Monsanto fortalece sus transgénicos

La compañía de biotecnología busca duplicar la producción de soya y maíz para el 2030; inició la comercialización de productos que disminuyen las grasas trans en los alimentos proces
El maíz transgénico es cultivado en más de 20 países. (Archi  (Foto: )
José Manuel Martí­nez
BOONE, Iowa -

Monsanto, el mayor productor de semillas genéticamente modificadas en el mundo, presentó tres productos que buscan aumentar las cosechas de maíz y soya, reducir las grasas trans y disminuir el uso de recursos para la producción de granos.

La crisis alimentaria, el aumento en el consumo de alimentos y la menor capacidad de tierra para cultivar generan una carrera entre las compañías de biotecnología en la cual se buscan productos que hagan más eficiente a la agricultura.

“Los altos precios del maíz se van a quedar altos por mucho tiempo, y la demanda aumenta por países como China e India”, dijo Robert Reiter, director de mejoramiento de tecnología de Monsanto.

Tan solo el consumo de carne por persona en China pasó de 20 kilos en promedio anual en 1990 a más de 50 kilos en 2007, lo que significa, según Monsanto, que el consumo de granos es de 300 kilos por cada habitante de China.

La compañía pretende ofrecer productos que hagan más resistentes al maíz y la soya de insectos y sequía, pero además que sean menos dañinos al consumo humano.

“América tiene la oportunidad de ser el gran productor de alimentos en el mundo, ni siquiera China tiene la capacidad para hacerlo”, dijo en entrevista Kerry Preete, director internacional de comercio de Monsanto al destacar que desde finales de los 90 la compañía ha adquirido diversas productoras de semillas en Brasil, Argentina, México y Centroamérica.

Por ello la compañía iniciará el próximo año la comercialización de una semilla transgénica que protege al maíz de insectos tanto en la raíz, como en el tallo y en la mazorca.

De la misma forma inició la producción en Estados Unidos de una semilla de soya que disminuye la presencia de linolénico, elemento que produce las grasas trans -dañinas para la salud- y en el futuro se espera aumenta el aceite oleico para que el aceite de soya se parezca en propiedades al de oliva y con texturas más comerciales como la margarina.

Incluso Kellog, el mayor fabricante de cereales comerciales, y otras compañías han firmado acuerdos para utilizar soya modificada que reduce las grasas trans.

En México se realizan esfuerzos legislativos para prohibir o regular la venta de alimentos altos en grasas trans, pero se enfrentan a la oposición de los grandes productores de bebidas, pan y botanas.

México Busca atacar las calorías

Sin embargo en el país, pese ha que una ley regula los transgénicos, aún no hay reglas suficientes para su aplicación y mucho menos para que granos como el maíz ya genéticamente modificados sean cultivados, aunque hay producción de soya pero no para consumo humano.

“Necesitamos operar dentro de marcos regulatorios básicos, es muy difícil que podamos ofrecer tecnologías si los países no han desarrollado los marcos que van a regular el desarrollo de estas tecnologías, se deben definir las reglas de juego”, dijo Preete.

El gobierno mexicano analiza un Régimen Espacial de Protección al Maíz el cuál sería publicado en breve para iniciar por al menos tres años el cultivo experimental de maíz transgénico antes de permitir su consumo.

Maíz transgénico en México  

Mientras esto sucede Monsanto prevé que en los próximos cinco años pueda lanzar al mercado una semilla que haga al maíz resistente a la sequía y ya no solo a los insectos.

El agua es escasa y la mayor parte de los productores en países emergentes dependen del temporal para sus cultivos, además de que un 70% del agua dulce que consumo el hombre se destina a la agricultura.

Monsanto, con sede en San Luis, Misuri, se puso como meta que al año 2030 se duplicará la producción de maíz y soya, por lo que invierte alrededor de 800 millones de dólares anuales en investigación.

Los recursos se dirigen al mismo tiempo para incrementar la producción de biocombustibles a través de mejorar el maíz y su contenido de almidón necesario para el etanol y reducir así la dependencia de los combustibles fósiles.

A 12 años de iniciada la comercialización de la biotecnología, más de 22 países en el mundo permiten el cultivo de semillas genéticamente modificadas en más de 12 millones de hectáreas, siendo la soya y el maíz los más producidos.

Ahora ve
No te pierdas