El empresario que reina en Tailandia

Bhumibol Adulyadej mantiene a flote la frágil economía tailandesa gracias a sus empresas; las acciones que posee el rey valen casi cinco veces el promedio de las emisoras de la BVT.
Bhumibol Adulyadej es respetado por su pueblo y los inversio  (Foto: )
William Mellor

En Tailandia, los lunes son amarillos. Las banquetas, los trenes, la comida condimentada con curry, los trajes de los CEO y los de los barrenderos, todo y todos se pintan de color canario en este país con 90% de población budista para conmemorar el día de la semana en que nació Bhumibol Adulyadej, el monarca con el reinado más largo del mundo.

El entusiasmo que genera Bhumibol no sólo se limita a la población tailandesa, los inversionistas que invierten en ese país también están felices por los 5,000 millones de dólares en acciones que el rey controla, a través de la Crown Property Bureau (Oficina de Propiedades de la Corona), compañía que estableció el gobierno tailandés para el manejo de las inversiones del monarca de 79 años.

Gracias a esta empresa, la economía resiste mejor las turbulencias que enfrenta el país. En 1997, una devaluación del baht (la moneda local) provocó un desastre financiero en Asia, y en Tailandia (la segunda economía del sudeste asiático) causó que la insurgencia musulmana intentara tomar el poder.

Durante el conflicto, las acciones en manos de Bhumibol se comportaron extraordinariamente, a diferencia de las de otras compañías listadas en la Bolsa de Valores de Tailandia (BVT). “El rey es una roca para su sociedad”, dice Judy Benn, directora de la Cámara de Comercio de Tailandia.

Bhumibol posee 30% de las acciones de Grupo Cementos de Siam, el conglomerado industrial más importante de Tailandia, que cuenta con 24,000 empleados; sus acciones valen casi cinco veces el promedio de las de emisoras de la BVT.

El rey también posee 21% del Siam Comercial Bank, que en el último año subió el precio de su acción 42%, casi el doble que el resto de la BVT. Además, es accionista mayoritario (87%) de la aseguradora Deves Insurance, que creció 500% en valor accionario desde junio de 1998.

En diciembre de 2006, el ejército tailandés derrocó pacíficamente al Primer Ministro Thaksin Shinawatra, pero la bolsa local, tercera con mayor crecimiento en el mundo (136%) durante 2006, cayó sólo 15 puntos, el equivalente a 23,000 millones de dólares.

En lo que va del año, la BVT tenía el índice de ganancias más bajo de los 14 mercados asiáticos que sigue Bloomberg. “Es excelente momento para invertir. Es tan barato que con una recuperación de 40% se alcanzaría al resto de los mercados”, comenta Doug Barnett, del fondo Bangkok Quest Management, con activos por 320 millones de dólares, algunos provenientes de magnates como Julian Robertson y John Templeton.

Gary Evans, estratega de acciones de HSBC en Hong Kong, ve 70% de probabilidades de que se restablezca la democracia en Tailandia a principios de 2008. “El mercado podría crecer dramáticamente, hasta 50%”, señala.

El próximo 25 de noviembre, si la junta militar aprueba un borrador de la constitución local que analiza desde julio, podría haber elecciones en esa nación.

A la junta militar le interesa atraer a inversionistas extranjeros. El país, con 65 millones de habitantes, es el principal armador de autos del sureste asiático, el mayor exportador global de arroz y tiene una política agroindustrial tan estable como los 61 años de su rey en el trono.

Sigue siendo el rey

Criticar al rey es un crimen en Tailandia. Bhumibol, de rostro serio y con su postura todavía erguida, ha sabido conservar el poder pese a 18 golpes de Estado y 26 cambios de primeros ministros. En 1932, un grupo de militares y funcionarios públicos puso fin a la monarquía absoluta y la familia real tomó un papel simbólico, similar al de la reina Isabel II en Inglaterra.

Para 1935, el rey Prajadhipak abdicó. El heredero de la corona era el hermano mayor de Bhumibol, Ananda Mahidol, que tenía 10 años y vivía en Suiza.

Al cumplir 20 años, Ananda viajó a Tailandia para su coronación, pero seis meses después lo encontraron muerto en su cama, en el Gran Palacio de Bangkok, con un disparo en la frente y una pistola a su lado. Tres hombres fueron acusados de homicidio y ejecutados en 1955, aunque para los historiadores el caso es un misterio sin resolver.

Así, Bhumibol ascendió al trono a los 18 años. Tras estudiar ciencias políticas y leyes en la Universidad de Lausana, Suiza, viajó por el campo tailandés para echar a andar granjas, pescaderías y proyectos de riego, con lo que se ganó el apoyo de su nación, con más de 50% de pobres.

“La popularidad del rey le dio fuerza a la familia real”, escribe Paul Handley, en su libro El rey nunca sonríe. La familia real solicitó al gobierno la devolución de propiedades y acciones que les quitaron en 1932. Se los concedieron, pero a cambio, Bhumibol y su familia dejaron el Gran Palacio y se mudaron al palacio Chitrlada, más pequeño.

Rama I, el tatarabuelo de Bhumibol, fundó la dinastía Chakri en 1782. Mongkut, el cuarto rey de la dinastía que gobernó de 1851 a 1868, fue inmortalizado en el musical El rey y yo, cuya versión para cine, estrenada en 1956, con Yul Brynner, está prohibida en Tailandia.

