El tráfico sexual, ¿la nueva esclavitud estadounidense?

En 2014 se reportaron más de 3,500 casos de abuso en mujeres al Centro Nacional de Recursos sobre Tráfico Humano de Estados Unidos
TRafico sexual
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Leif Coorlim y Dana Ford
Autor: Leif Coorlim y Dana Ford | Otra fuente: CNN
ATLANTA, Estados Unidos (Reuters) -

El camino que lleva a los rincones más oscuros del tráfico humano empezó en los pasillos iluminados de una secundaria de Florida, Estados Unidos.

Sacharay es el nombre que adoptó una chica de 14 años en busca de una amiga.

"Me molestaban mucho porque mi piel es oscura. Empecé a usar lentes y me decían cuatro-ojos. Sabían que me afectaría porque sabían que era muy sensible", cuenta.

Pero cuando una compañera mayor se le acercó y le ofreció ser su amiga, Sacharay pensó que su suerte por fin había empezado a cambiar.

"Pensé que era mi mejor amiga porque podía contarle todo. Un día me preguntó si quería saltarme las clases y divertirme, así que fuimos a la barbería. Cuando estábamos allí, me presentó a unos tipos", cuenta Sacharay, que ahora tiene 19 años.

Uno de los hombres, de treinta y tantos años, inmediatamente puso atención a Sacharay. Pronto empezó a cortejarla con regalos, halagos y consejos sobre los dramas diarios de la vida adolescente.

"Si mi hermana y yo habíamos peleado, decía: 'no puedes pelear así con tu hermana'. Era más como un papá, pero cuando teníamos relaciones sexuales, no era así. Era la forma en la que nos comunicábamos y en la que hablaba conmigo", recuerda.

Era una violación infantil.

Sin embargo, esta mezcla de amor romántico y atención paterna puede causar un caos en la mente de una adolescente, dijo Anique Whitmore, psicóloga forense de Atlanta.

"Lo que sabemos de los delitos sexuales es que no son cuestión de placer. Son cuestión de control", mencionó Whitmore. "Lo que hay en común con algunas de las chicas con las que trabajo es su autoestima o la ausencia de ella. Te vuelves vulnerable a un hombre de la calle o a un hombre que conoces en la escuela. Te vuelves vulnerable porque estás buscando atención".

Pronto, el proxeneta de Sacharay empezó a pedirle "favores": le pedía que le ayudara a ganar algo de dinero para él durmiendo con otro hombre.

"Me decía: 'te amo por eso, te amo tanto'", cuenta Sacharay. "Poco a poco puso a dos, tres hombres más. Me enojé cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, pero seguí haciéndolo porque él me hacía sentir especial".

La explotación siguió agravándose. Pronto, Sacharay se vendía a docenas de hombres al día. Conocía a estos compradores de sexo en habitaciones de moteles cercanos a una autopista o incluso en la trastienda de la barbería.

"Un día pensé que ya no podía seguir haciendo esto. Era doloroso. Tenía relaciones sexuales con casi 40 hombres al día y estaba muy cansada, pensé: 'Ya no puedo seguir haciendo esto'".

A su proxeneta no le importó. Se aseguró de hacerle entender que irse no era opción.

"Él iba a la habitación de a lado, regresaba con una pistola y decía: 'si vas a alguna parte, ya veremos qué pasa'".

Tan solo el año pasado se reportaron más de 3,500 casos de tráfico sexual al Centro Nacional de Recursos sobre Tráfico Humano de Estados Unidos.

Según la ley federal, cualquier persona menor de 18 años a la que se introduzca al sexo con fines de lucro es víctima de tráfico sexual, sin importar si el traficante recurre a la fuerza, al engaño o a la coerción.

El proxeneta de Sacharay terminó llevándola a ella y a otra adolescente a Atlanta porque allí podría cobrar más.

Según un estudio que llevó a cabo el Urban Institute en 2014, algunos traficantes de Atlanta ganan más de 32,000 dólares a la semana. En el estudio también se hizo referencia a los hallazgos de una investigación de 2007, que indican que el tráfico sexual ilegal en Atlanta genera alrededor de 290 millones de dólares al año.

