedad china que carece de seguridad y confianza. Podría tener un efecto potencialmente desastroso".

Las consecuencias no previstas de la urbanización en masa y la migración no son exclusivas de China. Sin embargo, las normas draconianas han empeorado el problema.

El muy odiado sistema hukou de China registra a las familias como rurales o como urbanas. La mayoría de los migrantes no puede cambiar el registro de su familia cuando se muda.

Tienen dificultades para tener acceso a los servicios de salud y otros servicios sociales en las zonas urbanas. Sus hijos no pueden asistir a las escuelas públicas aunque hayan nacido en las ciudades.

Una clase inferior

Los detractores dicen que el sistema hukou ha creado una clase inferior de mano de obra barata para impulsar la revolución manufacturera de China.

Al reconocer algunos de sus fracasos, el Partido Comunista de China ha propuesto reformas al sistema hukou, que incluyen la desaparición de los permisos temporales de residencia.

El tema se discutirá esta semana en la reunión anual del Congreso Popular Nacional de China, el parlamento simbólico del país.

"Aunque está mejor que antes, el sistema hukou es un gran problema", dice el profesor Fan Bin, del Instituto Tecnológico de Huadong. "Los migrantes no pueden darse el lujo de tener a sus hijos en las grandes ciudades, la renta es cara y los salarios son bajos, no pueden pagar la colegiatura de una escuela privada".

En la villa Chao Hu, Tang cocina un poco de arroz y espinacas para que su nieto cene. Rocía aceite de cacahuate en la tapa de su rudimentaria estufa.

"No puedo criar correctamente a mi nieto. Su padre y su madre deberían educar a este niño", dice. "No puedo alcanzarlo cuando huye de mí. No puedo reprenderlo cuando se porta mal".

Tang está convencida de que no puede dar a su nieto el apoyo que necesita.

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"No tenemos opción, aunque la situación no sea buena. Si no lo cuido yo, ¿quién lo cuidará?", dice.

Con información de Serena Dong.

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