El quinto monarca Chkri, Chulalongkorn fundó en 1906 el primer banco del país, Siam Commercial. Y para 1913, el rey Vajiravudh inició Cementos de Siam.

Bhumibol, conocido como Rama IX por ser el noveno rey de la dinastía Chakri, se casó en 1950 con Mom Rajawongse Sirikit Kitiyakara,  hija del embajador tailandés en Francia. Tienen cuatro hijos: el príncipe de la corona, Maha Vajiralongkorn, de 55 años, y tres mujeres.

 En 1956, Bhumibol se rasuró la cabeza y vivió como monje dos semanas, como se acostumbra en su país. Toca el saxofón y compone música que ha llegado a Broadway. En los últimos 40 años, sólo dejó su tierra una vez para visitar a su nación vecina, Laos.

Economía (in) suficiente

Pese a su riqueza, Bhumibol no vive como magnate. Según su biógrafo Handley, come arroz integral barato, por sus beneficios para la salud. Su objetivo ha sido establecer una ‘economía suficiente’. Dice que prefiere un desarrollo constante y sostenible, en lugar de rápido y de alto riesgo.

Con frecuencia, los inversionistas consideran que la estrategia económica del rey es una fuerza estabilizadora. “La Oficina de Propiedades de la Corona trata de nunca dañar su reputación, o la del rey”, dice Michael Backman, autor de El eclipse de Asia: el lado oscuro de los negocios.

La desaceleración en la economía tailandesa ha afectado las posesiones del rey. Para 2007, el crecimiento de Tailandia podría caer a 3.5% en contraste con 5% de 2006, apunta el banco central de ese país.

Cementos de Siam y Siam Comercial Bank aportaron 80% de los 400 millones de dólares que obtuvo en 2006 la Oficina de Propiedades de la Corona, estima Bloomberg.

Durante 2006, el baht se apreció 16% frente al dólar y afectó a los exportadores tailandeses; la automotriz Ford advirtió en enero que podría cancelar una inversión por 100,000 millones de dólares en una planta en Rayong, y el turismo sólo crecerá 7% este año, en lugar de 20% de 2006.

Además, el riesgo político aumenta: los enfrentamientos con musulmanes han cobrado ya 2,000 vidas desde 2004.

La crisis

En 1997, el desastre financiero llegó a Tailandia. El baht se devaluó de 25 a 55 unidades por dólar. Cientos de compañías colapsaron; 50% de los préstamos bancarios se cayeron.

En diciembre de ese año, durante su discurso de cumpleaños, Bhumibol definió sus objetivos: “Se pensó que Tailandia se convertiría en un pequeño tigre y después en un gran tigre. La gente se estaba volviendo loca para lograrlo, pero tenemos que dar, con cuidado, un paso atrás”.

En medio del desastre, las compañías del rey se destacaron por su transparencia. Los ejecutivos hablaron con los acreedores para reestructurar la deuda. Cementos de Siam emitió bonos de deuda con un valor de 2,500 millones de bahts (79.4 mdd) para renegociar y pagar sus préstamos en moneda extranjera.

Pero no sucedió lo mismo en otras empresas. Thai Petrochemical Industry dejó de pagar sus intereses sobre deuda en 1997 y ocho años después fue embargada.

Chirayu Isarangkukn Na Ayuthaya, director general de la Oficina de Propiedades de la Corona y administrador del rey, explica que la empresa “sólo invierte en negocios que fomentan el valor social y económico, y que, al mismo tiempo, están relacionados con la monarquía y la historia del país”.

Goldman Sachs Group ya padeció, en 1999, por esa estrategia del rey. El banco hizo una oferta de 46 millones de dólares para comprar el Rajadamri Hotel de Bangkok. Tanto el rey como su oficina de propiedades se negaron a vender su 13% de participación en el hotel y Goldman sólo obtuvo 41% de la propiedad.

Como nunca consiguió el control, Goldman vendió el Rajadamri cuatro años después, por 19 millones de dólares.

William Heinecke, estadounidense nacionalizado tailandés, participó en la operación: “Éramos accionistas minoritarios, convencimos a otros y decidimos no ceder”. Él dirige ahora Minor International, el mayor operador hotelero de Tailandia; Bhumibol es el quinto accionista del grupo.

El rey ha muerto, viva el rey

Una nube ensombrece el horizonte de Tailandia: la sucesión. Poca gente se atreve a tocar el tema en público.

El próximo 5 de diciembre Bhumibol cumple 80 años. Padece males en la espalda, el corazón y la próstata. Lo más probable es que lo suceda su único hijo varón, el príncipe Vajiralongkorn, quien estudió una carrera militar en Australia, está casado y tiene hijos.

La hija soltera del rey, la princesa Sirindhorn, tan popular como su padre, podría ser otra opción. En 1974 se cambió la constitución para que una mujer pudiera acceder al trono.

Korn Chatikavanij, ex presidente de JP Morgan Chase y subsecretario del Partido Demócrata en Tailandia, explica: “Los cambios generan incertidumbre, pero el respeto por el rey trasciende y refleja un profundo e instintivo respeto por la institución”.

Aun así, sin el monarca del reinado más largo del mundo, los inversionistas podrían tener un signo menos de estabilidad cuando naveguen por las orillas turbulentas de la economía de Tailandia.

Bloomberg

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