De la radio al viñedo

José Luis Fernández, empresario radiofónico, cambió Grupo Imagen por un château vitivinícola; Fonchereau factura al año cerca de 1 millón de dólares y vende sus botellas entre 11 y 35 euros
Producción de los mejores vinos.
Bárbara Anderson

Nunca se imaginó que iba a tener un château en Francia y que sus días iban a transcurrir entre los avatares de los vinos, las denominaciones de origen y los concursos enológicos internacionales. Menos siendo un hombre de medios, acostumbrado al mundo de la radio y con esporádicas inversiones en bienes raíces.

Pero lo cierto es que José Luis Fernández Prieto, empresario criado en la radio que había fundado su abuelo en los años 20, se topó en 2003 con la disyuntiva de qué hacer cuando vendió la empresa familiar –Grupo Imagen– por unos 50 millones de dólares a los Vázquez Raña.

A su escritorio llegaron muchas propuestas pero la que más lo enamoró fue la de Alfredo Ruiz, un ex oficial mayor de la Profeco durante el sexenio de Ernesto Zedillo y cónsul de México en Francia en 1993: una amiga suya, Nadine Vinot-Postry, que vivía en Cuernavaca, producía vinos en su bodega familiar de Burdeos, Château Fonchereau, y los quería comercializar aquí.

Ruiz le contó a Fernández Prieto que cuando visitó las instalaciones, en la comunidad francesa de Montussan, descubrió que había mucho más potencial que el de sólo importar botellas.

“El château está en medio de una zona muy industrial, cerca de la planta de Airbus, y ese terreno era perfecto para el desarrollo de vivienda de clase media, un nicho poco desarrollado en la zona”, recuerda Fernández.

La familia propietaria estuvo dispuesta a vender (sus finanzas estaban en ruinas, como el mismísimo castillo, cuya antigüedad data del siglo XV) y tras varios meses de negociaciones y con 2.5 millones de euros en la mesa, en 2005, el empresario mexicano se convirtió en el dueño de Fonchereau, con 32 hectáreas de viñas sanas, siete hectáreas de terrenos baldíos, igual superficie de bosques, una bodega y el castillo.

El detalle que disipó cualquier duda de invertir en el lugar fue descubrir que, durante la Segunda Guerra Mundial, en el sótano de esa casa había funcionado una radio clandestina. “Ésa fue una excelente señal”, afirma Fernández, quien fundara años antes la cadena Radioactivo y la estación Pulsar.

Sin embargo, la fuerza de las uvas fue mayor que los proyectos de bienes raíces y decidió apostar (como la gran mayoría en la región) al negocio vitivinícola.

“Lo único que necesitaba la casa para salir adelante era inversión”, agrega el empresario.

La cosecha
La fortuna acompañó a José Luis Fernández cuando hizo la compra: en 2005, los precios estaban por el suelo pero esa cosecha es una de las mejores que ha tenido Burdeos en los últimos 50 años. La operación se cerró en plena disputa entre el gobierno de Jacques Chirac y Estados Unidos (épocas de las freedom fries en vez de french fries) por lo cual ante el boicot estadounidense a los productos franceses, el precio de los vinos, los viñedos y las tierras cayeron estrepitosamente.

“Entendí que había hecho un buen negocio cuando llegué y descubrí que la casa tenía guardadas unas 250,000 botellas de vidrio. Teniendo en cuenta que cada una cuesta unos 4 euros, con ellas solas pagaba la mitad del castillo”, agrega.

La nueva empresa se constituyó con tres accionistas: 50% de las acciones están en manos de José Luis Fernández; su padre y su hermano retienen 30%, y 20% restante son de Alfredo Ruiz, director de Château Fonchereau y quien maneja el negocio directamente desde Montussan.

Con una inversión extra de 1.5 millones de euros, se tecnificó el área de prensa de la uva, se elevaron las viñas, se mejoró la infraestructura del lugar y se compraron barricas de roble nuevas.

