El tratado de libre comercio entre México y la UE: ¿letargo a sacudir?

Existe una necesidad de revigorizar la cooperación birregional entre la UE y América Latina con esquemas económicos más innovadores
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Rina Mussali
Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2015: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico) — El 2015 es un año significativo para las relaciones entre México y la Unión Europea (UE). Se conmemora el 55 aniversario del establecimiento de las relaciones bilaterales y se cumplen los 15 años de la entrada en vigor del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación entre México y la UE, mejor conocido como el Acuerdo Global.

Enmarcado por estas celebraciones cabe preguntarse sobre los alcances, pendientes y retos de esta relación clave que deberá encontrar formas de modernizarse ante los condicionamientos geopolíticos y económicos que se destilan en este siglo XXI.

La arquitectura comercial global está siendo sacudida por los nuevos esquemas de integración económica que se negocian entre diferentes países y bloques. 

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La Alianza Trasatlántica de Comercio e Inversión entre Estados Unidos y la UE y el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) comandado por Estados Unidos para contrarrestar la influencia de China, cuyo armazón se detenta en la Asociación Económica Regional Comprensiva (RCEP, por sus siglas en inglés) traerá un efecto global y de arrastre para todas las economías. Estos nuevos andamiajes institucionales de gran calibre están obligando a México a renovar sus lazos económicos con el mundo.

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Los esquemas económicos más flexibles e innovadores que encuentran eco en el siglo XXI contrastan con los viejos acuerdos que se están oxidando.

Bajo esta dinámica el reto de la actualización y profundización del Acuerdo Global entre México y la UE se antoja clave para evitar su letargo, considerando también la firma del Acuerdo Económico y Comercial Global entre la UE y Canadá (CETA, por su siglas en inglés), otro ladrillo que fue sellado el año pasado, tras diez años de negociaciones y que le ha quitado brillo al Tratado de Libre Comercio entre México y la UE (TLCUEM).

Tras 15 años del TLCUEM las condiciones de ambas partes han variado tanto que su renovación resulta necesaria. No perdamos de vista que este tratado comercial que fue pionero en América Latina y que se firmó inicialmente con una Unión Europea integrada por 15 países miembros, hoy alcanza a un club conformado por casi el doble, 28 naciones que incluyen a Europa del Este, este bloque que tomó la decisión geopolítica y estratégica de sumarse a la órbita de influencia de Bruselas, lo que pronto implicó mano de obra calificada y costos muy bajos que representaron competencia para México.

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La necesidad de imprimir un mayor dinamismo al TLCUEM también deviene de la situación que enfrentan las pequeñas y medianas empresas que no están lo suficientemente conectadas para aprovechar y sacar ventajas de las oportunidades que ofrece el tratado. Asimismo, el comercio entre México y la UE se concentra en perímetros muy definidos y destinos no aprovechados de la relación bilateral.

México tiene como principales socios comerciales a España, Alemania, Países Bajos, Reino Unido y Francia y ha volteado a ver menos a otros países de Europa del Este y de la región de los Balcanes.

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Por otro lado, la UE no ha podido descentralizar sus vínculos comerciales que tan sólo se concentran en siete estados de la República Mexicana, el DF, Estado de México, Quintana Roo, Jalisco, Nuevo León, Puebla y Baja California Sur, y más del 90% de la inversión procedente del bloque europeo, se limita a seis de las más de 30 entidades federativas de nuestro país.

La relación económica entre México y la UE se ha empoderado después de 15 años del TLCUEM. Según datos del COMEXI –este centro de pensamiento dedicado a los asuntos internacionales- el crecimiento del comercio total entre la UE y México desde 1999 hasta el 2014, justo antes de firmar el tratado fue del 247%.

De esta manera la UE se coloca como nuestro tercer socio comercial y segunda fuente más importante de inversión extranjera directa (IED), aportando un 39% del total de la inversión en México desde el año 2000.

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El TLCUEM, el primer paso comercial del viejo continente en América del Norte y el primero en su tipo en América Latina debe maximizarse para ganar-ganar y acoplarse a los nuevos condicionantes internacionales.

Esta pieza clave busca aceitarse junto con el pilar de la concertación política y la cooperación y bajo la incorporación de otros rubros como el sector agrícola, las compras gubernamentales –para incluir a gobiernos estatales y municipales-, el transporte y la inversión. Además, nuevos temas entrarán a la agenda de negociaciones como el desarrollo sostenible y la energía.

Especial interés cobra el rubro energético para la UE con la reforma histórica aprobada en México. Bruselas está buscando fuentes alternativas de energía frente a la situación de dependencia que enfrenta y de cara a las relaciones friccionadas con Moscú como producto de la crisis política en Ucrania y la anexión de Crimea por parte de Rusia. Precisamente buscar nuevos socios estratégicos es la apuesta que reducirá su vulnerabilidad energética.

En este contexto, no podemos esquivar el establecimiento de la Asociación Estratégica entre la UE y México para elevar la ambición política de la relación bilateral, el marco institucional que solamente Bruselas celebra con diez países del mundo.

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Este reconocimiento y tratamiento de México en calidad de socio estratégico nos ha permitido potenciar el diálogo sobre temas globales y regionales y nuestra interlocución en foros y organismos multilaterales.

La agenda del cambio entre México y la UE también está tocada por la necesidad de revigorizar la cooperación birregional entre la UE y América Latina. Un nuevo impulso al vínculo trasatlántico fue analizado y debatido en la II Cumbre de la UE-CELAC el pasado 10 y 11 de junio en donde participaron 61 países.

Señales de fatiga se hicieron sentir con la mirada introspectiva que la UE padeció como producto de la peor crisis económica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que ralentizó su acercamiento con América Latina.

Mientras que Europa ha minado su peso y talla internacional, América Latina camina dividida y dispar en cuanto a sus modelos de desarrollo político y económico. Además el crecimiento anémico y todavía poco vigoroso de Europa se empalma con el fin del ciclo virtuoso de la economía latinoamericana que está vinculada a la caída de los precios internacionales de las materias primas.

Por último y no menos importante el ascenso de China ha impactado las relaciones entre la UE y América Latina. El gigante asiático ha llegado para quedarse y este hecho ha desbancado a los países europeos como actores económicos de primera importancia.

Gran parte del comercio que practicaba América Latina con el viejo continente se ha desviado hacia Asia, siendo China el principal país demandante de materias primas. No olvidemos lo que nos recuerda la CEPAL, China con tan sólo el 7% de las tierras cultivables y el 6% de los recursos hídricos del mundo debe alimentar al 22% de la población mundial, por ello América Latina se ha convertido en su principal fuente de alimentos.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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