"Es una ciudad grande. Hay mucho qué hacer en Atlanta. Muchas convenciones, muchos hoteles, muchas fiestas, muchos eventos", dijo el sargento Torrey Kennedy, de la Unidad de Delitos Cibernéticos contra Menores (ICAC, por sus siglas en inglés) del condado de DeKalb. "Al igual que cualquier empresario, estos traficantes lo saben".

Gran parte del atractivo de Atlanta es su aeropuerto, el más transitado del mundo.

"Un hombre puede usar una computadora y, bajo anonimato, decir: 'vengo a tener relaciones sexuales con tal niña'. Tomaría el vuelo de las tres, se reuniría con la niña a las seis y se habría ido en el vuelo de las ocho", mencionó Dalia Racin, asistente del fiscal de distrito del condado de DeKalb, que incluye a parte de Atlanta. "¿Cómo vamos a encontrarlos? ¿Cómo sabremos quiénes son?".

Víctimas, no prostitutas

Racine y Kennedy suelen trabajar juntos para identificar y llevar ante la justicia a las redes de tráfico de personas.

Como parte de una serie de investigación, el Proyecto Libertad de CNN siguió durante más de un año a Kennedy y a su equipo a redadas. De acuerdo con Kennedy, no es raro que una prostituta adolescente niegue que trabaje para alguien aunque sea contra su voluntad.

En junio de 2014, la ICAC y la Unidad Antivicio del condado de DeKalb llevó a cabo un operativo para encontrar víctimas menores de edad. El equipo recorrió salida por salida de la autopista interestatal 285 (la autopista periférica) hacia los hoteles en donde los agentes encubiertos habían acordado "citas" a través de un sitio web de acompañantes. En varias de esas reuniones, la acompañante que llegó resultó ser menor de edad.

La ley de Georgia da a las autoridades la oportunidad de ser indulgentes si una chica está dispuesta a irse a una casa de seguridad, pero si se niega, sus manos están atadas hasta cierto punto.

Kennedy se topó con esta desoladora situación en la redada, cuando una de las presuntas víctimas de tráfico rechazó toda ayuda.

"No queremos arrestarla, pero ella prefiere ir a la cárcel que a un centro de tratamiento. Dijo que es 'feliz siendo miserable'".

Los investigadores creen que un traficante local le compró a la chica en cuestión un boleto de autobús para que viajara de Detroit a Atlanta, le dio un perrito y le pagó la habitación del hotel en la que la encontraron.

"Tiene un tatuaje en la rodilla; lo hemos visto en varias ocasiones en esta zona y probablemente es la marca de un proxeneta local", explicó Kennedy. "Esa es una de las nuevas tendencias entre los proxenetas. Ponen su logotipo en su chica… el tatuaje es reciente, lo que me dice que acaba de apoderarse de ella".

Con dificultades, pero fortalecida

Sacharay tiene sus propios tatuajes de la época en la que la explotaban.

Su odisea para escapar de la explotación empezó en la entrada de un santuario administrado por la organización no lucrativa The Living Water Center.

La organización le dio dos cosas que hace unos años habrían parecido imposibles: educación y empleo.

"Antes odiaba verme en el espejo", cuenta Sacharay. "Sigo teniendo dificultades, pero puedo decir que soy más fuerte, más sabia y ahora honestamente puedo decir que me quiero. Tengo esperanzas en mí".

Sacharay ahora tiene un objetivo y un nuevo tatuaje en el antebrazo que dice: "Libre Para Ser Yo".

Pero por cada Sacharay, hay incontables jóvenes que siguen atrapadas en este negocio ilegal y peligroso.

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"Estamos empezando el proceso de crear consciencia entre la gente de lo que está pasando en ciertos niveles, así, conforme la opinión pública se activa, seguimos aprendiendo y entendiendo cómo funciona esto", dijo la actriz Jada Pinkett Smith, quien colaboró con CNN en el documental Children for Sale: The Fight to End Human Trafficking (Niños a la venta: la lucha por poner fin al tráfico de personas).

Para saber más y enterarte de qué puedes hacer para ayudar, visita especiales/2011/proyecto-libertad-esclavitud#1

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