Violencia de cárteles y secuestros inquietan a universitarios en México

Una de las ciudades más seguras de Latinoamérica es ahora un campo de batalla entre grupos del crimen organizado
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Thelma Gutierrez y Wayne Drash
Autor: Thelma Gutierrez y Wayne Drash
MONTERREY (Reuters) -

Un estudiante universitario en una de las universidades más importantes de México fue secuestrado. Sus secuestradores utilizaron su teléfono celular para mandarle un mensaje de texto a un amigo: “encuéntrame aquí”.

El amigo fue secuestrado también.

Trabajando para cárteles de la droga, los secuestradores se mantienen recorriendo las listas de contactos de sus víctimas para encontrar más estudiantes ricos cuyos padres pueden pagar cientos de miles de rescate.

Pronto, otro amigo fue secuestrado, raparon su cabeza y a un costado le grabaron una insignia del grupo criminal.

“Las historias son terribles”, dice una madre preocupada, a la que CNN ha acordado llamar solamente Francesca. “Uno está con el Jesús en la boca…”.

“Esto es lo que tenemos de desayuno, comida y cena. En este momento, esto es en lo que pensamos, esto es de lo que hablamos. Se está apoderando de nuestras vidas”.

Hace sólo cinco años, Monterrey era reconocida como la ciudad más segura en Latinoamérica, y el centro de intercambio comercial de México. Ahora, ha caído victima de la anarquía y la violencia que se extiende en todo el país – un campo de batalla para los carteles en donde ataques con granadas, tiroteos y secuestros dominan los encabezados.

En el prestigioso Tecnológico de Monterrey, la escalada de violencia ha llevado al éxodo de estudiantes. Muchos de los ricos del país envían a sus hijos a esa escuela. Ahora temen que los carteles y otros delincuentes comunes acecharán más a sus hijos.

“Cuando se trata de carteles de la droga, hay un clima de extorsión y de peligro”, dice Francesa. “Ya no sabemos quien es el enemigo. No estamos seguros. Podría ser mi vecino, podría ser un guardia de seguridad”.

Dos estudiantes de posgrado fueron asesinados en marzo pasado, cuando quedaron atrapados en el fuego cruzado de un enfrentamiento entre cárteles y la policía a las afueras de las puertas de la universidad. La semana pasada, tres sicarios del narcotráfico murieron cuando su carro explotó después de chocar a 180 metros de los dormitorios de la universidad.

La escuela ha aumentado las medidas de seguridad, desde policías armados hasta cámaras. El campus está completamente cerrado y cualquiera que entre o salga necesita una identificación.

Los estudiantes – y sus padres – permanecen en contacto constante. Utilizan Facebook, Twitter y mensajes de texto como red de apoyo. Cuando Francesca no tiene noticias inmediatas de su hija, se contacta con sus amigos.

Recientemente se sorprendió al encontrar a su hija en casa y no en clases.

“Mi amiga me acaba de mandar un mensaje”, le dijo su hija. “Dijo que había un enfrentamiento en la calle por la que conduce para ir a la escuela”.

Su hija, a la que CNN identificó como Vivianne, dice que tres de sus amigos fueron secuestrados en los últimos tres meses. Todos sobrevivieron, pero fueron tratados brutalmente. Después, abandonaron México.

Otros siete dejaron la escuela como medida de precaución. Los estudiantes no salen a bares – es muy peligroso salir de noche-, e incluso ir a la escuela es estresante.

“Siempre estoy con miedo”, dice Vivianne.

Alberto Bustani Adem, un alto funcionario de la escuela, dice que la universidad está consciente de los peligros y entiende los temores de los padres y estudiantes.

La universidad no está segura de cuántos estudiantes han sido secuestrados en los últimos meses. Los padres tienen miedo de hablar con los medios por temor a las represalias.

“Es seguro si tomas tus precauciones”, dice. “No estés fuera de casa ya tarde y no camines a media noche por una zona oscura”.

Más de 100 estudiantes de intercambio de los Estados Unidos abandonaron este semestre. En septiembre, el Departamento de Estado, emitió una advertencia de viaje a esta ciudad y aconsejó que la “manera inmediata, práctica y confiable para reducir los riesgos de seguridad para todos los hijos es sacarlos de Monterrey”.

Adem dijo que la advertencia tuvo un fuerte impacto. “Prácticamente no recibimos a ningún estadounidense”.

Dice que la universidad aún tiene más de 600 estudiantes extranjeros de intercambio, de 50 países diferentes.

En el campus, los estudiantes dicen que están muy conscientes de la violencia. Pero se sienten seguros dentro de la Universidad.

“Cuando caminas hacia la escuela, no ves alguien que se le esté cortando la cabeza. Así como, no ves que se esté arrojando una granada”, dice Julian Cook, estudiante de sociología de Estados Unidos.

Sobre la violencia añade, “realmente no siento que sea muy diferente a Nueva York o Baltimore o Filadelfia”.

Raffael Hirt, estudiante de relaciones internacionales de Suiza, dice que está “un poco preocupado”, por la violencia, pero eso no impedirá que obtenga su titulo.

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Para Francesa, sin embargo, la violencia se acercó demasiado. Ella tomó la difícil decisión de sacar a su hija de la universidad a la que ella misma asistió hace décadas. La violencia, dice, “vino de la nada”, a una de las más increíbles ciudades de México.

“Fuimos jalados a esta situación sin tiempo para pensar o reaccionar”, dice. “Este es el tipo de atmosfera que estamos viviendo en México. Nadie puede vivir así, ni adultos ni estudiantes”.

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