Carlyle se regenera e invierte en México

El grupo cerró un primer fondo para adquisiciones en México con 134 millones de pesos; realizó dos de las cinco transacciones más importantes de capital privado en el país desde 2005
El equipo completo de Carlyle en México (Adán Gutiérrez)  (Foto: )
Ricardo J. Galarza
CIUDAD DE MÉXICO -

El Grupo Carlyle, la firma de capital privado más grande del planeta, inició hace tres años una de las más profundas y rápidas transformaciones que se conocen en el mundo corporativo estadounidense. La empresa, fundada en Washington en 1987 al amparo del poder político de la superpotencia, siempre ha estado asociada, en el imaginario colectivo, a la familia Bush, a la industria armamentista y a los miembros más prominentes de la derecha estadounidense.

Vilipendiada por sus enemigos políticos y acusada por sus críticos de todo tipo de imputaciones (desde tráfico de influencias, hasta lucro bélico, pasando por conspiración y alta traición), su mala imagen alcanzó ribetes de escándalo a principios de 2002, cuando diversos informes de prensa comenzaron a revelar que la firma también manejaba inversiones sauditas y, en particular, de la familia Bin Laden, con lo que se ganó el repudio de un amplio sector de la opinión pública estadounidense.

A partir de ese momento, la empresa experimentó un cambio de imagen radical, ampliamente documentado en la edición del 12 de febrero de la revista Business Week, que incluyó el retiro inmediato del dinero de los Bin Laden, la salida de George Bush padre como alto asesor, la de su secretario de Estado y amigo James Baker como socio de la empresa y la del ex primer ministro conservador británico John Major como presidente de Carlyle Europa. El propio presidente del grupo desde 1992, Frank Carlucci, quien fuera secretario de Defensa de EU durante la presidencia de Ronald Reagan, también fue removido, y su lugar fue tomado por el reputado ex presidente de IBM Louis Gerstner.

La transformación de Carlyle no fue un mero maquillaje, ni un simple cambio de directivos. La firma se redefinió por completo, y algunos expertos sostienen que transformó la propia naturaleza del negocio del capital privado. La firma maneja hoy cerca de 50 fondos en todo el mundo y ha acometido una agresiva diversificación de su portafolio, antes concentrado en compañías de defensa que tenían negocios con los gobiernos.

En los últimos tres años ha incursionado en sectores tan disímiles como energía, telecomunicaciones y transporte, salud, bienes raíces y tecnología; y en diversas partes del mundo: desde Europa y Asia, hasta América Latina. La prensa especializada lo ha bautizado ‘El gran experimento’ y ha convertido a Carlyle en la mayor compañía de capital privado del mundo, con 55,000 millones de dólares (MDD) en activos y 85,000 MDD en inversiones comprometidas para el año en curso.

Parte de ese ‘gran experimento’ de Carlyle fue su entrada a México, en enero de 2004. En ese entonces contrataron al ex banquero Joaquín Ávila, veterano en inversiones de capital privado, con experiencia en numerosas transacciones de alto perfil, y a Luis Téllez, quien recientemente se desligó del proyecto para ocupar la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el gobierno federal, invitado por el presidente Felipe Calderón.

Ahora, como director general de Carlyle México, Ávila encabeza un equipo de hombres de negocios (y como él, todos son egresados de las mejores universidades de Estados Unidos), enfocados en multiplicar la presencia del fondo en el país. Se trata de Miguel Valenzuela, de 43 años de edad, y Rodrigo Fonseca, de 39, ambos vicepresidentes; Andrés Obregón, de 31 años, asociado, y Alberto Gómez Obregón, de 25, analista financiero.

Recientemente, cerraron un primer fondo para adquisiciones en México con 134 MDD, y tienen detrás a los mayores y más reconocidos fondos de pensión de EU. Hasta ahora, han realizado dos grandes transacciones en el país, ambas en la vecindad de los 20 MDD: la compra de la Universidad Latinoamericana (ULA), en septiembre de 2005, y la del centro de atención telefónica Hispanic Teleservices Corporation (HTC), que adquirió de otro fondo, JP Morgan Partners, en enero de 2006.

