Los jóvenes hacen frente al sismo de su generación

Por:
José Roberto Cisneros

Sus padres les platicaban del 85, pero hasta ahora dimensionan una catástrofe como ésta; la unidad es la lección que aprenden afuera de las aulas y ahora les toca ayudar a que México salga adelante.

De lo #viral a lo masivo

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Voluntarios  Cientos de jóvenes acuden a las zonas siniestradas para ofrecer ayuda, son tantos que en ocasiones 'sobran manos'.  (Foto: Jesús Almazán)

Las calles de la Ciudad de México están llenas de jóvenes tras el sismo del 19 de septiembre, que sembró con edificios derrumbados a esta capital, de norte a sur.

Para los capitalinos, los sismos son parte de la vida en esta ciudad, pero para los de menor edad, uno como el ocurrido también un 19 de septiembre, pero de 1985, era solo una leyenda contada por padres, tíos y abuelos en los domingos familiares. Ahora, a su generación le tocó una experiencia de este tipo que la dejará marcada.

Aprovechando que no hay clases, los veinteañeros salen de sus casas para aprender una lección de vida: México unido.

Cada cual busca la mejor forma para poner su experiencia, sus herramientas o su simple voluntad de ayuda al servicio de las tareas de rescate, remoción de escombros, limpieza, organización de cuadrillas, atención a brigadistas, donación y distribución de víveres... todos quieren poner su ‘granito de arena’ y son tantos que tienen que hacer filas en espera de poner manos a la obra.

Mientras esperan, entonan el “piensa, oh patria querida, que el cielo un soldado en cada hijo te dio” o el “cielito lindo”, o arman oraciones colectivas en cualquiera que sean sus creencias, sin permitir que los ánimos sucumban ante la tragedia.

En medio del ajetreo, estos rostros sudorosos y rojos por el sol nos cuentan cómo contribuyen a que su país se ponga de nuevo de pie.

Jan y su mejor amigo

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Binomio  Jan y Ben han buscado sobrevivientes en un par de derrumbes ocasionados por el sismo del 19 de septiembre de 2017.  (Foto: Jesús Almazán)

De sus 27 años, Jan Zúñiga ha dedicado 10 a entrenar perros, ocho de los cuales los ha compartido al lado de Ben. Humano y labrador han recorrido los edificios caídos de la colonia Santa Cruz Atoyac y de Cuajimalpa, y ahora están pendientes de que se les requiera en Álvaro Obregón 286.

“Vengo a apoyar a las brigadas con mi perro que está entrenado para búsqueda y rescate. Hasta ahorita no hemos tenido suerte, solo personas fallecidas... bueno, afortunadamente en Cuajimalpa no había nadie entre los escombros. Ahora estamos aquí a ver en qué podemos apoyar (...) Ayer (aquí) todos los perros se lastimaron y necesitaban relevos”, comenta.

No bien habían salido del shock, Jan y Ben pusieron manos y patas a la obra. “Creo que hasta días después te cae el 20. Yo estaba a aquí justamente ese día a las tres de la tarde, veía todo pero no entendía nada. Poco a poco veía en qué podía ayudar”, comenta a unos metros del edificio colapsado de seis pisos.

El voluntario extrae una lección de humanidad y una reflexión sobre solidaridad.

“Creo que vamos bien, que nuestra generación se ha puesto más las pilas. En Cuajimalpa había gente del ITAM, de la Anáhuac, que en su vida se imaginaba estar ahí, pero ellos realmente lo hacían por ayudar, pero es triste ver que ellos ayudaban muchísimo y a los vecinos no les importaban sus vecinos (...) Ayer (jueves) fui a Cuajimalpa, y no todos hacen lo que pueden, creo que pueden poner un granito más de arena, otros compañeros de la brigada fueron a Morelos y no había llegado ayuda”, lamenta.

“En la Cruz Roja me tocó ver que pedían 'Lleva esto a Morelos', 'No, me queda muy lejos'. No, si tienes muchas ganas de ayudar, no te importa ir a donde sea. Muchos lo hacen por cumplir”, agrega.