“El enólogo que tenía el château –y que conservaron– estaba deprimido y sólo me pidió tener dinero para afrontar la vendimia”, recuerda Fernández.

Dos años más tarde, la casa pasó de producir de 35,000 a 180,000 botellas de vino (entre tintos, blancos y espumantes) y elevó su calidad.

Uno de sus mejores ‘caldos’ (como los llaman los enólogos), el Château Fonchereau Cuvée Spéciale 2003, ganó medalla de plata en el Concurso Internacional de Bruselas, este año.

“Que hoy tengamos uno de los mejores caldos de Francia es la voluntad de nuestro trabajo y la frescura financiera. No movimos nada de lo que existía. Sólo lo pusimos en marcha”, afirma desde Francia Alfredo Ruiz. Actualmente, los vinos de este castillo son los segundos en calidad dentro de su ‘apelación de origen’, la AOC Bordeaux Supérior.

Instalado desde hace dos años en la comunidad de Montussan con su esposa y sus dos pequeños hijos, sabe además del peso específico de la inversión mexicana en ese pueblo: “Somos la principal industria de la zona”.

Fonchereau factura al año cerca de 1 millón de dólares y sus botellas se venden (en México) entre 11 y 35 euros.

“A primera vista puede parecer aventurado, pero llegaron a la mejor región vitivinícola de Francia, con 115,000 hectáreas de viñedos y casas de mucho prestigio”, explica Pedro Poncelis, sommelier del hotel Presidente Intercontinental del DF y uno de los mejores paladares locales para catar vinos.

Los vinos mexicanos-franceses de Fernández ya llegaron al país. A fines de noviembre se presentaron oficialmente en el Club de Banqueros de México y la idea de la empresa es destinar cada año unas 50,000 botellas al mercado nacional.

Más allá de las uvas
“Tener un viñedo es como dedicarse a la agricultura elegante. No deja de ser un negocio de campesinos”, resume José Luis Fernández.

Y a pesar de los premios y del placer de crear vinos, no ha dejado de lado su idea inicial del negocio inmobiliario. Aunque con algunas modificaciones: ya no quiere levantar vivienda de clase media, sino que busca algo mucho más premium.

La idea es usar siete hectáreas del predio para construir casas de retiro para jubilados ingleses, que tengan una parcela de 1,000 metros cuadrados de viñas para cosechar.

“El proyecto de villas con viñedo fue inspirado en el de Cal Cedoni y Ferran Adrià”, explica el empresario, haciendo referencia a un proyecto español en el que venden porciones de viñedos (expresadas en una cantidad de botellas al año) y uso de las instalaciones de la bodega.

Indudablemente, el negocio financiero de vender casas o vender vinos es diferente. Las villas de retiro costarán unos 800,000 euros cada una y en el predio se levantarán 11. Sólo vendiendo estas viviendas (unos 8.8 millones de euros) se cubren tres veces y media el costo inicial de las 50 hectáreas del château (2.5 millones de euros). “Podemos ganar 350,000 euros a cada villa. Éste es el verdadero negocio”.

En una segunda etapa, la intención de los socios es la de agregar un hotel con spa especializado en vinoterapia. A pesar de que a sólo 15 kilómetros del castillo –en Burdeos– se realiza la Vinexpo, la mayor feria mundial del sector del vino y las bebidas alcohólicas (con una afluencia de 50,000 personas) casi no hay hoteles en la región.
“La idea es asociarnos con un fondo de inversión y buscar a un grupo hotelero que le coloque la bandera y lo opere”, explica Fernández.

Sin duda, a pesar del pasado mediático y la nula experiencia en el sector, los mexicanos están haciendo mucho ruido en tierras francesas. “Nos han ofrecido varias propiedades para invertir en la zona de Saint-Émilion”, explica quien dejó los avatares de la radio y el micrófono por el hedonista encanto del terruño y los vinos.

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