El trauma del sismo: los síntomas, consecuencias y recomendaciones

El estrés agudo, postraumático y de adaptación pueden terminar por afectar tu productividad y hasta incapacitarte. ¿Te está sucediendo?
Qué hacer ante el trauma que provocado por un evento como el sismo
Jimena Tolama /
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

A cuatro días del sismo magnitud 7.1 que sacudió a seis entidades del país, un fenómeno viral comenzó a apoderarse de la mente, afectos y salud de miles o, quizás millones de personas, que no necesariamente se vieron afectados directamente por la tragedia.

Alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad, re experimentación de la tragedia, dolores o sobresalto repentino, reacciones físicas y mentales son apenas el inicio de una larga lista de síntomas que, de no atenderse en las primeras horas y días posteriores a la tragedia, podrían convertirse en un estrés postraumático o adaptativo, que terminaría por comprometer su salud y productividad, aseguran expertos.

“Es normal que los presentemos todos, posiblemente nos duren hasta tres meses y empiezan a desaparecer sin ninguna intervención o medicamento”, explica a Expansión el académico e investigador de la facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Benjamín Domínguez.

Sin embargo, la directora clínica de la plataforma de atención psicológica en línea Te Queremos Escuchar, Isabel Navarro, dice que, incluso, pueden prolongarse hasta los seis meses o más. “Si esto sucede, entonces ya es una situación de incapacidad que requiera alguna atención especializada”.

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Estrés agudo: los síntomas

Es posible que en las primeras horas y días posteriores al sismo, las personas que se vieron afectadas indirectamente –es decir, que no fueron sobrevivientes, lesionados o perdieron algún bien material- comiencen a presentar una sintomatología de estrés agudo.

Estas reacciones son sinónimo de una actitud de negación o defensiva ante cualquier amenaza, situación impredecibles o peligrosa.

Re experimentación. Son recuerdos que invaden el pensamiento y sobre los que no se tiene control, ya que recuerdan constantemente las imágenes de lo vivido. Y no solo es el recuerdo, sino que también lo vuelven a vivir intensamente.

Afectación a la memoria sensorial o corporal. Comienzan a escuchar la alarma sísmica, pero en realidad no está sonando. También, sienten cómo se mueve el piso, pero en realidad no está temblando. Incluso pueden escuchar ruidos que simulan el sonido de paredes o techos quebrándose.

Insomnio, ciclos de sueño alterado o pesadillas. El sueño se ve completamente trastornado. La gente tiene miedo de quedarse dormida y no escuchar la alarma sísmica o no darse cuenta de que está temblando.

Sensación de impotencia. Algunas personas pueden decir “a mi no me pasó nada, pero siento mucho dolor por lo que les pasa a los demás”.

Bloqueo emocional. Por el contrario, hay quienes experimentan barreras psicológicas para ser empáticos con la tragedia o el dolor ajeno, pero a la vez se asustan y se preguntan “por qué soy tan insensible al ver sufrir a las personas y no siento nada”.

Apego a lo material. También están quienes sufren al perder sus cosas y hasta arriesgan la vida para entrar a sus casas y sacar lo que más puedan.

Dolor físico. Las personas también pueden somatizar el impacto a través del cuerpo y comienzan a tener problemas inflamatorios, como de migraña, gastritis o colitis.


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Estrés postraumático: los síntomas

Una vez que pasan estos primeros avisos de estrés agudo durante los primeros días, hay personas que comienzan a arrastrarlos durante semanas o meses. “Aquí es cuando entra el estrés postraumático”, aclara Navarro. Los síntomas son muy parecidos al agudo, pero a estos se suman:

Irritabilidad, cólera y enojo. Son provocados por el mismo insomnio, cansancio, aplanamiento afectivo y ausencia de la rutina habitual. Además de un estado de poco entendimiento sobre lo sucedido.

Ansiedad. Todo esto deriva en evasión de muchas cosas. Las personas, por tanto miedo y angustia, comienzan a evitar cosas como lugares o sentimientos. Esto dificulta la planeación del futuro inmediato, en cuanto a citas o actividades.

Bloqueo de recuerdos. Contrario a la re experimentación, ya no podrán recordar algunos aspectos del suceso.

Relaciones sociales. Las actividades cotidianas como las citas de comida, cenas o fiestas se trastocan, porque prefieren estar con su familia o no salir de su casa.

Las afectaciones en el trabajo

Los dos tipos de estrés, principalmente en la etapa aguda, afectan por completo a la funcionalidad del individuo, señala Navarro, pues las personas no quieren separarse de sus familias, mucho menos ir a trabajar o mandar a sus hijos a la escuela.

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“Dejamos de ser funcionales porque el malestar nos sobrepasa y esto disminuye nuestra capacidad de realizar actividades habituales, de concentración. No hay ganas de hacer nada”, dice la psicóloga de Te Queremos Escuchar.

Es en esta etapa cuando llega a presentarse un trastorno de adaptación, que puede traer consigo consecuencias de productividad.

“Las empresas deben tomar en cuenta que los colaboradores tardarán en promedio tres meses para que vuelvan a sus niveles óptimos de producción”, advierte Domínguez, que desde hace 32 años, cuando ocurrió el sismo de 1985, estudia el comportamiento de las personas afectadas directa o indirectamente.

¿Cómo regresar a la normalidad?

Desde la madrugada del miércoles, Te Queremos Escuchar ha atendido más de 500 llamadas de personas en estrés agudo que más allá de pedir consejo o interpretación buscan desahogar lo pensado o vivido. Navarro y Domínguez señalan que es importante retomar poco a poco las cuestiones cotidianas.

Estas técnicas son para que por lo menos este periodo de tres a seis meses sean menos tortuoso y puedan ir desapareciendo gradualmente. Y no, faltar al trabajo no es una opción.

1. Toma pequeñas decisiones cotidianas y no las pospongas.

2. Mantente ocupado, así irás disipando los pensamientos del suceso que han estado invadiendo tu mente. Es por eso que regresar al trabajo lo antes posible ayuda.

3. Date permiso de descansar lo suficiente para recobrar fuerzas, pues cuando menos te lo esperes, “experimentarás un bajón de 100 a 0”, dice Navarro. El cuerpo ha estado expuesto a grandes niveles de estrés y la adrenalina consume mucha energía.

4. Come balanceada y regularmente. ¿No tienes ‘ni ganas de comer’? Es común que por el susto el apetito desaparezca, pero debes de retomar los hábitos de alimentación, aunque no quieras.

5. Si tienes insomnio, escribe, ponte a leer o haz algo que requiera actividad física.

6. Evita hablar con tus familiares o círculo de amigos sobre la tragedia porque no dejas que la angustia se vaya, al contrario, la mantienes viva.

7. El apoyo social para el desahogo es importante; habla con tus amigos o familia, llora, grita, pero desahógate.

8. Haz ayuno de noticias y desconéctate por lo menos el 50% de tu tiempo, porque ver la televisión, escuchar la radio o leer los periódicos vuelve a traumatizarte.

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9. Hidrátate.

10. Si conoces o practicas alguna técnica de relajación, es el momento de practicarla.

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