Otro aprendizaje que Jan espera le quede a la sociedad mexicana es el respeto para los animales, luego de que relata que tras trabajar en labores hasta las tres de la mañana, no encontró quien a su vez tendiera la mano a su binomio. "Me tuve que regresar caminando a mi casa, ningún taxi ni nadie me quiso subir a su coche con mi perro, que está rescatando vidas”, cuenta con la barba de varios días sin rasurar.

Líder

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Organización  Los cientos de voluntarios requieren ser organizados y canalizados a donde se les necesita.  (Foto: Jesús Almazán)

Guillermo Gastón corre, da instrucciones, organiza grupos, ofrece capacitación exprés de un minuto en señas básicas, motiva a sus equipos. Lidera a decenas de voluntarios quienes, con equipo en mano, están a la orden para remover escombros en distintos puntos de la Ciudad.

“Estamos organizando las cuadrillas y las brigadas de emergencia. Hay mucha gente que quiere ayudar, yo lo sé, pero necesitamos más especialistas”, dice este diseñador gráfico de 28 años en un punto de encuentro instalado cerca del Parque México.

Aunque prometió platicar unos minutos con Expansión, las necesidades no cesan y debe despedirse para fungir de enlace entre los brigadistas y los responsables de los trabajos.

Guillermo corre, y a la distancia voltea para reclamar más voluntarios para zonas más alejadas del centro de la Ciudad. "Nadie quiere ir al Estado de México", reprocha.

"Ahora entiendo a mis papás"

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Madurar  La emergencia ha propiciado que Luis Ángel tome conciencia sobre su futuro y su país.  (Foto: Jesús Almazán)

Luis Ángel Laureano Carrillo, estudiante de prepa de 15 años, ha repartido su tiempo entre la distribución de víveres y la entrega de medicinas, entre los diversos puntos con necesidades en el corredor Roma-Condesa.

Puede ser que ‘hacer mandados’ sea parte de la experiencia de muchos jóvenes, pero estas condiciones le imprimen mucho mayor valor a la vivencia.

“Esto nos deja muchas enseñanzas porque el (terremoto) del 85 no lo vivimos, pero ahorita estamos viviendo algo parecido y ahora entendemos en parte lo que vivieron nuestros papás”, comenta.

Y el aprendizaje es masivo. “He visto que (la organización) surge más de la gente. Hay muchos jóvenes (...) Eso demuestra que somos un país muy unido, que estaremos en las buenas y en las malas también apoyándonos”, ve Luis Ángel hacia futuro.

La lección de la unidad

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Atención  Los trabajadores en las zonas colapsadas requieren cuidados médicos, debido a las lesiones o contratiempos generados durante las labores.  (Foto: José Roberto Cisneros)

El pabellón médico cercano al derrumbe de Álvaro Obregón 268, donde cerca de 30 voluntarios atienden a los rescatistas, elementos de seguridad y demás brigadistas a cargo de los trabajos, precisa quien coordine los requerimientos con los demás voluntarios, labores en las que Andrea, de 28 años, contribuye.

A la vez, esta función se conecta con la distribución de insumos que se necesitan en el área de escombros, los cuales están disponibles en los múltiples centros de acopio de la zona, que están abarrotados de las donaciones que vecinos han llevado desde el martes.

“Estoy impresionada de toda la ayuda que se ha tenido no solamente aquí, sino en todos los lugares donde ha habido derrumbes y en los estados, es bastante, a veces hasta sobran manos, gracias a Dios. Ojalá que México siga unido”, enfatiza tras instruir a otra joven médica sobre las formas en que puede ofrecer sus servicios.

Andrea sabe que esta ocupación es pasajera, pero confía en que el aprendizaje se quede tatuado en el carácter de la juventud mexicana.

“Este tipo de experiencias que estamos viviendo nos van a servir a futuro para saber que sí podemos unirnos, lograr mucho y hacer un equipo. Para los jóvenes y chavos de todos los estados que estamos en esto es una experiencia que nos va a marcar muchísimo, para que en un futuro sepamos que si necesitamos ayuda, apoyo, unirnos, lo lograremos”, manifiesta.