El tamaño ideal de empresas mexicanas que Carlyle busca incorporar a su portafolio está entre los 20 y los 50 MDD. "Aquí en México hay una percepción equivocada de que Carlyle es un monstruo que sólo compra Bellas Artes, el Paseo de la Reforma y la selección nacional. Nada que ver con lo que hemos hecho y nada que ver con lo que queremos hacer", comenta Ávila.

"El modelo que ha aplicado Carlyle para México me parece muy atinado, apostándole a gente que tiene experiencia en el mercado local y adquiriendo compañías de un tamaño muy representativo", afirma Víctor Esquivel, socio de la firma KPMG Cárdenas Dosal, quien ha seguido las operaciones del fondo en México desde el llamado due diligence, la etapa de análisis previo a toda adquisición en las inversiones de capital privado. Esquivel pronostica que invertirán su fondo actual en dos o tres años y luego se multiplicará en el país.

Hoy en día, el fondo emplea a más de 5,000 personas en México y ha realizado dos de las cinco transacciones importantes de capital privado que se han hecho en el país desde 2005.

Educación, su primer compra en México
La primera adquisición dentro del portafolio de Carlyle con Ávila al frente fue la Universidad Latinoamericana (ULA). El fondo identificó la importancia del factor demográfico para hacer negocios en un país como México, con un vertiginoso crecimiento poblacional. Y en tal sentido, vio en el sector de educación uno de los de mayor potencial.

Cuando Carlyle adquirió la ULA, ésta tenía dos campus en la Ciudad de México y uno más en Cuernavaca, Morelos. Recientemente, han adquirido un cuarto campus, en Tlalnepantla, Estado de México, y han iniciado en la institución un agresivo proceso de actualización tecnológica: computarizaron todo su sistema y optimizaron sus procedimientos internos.

La ULA tiene 3,340 alumnos, a los que ofrece programas de preparatoria, 12 licenciaturas, siete maestrías y un doctorado, y emplea a más de 700 personas en sus cuatro campus. "Nuestro objetivo es llegar a tener entre 12 y 15 campus, pero tiene que estar equilibrado con calidad; no vamos a bajar el nivel académico", agrega Ávila.

El siguiente paso: hacer las llamadas rentables
Tan sólo cuatro meses después de la ULA, Carlyle adquirió HTC, un servicio de atención telefónica en Monterrey, que había fundado su actual manager, Alberto Fernández y fondeada por JP Morgan. La empresa tiene como clientes sólo a firmas estadounidenses de varios rubros, y el servicio es bilingüe.

En enero de 2006, Carlyle sustituyó a JP Morgan en HTC, inyectándole a la empresa todo su know how alrededor del mundo, reestructurando su capital, e introduciendo un sistema de incentivos.

De cacería
A Carlyle, como compradora de empresas, le interesan todos los sectores de la industria mexicana. "Somos oportunistas; primero nos fijamos en la oportunidad y luego en el sector", asegura Valenzuela. Sin embargo, por el momento, ven mayores oportunidades de adquisiciones en los sectores de consumo (bienes de consumo, retail), en el industrial y en el de salud.

A pesar de que 30% del portafolio de Carlyle a nivel mundial está concentrado en el área de telecomunicaciones, Joaquín Ávila considera que en México todavía no están dadas las condiciones para acceder a ese mercado. Y aunque también pretenden seguir subidos en la ola demográfica, estiman que el sector vivienda está demasiado concentrado en unos pocos jugadores como para que les interese en este momento.

Las empresas públicas tampoco son el objetivo de este fondo, aunque no tienen una prohibición para comprar una compañía del Estado que se pueda privatizar. "Ese tipo de transacciones se parecen más bien a un bono, en el que pagas un dinero y te da un fijo anual, más o menos seguro, pero no son los rendimientos que estamos buscando", dice Ávila.

Básicamente, lo que el grupo busca en una empresa son tres características: marca, capacidad de servicio y que tenga una administración competente y ambiciosa, capaz de llevar a la compañía un nivel más arriba, siendo este último aspecto crucial para Carlyle. "No compramos empresas, compramos management", resume el director general.

Dentro del mandato del fondo, también está el mercado latino de EU, al que esperan acceder principalmente a través del sector de consumo y así aprovechar el auge del mercado hispano en el país vecino, que está asociado a los mismos parámetros demográficos que México, pero con un enorme poder adquisitivo. Todo parece indicar que el proyecto de Carlyle en México es, de hecho, "un gran experimento".

Ahora ve
No te pierdas