El 'Triángulo Dorado', resguarda la droga entre el frío clima y la pobreza

Ubicado en una región compartida por Chihuahua, Sinaloa y Durango, esta zona es aprovechada por el narcotráfico por su clima y geografía
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| Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

La comunidad de Santa Rosalía, en el sur de Chihuahua, tiene en época de frío más plantíos de amapola -en cierta porción de su cañada- que viviendas con luz eléctrica.

Enclavada en la Sierra Madre Occidental, la localidad de menos de 400 habitantes está en la región que comparten Chihuahua, Sinaloa y Durango, donde el cártel del capo Joaquín El Chapo Guzmán cultiva droga que trafica a Estados Unidos, de acuerdo con el gobierno federal.

Desde la década de 1970 a esa región se le conoce como el Triángulo Dorado, pues los narcotraficantes han aprovechado la accidentada geografía de la sierra para sembrar marihuana y amapola, ocultarse, y recientemente producir drogas sintéticas.

El Cártel de Sinaloa, encabezado por Joaquín Guzmán Loaera, El Chapo, controla la siembra en buena parte de la sierra, pero también tiene presencia el Cártel de Juárez, su rival, señala a CNNMéxico un mando del Ejército cuya identidad pidió reservar por motivos de seguridad.

Agrega que los municipios de Guadalupe y Calvo, Morelos, Batopilas y Guazapares, en el sur de Chihuahua, son el vértice superior de ese triángulo.

Documentos difundidos por la Procuraduría General de la República señalan que en Sinaloa la región productora abarca desde el municipio de Cosalá hasta el de Badiruaguato, de donde es originario El Chapo; mientras que en Durango, la zona productora se concentra en los ayuntamientos de Tamazula, Canelas, y Topia. 

Entre enero de 2010 y mayo de este año, la 42 Zona Militar, con base en el municipio de Hidalgo del Parral, Chihuahua, ha destruido casi 60 mil cultivos de marihuana y amapola solo en la región que corresponde a ese estado, informó el comandante de la región

El trabajo para cientos de soldados desplegados de manera permanente es complicado. El terreno sinuoso de montañas, peñascos y barrancas les facilita a los sembradores su labor, y a las autoridades, avanzar en el combate en la producción de narcóticos.

El termómetro de Santa Rosalía


Santa Rosalía, comunidad perteneciente a Guadalupe y Calvo y en la cual el 25% de los pobladores son indígenas tarahumaras, es una muestra de la actividad del narcotráfico en la región.

En un día de recorrido, elementos del 76 Batallón de Infantería contaron más de 30 sembradíos de amapola en un tramo de 4 kilómetros de su cañada, a la cual se accede solo a pie y tras un descenso de 20 minutos por el escarpado monte.

De extensiones que iban de los 200 a los 2,500 metros cuadrados, los sembradíos de la planta que da flores de colores violeta, lila o blanco estaban esparcidos en los bordes del arroyo que serpentea en medio de la cañada.

Un mando medio del batallón explica que los frentes fríos que azotaron al noroeste del país permitieron este año que en mayo continuara la siembra de la planta, cuya temporada de cultivo va de los meses de noviembre a febrero.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), solo 16 de las 79 viviendas habitadas de la comunidad tienen energía eléctrica, y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas la catalogó en 2005 con un muy alto grado de marginación.

La carencia de servicios en la localidad, conformada por rancherías distantes unas de otras, contrasta con las camionetas que transitan en esta y otras comunidades cercanas.

La mayoría de los vehículos son de modelo reciente y no portan matrícula, un indicio de que son robados y utilizados en actividades ilícitas, señalan los militares.

Cultivar droga: medio de subsistencia

Los narcotraficantes pagan de 100 a 150 pesos diarios a los sembradores para cultivar amapola o marihuana en temporada de lluvias, entre septiembre y diciembre, dijeron los mandos militares entrevistados en mayo pasado.

En temporada de siembra, batallones de Infantería de otros estados del país refuerzan las operaciones de la 42 Zona Militar, ante los cientos de plantíos que son localizados en vuelos e incursiones por tierra.

“Es la forma de vivir de la gente, en toda la región de la sierra, es su forma de subsistir”, comenta un militar, que pide no revelar su identidad.

Cada kilo de heroína -producto final del cultivo de amapola-, vale en el mercado 71,600 dólares (unos 880,000 pesos), de acuerdo al gobierno federal.

Para conseguir un kilo de heroína se requieren 10 kilos de goma de opio, los cuales se obtienen de los bulbos de unas 2,500 amapolas.

El mando consultado indica que, tras ser recolectada en los cultivos de la sierra, la goma de opio es trasladada a laboratorios en poblados grandes de Durango, Sinaloa e incluso Zacatecas.

Agrega que para traficar la heroína y mariguana cosechada en la sierra hacia Estados Unidos, el Cártel de Sinaloa utiliza regularmente 2 rutas.

Una ruta parte de las montañas hacia Sinaloa en avionetas que realizan vuelos clandestinos y la otra, a través de vehículos recorren brechas desde el sur de Chihuahua hasta llegar a Ojinaga, ciudad fronteriza con Texas.

El Ejército detectó que, para evadir las operaciones militares, en los últimos meses el grupo delictivo utiliza una nueva ruta por brechas, carreteras y autopistas que inicia en Sonora, cruza Chihuahua, Coahuila, y Nuevo León, para ingresar los cargamentos por la frontera de Tamaulipas con Estados Unidos.

En 2010, un mando de la la 42 Zona Militar aseguró en total 250 toneladas de marihuana en el sur de Chihuahua, lo que permite dar una idea de la cantidad de droga que obtienen los cárteles en la sierra del Triángulo Dorado.

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