Alejandro Burillo regresa a escena

El empresario que dejó Televisa hace 10 años reaparece ahora en el Caribe con un canal de TV; además de Caribevisión, coronó su pasión por el futbol con el reciente campeón mexicano: Atlant
Burillo y Carlos Barba vuelven al ambiente televisivo, luego
Marina Delaunay

Los flashes. La marea humana. Las cámaras de televisión… y gente, mucha gente observándolo. Alejandro Burillo (56) quiere retener en su retina ese partido Atlante-Pumas de diciembre de 2007 y dejarse para siempre esa sonrisa que le parte la cara en dos.  Ganar la liga mexicana con su club Atlante era uno de sus sueños, después de 14 años de derrotas. Meses antes, había logrado otra fantasía: lanzar la cadena hispana de televisión Caribevisión para cubrir la costa este de Estados Unidos... y, algún día, llegar a México.

Futbol y televisión siempre fueron sus mayores pasiones. Ahora volvía a saborear el triunfo en el deporte y algo del glamour del hombre de medios que fue en los 90, después de casi una década de su salida abrupta de Televisa por diferencias con su primo hermano Emilio Azcárraga Jean –quien asumió la presidencia de la empresa–.

Tras esa ruptura familiar, el sobrino del ‘Tigre’ Azcárraga armó y desarmó negocios, se asoció, vendió, creó un grupo de 30 empresas y hasta se divorció de la esposa que tuvo durante décadas. Cuando salió de Televisa tenía 1,000 millones de dólares (MDD) por la venta de sus acciones y todo un mundo de negocios para sí, sin familiares incómodos. Pero le costó mucho sudor, quizá lágrimas, pasar de ser segundo accionista y vicepresidente ejecutivo del mayor emporio mediático de Latinoamérica a comenzar casi de cero.

Ahora, vaya donde vaya, inevitablemente se topa con parte de su pasado. Por el grupo mediático con mayor cobertura pasa todo México: desde grandes anunciantes y proveedores de servicios hasta los equipos de futbol por los derechos de transmisión. Quizá por eso Burillo evita el DF y se la pasa entre Miami, Colorado y ahora Cancún. O viaja en su yate, dos veces al año, a alguna isla del Atlántico para bucear a 70 metros de profundidad. En sus proyectos, como en sus inmersiones marinas, debe tener mucha condición y no claudicar para no morir. Y acostumbrarse a las satisfacciones cortas en el fondo y procesos largos de salida.

Primer flash
Esperó casi una década para estar rodeado nuevamente por cables, cámaras y estrellas de telenovelas y conductores. Con la inauguración de Caribevisión, el 10 de septiembre pasado en Miami, Burillo cumplía un sueño. En Televisa había ayudado a crear sus filiales en Sudamérica, conocía a algunos viejos magnates de la TV hispanohablante y estaban a su cargo la producción y el área de noticias de la televisora.

Así conoció a su socio en Caribevisión, el canal con el que ahora quiere cubrir la costa este de EU y llegar incluso a Cancún. El cubano Carlos Barba (66), ex mánager de Menudo y Luis Miguel, también es ‘divorciado’ de un emporio mediático: fue cofundador de Telemundo y presidente de Univision. Como Burillo, también debió cambiar las pantallas por otros negocios: lanzó y luego cerró un website de televisión por internet en pleno auge de las puntocom y hoy tiene Star Slots International, una empresa que sindicaliza los derechos de personalidades como los Tigres del Norte, Julio César Chávez, Maradona y Pelé para comerciales de tarjetas bancarias y telefónicas.

Para lanzar Caribevisión (‘el primero con subtítulos en inglés’), Burillo, Barba y el fondo de inversión estadounidense Quantek aportaron, en conjunto, 60 MDD. Burillo y el fondo se quedaron con 83% de las acciones y Barba, el resto. Sin embargo, apenas cuatro meses después, en enero pasado, Burillo cedió la tercera parte de sus acciones a Telecinco, la cadena del magnate italiano Silvio Berlusconi. Con la promesa de aportar la mitad del dinero que pusieron los socios originales y meter ejecutivos en finanzas, publicidad y contenidos, Berlusconi, también dueño del club de futbol Milán, se quedó con 28.3% de Caribevisión.

