OPINIÓN: En México, ¿el mal ya venció al bien?

El senador Ernesto Ruffo analiza los "graves aprietos" que enfrenta el Estado mexicano y quiénes son los responsables de la situación
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Autor: Ernesto Ruffo Appel | Otra fuente: 1

Nota del editor: Ernesto Ruffo Appel fue gobernador del Estado de Baja California, actualmente es senador por el Partido Acción Nacional (PAN) y presidente de la Comisión de Asuntos Fronterizos Norte. Síguelo en su cuenta de twitter: @RuffoAppel

(CNNMéxico) — La semana pasada vi un cartón del monero Rictus en el diario Reforma que me impactó: un águila sobre un nopal amenazada por la serpiente, con el ofidio encapuchado y con una antorcha sostenida con la cola... El mal venciendo al bien. Si esa imagen es representativa del México actual, entonces el Estado mexicano está metido en graves aprietos.

Pero, ¿cómo llegamos hasta donde nos encontramos actualmente? ¿Qué hicimos o dejamos de hacer para tener por más de un mes continuo el tema de la violencia como nota principal en los diarios nacionales y alcanzar titulares en los internacionales?

Es evidente que en algún punto se rompió la cadena de responsabilidades o del lado de los gobernantes por su corrupción y/o del lado de los ciudadanos por su falta de participación cívica. Esto desató una amenaza real, constante, del mal sobre del bien.

Para hablar sobre este juego eterno entre el bien y el mal, o, más que juego, el equilibrio de entre ellos, debemos partir de la entidad principal: el Estado (la persona moral que nos representa a todos los mexicanos) operado por los poderes de la República, los cuales hoy se encuentran débiles, muchas veces coludidos con el mal…

La descomposición, por lo tanto, empezó en el gobierno; desde dentro creció este gran monstruo que carcomió la unidad política. El mal, representado por el poder corruptor del dinero, se infiltró en la sociedad a grado tal de sumergir al país en una profunda indiferencia.

La paz es un proceso en el que hay que trabajar sin descanso. En este proceso deben de involucrarse todos los actores de la sociedad. Desafortunadamente, y hay que reconocerlo, la clase política carga con desconfianza e incredulidad.

Porque sí, lo que necesita el país es un proceso de paz y honestidad que permita fortalecer al Estado, para que el bien mantenga a raya al mal, porque la paz es fruto de instituciones fuertes. En México desde años atrás se dejó de aplicar la ley. Nos convertimos en espectadores de cómo se le acotó. Ahora más que nunca veo al gobierno arrinconado.

La autoridad supone reconocimiento, y ésta ha sido cuestionada en los últimos años desde distintos frentes: no creemos en sus representantes. Se requiere de autoridad moral, la cual se obtiene con la transparencia en la acción, necesitamos vencer a la corrupción.

¿El gobierno mexicano está dando esperanza o certidumbre? Lo dudo. La ciudadanía no está cohesionada, grave síntoma de la intranquilidad.

A raíz de los lamentables hechos por la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa han surgido grupos ciudadanos exigiendo justicia. Pero lo más importante, el tema de fondo, es que al tomar las calles estos ciudadanos están haciendo público el descontento y la inconformidad hacia el gobierno. Y esa inconformidad es ya malestar nacional.

¿El gobierno desacreditado, temido y temeroso podrá poner orden en el país? Encima tenemos en 2015 un año en el que habrá 17 procesos electorales y el ambiente no está para retroceder ante el mal. Es momento de responder.

Es momento de que el espíritu ciudadano nos impulse como mexicanos, que nuestras instituciones se fortalezcan con el deber cívico. Es el momento de que las élites ancestrales sean superadas por la razón de la nación.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ernesto Ruffo Appel.

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