Los mayas chiapanecos aguardan un cambio de era, no el fin del mundo

Comunidades mayas en Chiapas viven sus tradiciones y ritos en apego a la herencia de su civilización, en un mundo que quieren 'reconstruir'
Autor: Ángeles Mariscal | Otra fuente: CNNMéxico

En Chiapas, los mayas están ajenos al supuesto fin del mundo. Para ellos, lo único que puede suceder este viernes es el cambio de una era.

“No sabemos qué tiempo más aguantemos —con vida—, pero aquí estamos en este momento, afortunados por vivir los cambios de la era”, dijo a CNNMéxico Miguel Sánchez Álvarez, indígena tzotzil descendiente de los mayas chiapanecos y doctor en antropología social.

Lo importante, explicó, es “mantener nuestra esencia e identidad y reconstruir este mundo con responsabilidad”.

Según Sánchez Álvarez, la globalización ha traído problemas a su cultura y los descendientes jóvenes han ido perdiendo su identidad.

De acuerdo con el calendario maya, el 21 de diciembre representa una fecha importante para la civilización, ya que, termina el 13 baktún que representa el final y el inicio de una nueva era.

Comunidades mayas sobreviven a siglos de historia 

“Los medios de comunicación y el consumismo nos han ido desdibujando (…) pero seguimos con nuestra cosmovisión, parte fundamental de la herencia que se refleja en la indumentaria, en los bordados y los tejidos de las mujeres indígenas”, añadió el antropólogo originario del municipio de Huixtán.

A pesar de esto, tradiciones ancestrales como los ritos dedicados a la naturaleza permanecen. En cada ceremonia que realizan y dedican a la madre tierra queman incienso, prenden velas y colocan ofrendas de maíz y semillas.

“Aquí estamos los mayas, seguimos existiendo, ya no en grandes ciudades-Estado, como Palenque o Yaxchilán, pero seguimos con nuestra cosmovisión, resurgiendo y revalorándonos. Estudiando qué pasó, cómo ocurrió y hacia dónde vamos”, dijo a CNNMéxico Domingo Gómez López, secretario general de la Universidad Intercultural de Chiapas y especialista certificado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (UNESCO) en la lectura de glifos (signos grabados, escritos o pintados).

Por ejemplo, en la comunidad de San Gregorio, en el corazón de la Selva Lacandona, los mayas oran en sus idiomas originales, que en esta región son el tzeltal y tzotzil. Agradecen a Dios Padre —Jesucristo—, a Dios Madre —la naturaleza—, y marchan por el centro del poblado formando un caracol, lo que para algunos estudiosos de la civilización maya significa que el tiempo es cíclico y no lineal.

En esta región, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene registrados al menos 40,000 sitios arqueológicos de diferentes tamaños, algunos con grandes observatorios y centros ceremoniales.

Pero hay otros semiocultos entre la maleza, y es ahí donde los descendientes de los mayas han construido sus propios poblados.

Esos mayas ‘actuales’, los que viven en comunidades como San Gregorio, desconocen el calendario maya, explicó Gómez López.

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“(Antes) para marcar los cambios de era, se levantaban estelas con epígrafes que después el gobernante interpretaba para su pueblo, a través de la cultura oral. Había escribanos y cargadores del tiempo, quienes explicaban a las personas del pueblo el significado”, explicó.

Sin embargo, los cargadores del tiempo desaparecieron y la mayoría de las interpretaciones actuales son realizadas por arqueólogos ajenos a la cultura, quienes al desconocer la tradición oral y el lenguaje maya se equivocan.

“Considero que los científicos mayas actuales tenemos la oportunidad de hacer interpretaciones más acertadas sobre los antiguos mayas y los mayas actuales. Los científicos sociales mayas ahora estudiamos para entender la raíz y para proyectar a dónde va la cultura maya. Nos estudiamos a nosotros mismos, para respondernos qué pasó, cómo ocurrió y hacia dónde vamos”.

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