“En unos cinco años, (el canal) valdrá entre 750 y 1,000 MDD”, decía Barba en diciembre. Si Burillo aguanta y la voracidad de Berlusconi no lo excluye, el mexicano habrá ganado al menos la mitad de lo que Televisa le pagó por la cuarta parte de acciones que tenía en la empresa.

Pero en EU se topará otra vez con su primo Emilio. El mercado hispano conoce a Televisa desde hace décadas, y más desde que ésta se asoció con Univision, la mayor cadena de habla hispana de EU.  Burillo quiere obtener sólo un poquito de los 4,320 MDD anuales que capta la TV en EU (casi 90% de unos 4,800 MDD, según la consultora Spectrum).

Por ahora, tiene estaciones de TV en Nueva York, Miami y Puerto Rico, y quiere comprar más para llegar a 20% de los hispanos en EU. Ya cerró alianzas de contenidos con TV Azteca, Antena 3, Telefé y otras siete firmas, algo que le servirá también para volver al pequeño círculo de la TV. “Hay varios proyectos para incluir a México y hacer producción (de contenidos); está la posibilidad de (tener) un canal”, dice Lilian Tartaglia, directora de Programación de Caribevisión.

Tope con muralla
Por ahora, pisar México con la TV es parte de la revancha de Burillo. En teoría, Caribevisión ya opera aquí un centro de producción, de donde saldrá un noticiero y otros formatos, que serán vistos hasta ahora sólo por los hispanos en EU.

La posibilidad de una señal de TV en México es un sueño que persigue insistentemente desde que salió de Televisa. Su último intento por entrar a la televisión fue en 2006, cuando quiso comprar el tercer canal abierto en México pero, con 80 MDD, Grupo Imagen (Grupo Empresarial Ángeles) obtuvo la adjudicación del canal 28. Ahí se le fue lo que hubiera sido una buena oportunidad sin sociedades minoritarias.

A mediados de 2007, él y Alejandro Orvañanos, su mano derecha en Pegaso, viajaron varias veces a EU para convencer a Charlie Ergen, dueño de Dish Network –segundo proveedor de TV  satelital en EU–, de una sociedad en México.

Las reuniones hasta ahora no le rindieron frutos, al menos públicamente. Ergen ya estaba en pláticas para una asociación con el grupo MVS (de la familia Vargas) para ofrecer juntos televisión satelital (o DTH, por sus siglas en inglés) algo que finalmente se concretó en enero pasado. En su momento, Burillo estaba dispuesto a formar una asociación tripartita. “Todavía estamos en pláticas con varios grupos”, respondió una fuente de MVS ante la pregunta de si están en pláticas con Pegaso y con la telefónica Axtel. En las oficinas de Burillo no respondieron las llamadas de Expansión

Los Vargas casi no necesitan de Burillo. Tienen una señal cable de televisión para el segmento popular, una frecuencia para ofrecer WiMax (internet inalámbrica de banda ancha) y ahora TV satelital. Y necesitaría un tercero que aporte telefonía.

Al parecer Burillo deberá consolarse –en el mejor de los casos– con ser proveedor de servicios y tecnología de esa sociedad, y no socio. O concretar algo con NewsCorp, la empresa de Rupert Murdoch dueña de la líder en EU Direct TV, que se retiró de México hace tres años.

Grupo Pegaso tiene con qué seducir: una licencia para ofrecer DTH desde junio pasado y 52 satélites a disposición (por su sociedad mexicana con Panamsat desde 2000) con los que vende banda ancha y VoIP (voz sobre protocolo de IP) a operadores de DTH, cableras y empresas de telecomunicaciones en México. Hasta enero, el director ejecutivo de Pegaso, Alejandro Orvañanos, decía públicamente que irían (solos) por una porción de TV satelital de 12% para los próximos cinco años.

No obstante, para ofrecer ‘triple play’ (TV, internet y telefonía), Burillo necesita tanto un canal como el contacto con una telefónica. Lástima. El ahora dueño de Grupo Pegaso salió de ese sector en 2005, cuando le vendió sus últimas acciones a Telefónica Móviles. ¿Volver a la telefonía? Puede ser que esta vez necesite más que visión y dinero. Ya hay más jugadores regionales que quieren lo mismo que él, y los de siempre están más fuertes.

