El reto (¿y beneficio?) de ser madre en una prisión de la Ciudad de México

Según la tercera Encuesta a la Población en Reclusión del Distrito Federal, 86% de las internas en los reclusorios del DF son madres
Una cárcel en Venezuela alberga una discoteca
| Otra fuente: CHILANGO

La mayoría de las mujeres que cumplen una sentencia en alguno de los penales de la Ciudad de México tiene hijos.

¿Por qué les conviene embarazarse en la cárcel?

La tercera Encuesta a la Población en Reclusión del Distrito Federal, realizada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), en 2011, estima que 86% de las internas en los reclusorios del DF son madres.

En el penal femenil de Santa Martha Acatitla, aproximadamente 100 mujeres viven con sus hijos. A pesar de estar en condiciones de vulnerabilidad, hacinamiento, peligro y mala alimentación, la mayoría de ellas asegura que ser madre les garantiza ciertos beneficios: celdas mejor ubicadas, zona de lactancia o mejor ración de comida. Y así tienen un pretexto para no ser enviadas a penales de máxima seguridad, donde la presencia de niños no está permitida.

"Las presas utilizan su embarazo como arma para ganar beneficios. Saben que no las trasladarán a otro penal, al menos mientras el niño esté con ellas. Y nadie puede obligarlas a entregarlo a ninguna dependencia o institución", señala Elsa Romero, directora del Centro de Desarrollo Infantil (CENDI) en Santa Martha.

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El 60% de las reclusas se embaraza ya estando internada, debido a las visitas conyugales o porque sostiene relaciones sexuales con los trabajadores externos. El resto ingresa embarazada.

El Hospital General del Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan, en Xochimilco, reinaugurado en febrero de 2012, es uno de los encargados de atender a las mujeres embarazadas y a otros presos. Es el único de su tipo y da servicio a los más de 40 mil internos de los reclusorios de la ciudad.

Dentro del penal, las madres pueden llevar a sus hijos al CENDI, donde ellas deciden si quieren acompañarlos durante el día o dejarlos para tomar alguno de los talleres que van desde clases de música, pintura y teatro, hasta educación cívica y ambiental.

También existe una pequeña guardería improvisada en la que las mismas custodias cuidan a los niños de las mujeres que tienen que trabajar en algunos de los servicios dentro de la cárcel como la panadería, la tortillería o las tienditas.

Ni el CENDI ni la guardería improvisada tienen presupuesto federal asignado, así que trabajan con donativos de organismos no gubernamentales, asociaciones civiles y empresas. Aun así dan pañales y leche a los hijos de las internas.

Al cumplir los seis años, los niños son enviados con algún familiar o a algún albergue federal o de asistencia privada. La mayor parte de ellas no tiene un familiar que se ocupe de sus hijos, que se crían solos. Según la Encuesta a la Población en Reclusión del DF, los abuelos se encargan de los menores en la mayoría de casos, pero en casi 15% de éstos se desconoce el paradero de los niños.

La Fundación Familiar Infantil IAP es otra alternativa para las internas, pero la mayoría de ellas se muestra renuente a tomarla porque deben ceder temporalmente la custodia de sus hijos a la organización.

"Se niegan a ceder la custodia temporal de los niños porque pierden sus beneficios dentro del penal. Incluso hay mujeres que no entregan a sus hijos porque su familia las amenaza con quitarles la ayuda que les da", asegura Lucila Guzmán, directora de la fundación.

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La Casa de IAP es un hogar temporal donde los niños reciben los cuidados necesarios, y por la mañana van a la escuela, a la primaria o al kínder. Por la tarde, tras realizar sus tareas, asisten a talleres de repujado, alebrijes, dibujo o música. También toman clases de computación e inglés y asisten a terapia psicológica dos o tres veces por semana.

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La organización recibe niños de dos a seis años, pero solo de madres ya sentenciadas. Pueden permanecer hasta la mayoría de edad mientras asistan a la escuela, aunque gran parte de ellos se van cuando liberan a su madre.

Este es un fragmento de un artículo publicado en la edición de mayo de 2013 de la revista Chilango, que es parte de Grupo Expansión, una empresa de Time Inc. La firma edita en México 17 revistas y 11 sitios de internet, entre ellos CNNMéxico.com

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