La nueva maravilla de Charles Simonyi

El creador del procesador de textos de Microsoft lanza un software que escribe su propio código el nuevo producto solventa las complicaciones técnicas y reduce el error humano.
Charles Simonyi desarrolló un nuevo software inteligente al
Michael Myser

El mundo empresarial será testigo del primer lanzamiento de un producto diseñado por Charles Simonyi durante casi toda su vida profesional. No se trata de un procesador de textos, como el que el inmigrante húngaro desarrolló para Microsoft en 1981, programa que le redituó una fortuna estimada en mil millones de dólares.

Este nuevo software es mucho más audaz. Intentional Software desarrolla un programa inteligente al que simplemente tienes que decirle lo que quieres. Sólo estableces unos parámetros básicos y el software escribirá su propio código, sin necesidad de programarlo.

Puede decirse que los humanos hemos hecho un pésimo trabajo al escribir códigos. Algunos software disfuncionales han mancillado el desempeño de grandes empresas; el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EU afirma que los errores y virus informáticos le cuestan a la economía norteamericana cerca de 60 mil millones de dólares al año.

“La naturaleza de la programación es que cometes errores” afirma Jonathan Edwards, investigador del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT. “Nadie puede hacerlo a la perfección y se ha llegado a la conclusión de que no puede hacerse mejor” agrega.

Pero Simonyi no opina igual, siempre ha creído que un software debe hacer el trabajo pesado para facilitarles la vida a las personas. Y parece que es así, pues hasta que él y los ingenieros de Xerox diseñaron una interfaz gráfica de usuario, todos nosotros nos limitábamos a ver una línea de comandos sobre una pantalla.

En 1995, cuando trabajaba para Microsoft diseñando todo el paquete Office, Simonyi intentó buscar una solución aún más simple. El proyecto se convirtió en una obsesión y, siete años después, en una nueva empresa: Intentional Software Corporation.

La tecnología de Intentional se centra en ‘Domain Workbench’, un lenguaje humano con representaciones gráficas del software a medida que se construye. Es un sistema parecido al usado por las plataformas de bloggeo como Blogger y TypePad, que proporcionan a millones de internautas la posibilidad de publicar sus propias páginas sin necesidad de conocer el molesto código HTML; de igual forma Domain Workbench facilitará el diseño de software empresarial.

El programa funciona así: los usuarios escribirán instrucciones claras en el texto, la hoja de cálculo o cualquier formato de organigrama describiendo lo que quieren que el software haga. En algunos casos, podrán usar una interfaz donde las líneas dibujadas entre recuadros y documentos establecen las relaciones y las reglas que la aplicación debe seguir. La información se envía a un generador de código, que derivará las miles de líneas necesarias para construir la aplicación. Los usuarios de Intentional acudirán a un ingeniero de software para instalar el lenguaje de programación y hacer las modificaciones en condiciones cambiantes.

Henk Kolk, cliente de Intentional y jefe de tecnología en Capgemini, una empresa parisina dedicada a los servicios de Tecnologías de la Información, opina que Domain Workbench es una bendición: “Un proyecto que antes necesitaba 50 programadores trabajando por 5 años, puede hoy completarse, con la ayuda de Intentional, en sólo un par meses” estima.

Existe, no obstante, cierta dosis de sano escepticismo en la comunidad de programadores. IBM y Cornell diseñaron sistemas similares que fueron rechazados por los programadores. Y Edwards, del MIT, duda de la viabilidad del intento de la empresa por patentar su sistema en una era regida por el código abierto. “Francamente me parece arcaico, todo este secretismo que rodea el proyecto, las patentes y acuerdos de confidencialidad” sostiene. “Hoy día, la única manera de tener influencia es compartiendo” añade.

Simonyi está dispuesto a arriesgarse, no liberar la plataforma puede ralentizar su adopción por parte de los clientes. Su apuesta se centra en el hecho de que a muchos programadores les disgusta trabajar con los aspectos financieros del desarrollo de un software -como las reglas para pensiones o la Ley de Portabilidad y Responsabilidad de Seguro Médico- “y estarán encantados de verse liberados de ese penoso trabajo” declara.

De estar en lo cierto, la fortuna que Simonyi amasó en Microsoft puede ser sólo el primer paso de un capital mucho más abultado.

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