Pero Burillo no desiste. Si tienta a los Vargas o a Murdoch, podría entrar a México desde el sur de EU armado de ‘triple play’ y contenidos hispanos. “En cinco años, me imagino colaborando para la televisión”, decía en 2006 a Expansión, en medio del Abierto Mexicano de Tenis.

Segundo flash
Ni los que atajaron los goles lo creían. Hubo lágrimas, camisetas besuqueadas y otra sonrisa de Burillo que le congeló la cara. El 9 de diciembre pasado, su equipo Atlante le metía un gol definitorio a Pumas, uno de los clubes que más dinero aporta a Televisa. Se llevó el título del campeonato mexicano, después de 14 años de no ganar ni a las canicas. Siete meses antes, las 50 familias que dependen del Atlante se habían mudado a Cancún. Jugar la final del campeonato con Pumas causaba atención, pero pocos apostaban por una victoria de Burillo. ‘Hambre de principiante’ le dicen.

El club ya había cambiado antes de sede, a Querétaro y a Neza, huyendo de las pérdidas económicas y los descensos de categoría. En el DF, Burillo debía pagar por la renta del estadio Azteca (unos 35,000 dólares por mes) al grupo mediático de su primo Emilio, aunque su club perdiera 6 millones de dólares al año. Era el mismo estadio que él administraba cuando seguía de cerca al América, a través del cual el grupo tenía poder en la Federación Mexicana de Futbol y en la Comisión de Selecciones Nacionales.

Sus últimos éxitos comerciales en el deporte fueron haber traído la franquicia del club español Real Madrid en 2003 para instalar, hasta ahora, tres escuelas de futbol en México, y haber equilibrado las finanzas de Mextenis –según afirmaban en Pegaso–, la empresa organizadora del Abierto Mexicano de Tenis.

En lo deportivo, el triunfo del Atlante parece un milagro. Los jugadores y los dirigentes del club azulgrana estaban acostumbrados a jugar en estadios semivacíos (en un partido con Pumas metió al estadio Azteca apenas a 9,000 personas, y sólo la tercera parte atlantistas) y malos resultados. Era un club ‘sufridor’. Funcionaba porque se vendían los jugadores al triple o más de lo que costaban, además del subsidio de Alejandro Burillo. “Si nos quedábamos (en México) tendríamos que haber vendido a Federico Vilar (portero)”, afirma José Antonio García, presidente ejecutivo del club y propietario hasta 1995. ‘Toño’ García es conocido en el medio futbolístico por su ‘olfato’ para contratar jugadores a bajo costo, jóvenes, sin cartel o rechazados por otros clubes de primera y segunda división, y luego venderlos a precio mucho más elevado.

Durante dos años, Burillo y su séquito negociaron con los gobiernos de Cuernavaca, Tamaulipas, Sonora y hasta de Tijuana, pero Cancún les hizo la mejor oferta. El estado no tenía un club de futbol de primera división, les dio un estadio con capacidad para 20,000 personas, los servicios de seguridad de la policía y, por su atracción como polo turístico, a miles de potenciales aficionados.

La fórmula hasta ahora parece resultar benéfica tanto para el gobierno de Quintana Roo como para el Atlante, que tendrá una nueva pantalla ‘gratis’ en Caribevisión y teleaudiencia en el mercado hispano. Pero el final de la historia está abierto. Cada socio tiene algo que resolver. La gerencia del club debe resarcir sus pérdidas (que hasta antes del campeonato eran de 30 MDD) y al gobernador priista algunos panistas le han pedido revisión a fondo de los 4 MDD destinados a la ampliación del estadio, el doble de lo previsto.

¿Cuánto le durará la gloria? Quizá lo que tarda en desaparecer la copa de un campeonato nacional en las manos de un equipo desacostumbrado a las victorias. O el tiempo acumulado que llevan sus negocios sin sacar el máximo que tienen. Burillo está acostumbrado a las redefiniciones, tiene 30 negocios y al menos tres casas. A los 56 años, y luego de ser desterrado de un emporio familiar, sigue buceando en busca del canal y el equipo que alguna vez tuvo.


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