Shell va por sustentabilidad ecológica

La firma busca ajustar su negocio a la responsabilidad social y con fuentes de energía alternat la empresa formó un comité científico que la ayudará a hacer su trabajo más amigable al ambient
Shell prometió a las armadoras desarrollar redes de producci
Alejandro Ángeles
ONTARIO -

Entre rugidos de bólidos de la serie Nascar, en una pista de carreras de la soleada California, John Hofmeister, presidente saliente de Shell Americas, ni parpadea al decir que es sólo la demanda y nada más que la demanda la que empuja el precio del crudo. No se trata tanto de la escasez o el tejemaneje de los precios por parte de las naciones productoras.

Su opinión es a veces un balde de agua fría para productores y especuladores, quienes invocan el fantasma de una crisis energética a cada paso y llaman a invertir más millones de dólares en exploración y perforación de pozos descuidando un par de flancos básicos: la investigación en nuevas fuentes de abastecimiento y nuevas formas de producir energéticos.

A eso se enfrenta Hofmeister, que este año dejará de llevar las riendas de Shell Americas y todas las operaciones del gigante anglo-holandés. Él encabezó hace unas semanas la realización del primer Eco-marathon que Shell realiza en el continente americano. Se trata de una competencia entre equipos de diversas universidades y preparatorias de Norteamérica que buscan construir vehículos eficientes.

Esta competencia lleva varios años desarrollándose en Europa, pero es la primera vez que Shell la organiza en este continente. En el escenario del Autódromo de Ontario, California (sede del serial Nascar, la famosa carrera de autos), el Eco-marathon es una de las iniciativas que Shell empuja para generar innovaciones en movilidad, incluyendo la generación de ideas para autos que funcionan a base de combustibles convencionales así como fuentes alternativas, como la solar y el hidrógeno.

Entre los participantes estuvo un equipo de la Universidad Nacional, representando a la Escudería Puma, que presentó un auto desarrollado por estudiantes de la Facultad de Ingeniería, capaz de recorrer casi 300 kilómetros por litro de gasolina. Los ganadores, de una prepa de Minnesota, presentaron un carrito que rindió más de 1,000 kilómetros por litro.

“Es paradójico venir hasta acá”, dijo Hofmeister, ubicado cerca de los vehículos de prueba de más de 500 caballos de fuerza que son rentados a conductores profesionales y amateurs a 120 dólares por unos minutos. Los autos corrían a más de 200 kilómetros por hora en la pista que circunda las carpas donde Hofmeister y un puñado de expertos hablan del futuro del petróleo y de cómo buscará generar energéticos de otras fuentes.

“Nos encontramos en medio del clamor de los autos menos eficientes y más demandantes de combustible del planeta mientras escuchamos propuestas de cómo construir vehículos que avanzan cientos y hasta miles de kilómetros con sólo un litro de gasolina”.

Ante funcionarios de la Secretaría de Energía del gobierno de George Bush, analistas de la industria, académicos y accionistas de Shell, Hofmeister dijo que los dirigentes de EU están poniendo en riesgo el liderazgo de ese país en economía y competitividad y que no han configurado una estrategia coherente para combatir el calentamiento global. “La siguiente lucha será no sólo por recursos, sino por la capacidad de hacer rendir mejor lo que tenemos”, dijo.

Recursos y billetes
La energética anglo-holandesa Royal Dutch Shell, fundada a principios del siglo pasado, es una de las mayores empresas integradas en su industria; es decir, tiene concesiones para explorar, extraer y refina crudo y vende productos terminados, tanto en sus cadenas de gasolineras como a intermediarios.

Shell es la tercera compañía más grande del mundo, según Fortune, sólo detrás de Wal-Mart Stores y su archirrival Exxon Mobil. En 2007, la empresa comandada por Jeroen van der Veer facturó 355,000 (MDD) y dio empleo a más de 100,000 personas.

La compañía enfrenta la crisis energética con base en inversiones para desarrollos de nuevos campos petrolíferos, pero también busca generar combustibles fósiles en un programa llamado exploración no convencional. Esto lo practica en los inmensos campos de arena de Alberta, Canadá, y la exploración de bitumina (shale) en los estados norteamericanos de Utah y Colorado.

Pero a contrapelo de su rival Exxon (que reportó ventas por 372,824 MDD en 2007), que ha dicho que no le interesa la ‘moda verde’ y que el petróleo seguirá siendo la principal fuente energética en varios siglos por venir, Shell ha destinado millones de dólares a la investigación en fuentes no convencionales, así como en nuevas energías. Shell tiene subsidiarias para generar energía nuclear, eólica y a base de hidrógeno.

“Las compañías petrolíferas se quieren abrir paso en diversas áreas de las energías renovables”, dice Miranda Anderson, analista de David Gardiner & Associates, una consultora global en temas energéticos y climáticos. “Vemos a firmas como BP (British Petroleum) metidas en proyectos solares, eólicos y de biocombustibles y otras como Shell enfocadas en energía solar y eólica”.

Ya en el Reporte de Sustentabilidad de 2006, Jeroen van der Veer, CEO de Shell, dice que el cambio climático y las emisiones de CO2, así como la escasez, que en algún momento habrá de llegar, constituyen una oportunidad de negocio para la empresa. “Tenemos que buscar formas eficientes de manejar el CO2 y mejorar el uso de los combustibles fósiles”, señaló a los accionistas de Shell.

Para Hofmeister, los recursos convencionales –petróleo y gas– no serán suficientes para responder las demandas de colosos como EU, China, India y Rusia, así como de otras naciones emergentes y desarrolladas. “El futuro tiene que incluir la generación de combustibles y energías provenientes de la bitumina, el carbón gasificado y los biocombustibles” dijo. “Además, tenemos que usar recursos que ahí han estado siempre, como el viento, el sol y el hidrógeno”.

Según el documento Carbon Disclosure Project, en el que las firmas del FT500 (las mayores empresas del mundo, según Financial Times) reportan sus emisiones, Shell tiene tres divisiones de energías alternativas: Shell Hydrogen, Shell Wind Energy y Shell Solar, a las que canaliza cientos de millones de dólares para investigación y desarrollo.

Un gas para todos
Ya sea por una temida escasez, por conservación de recursos o por dejar una huella ambiental menos severa, las grandes compañías energéticas experimentan con métodos diferentes de generación de energía.

Una de ellas, polémica a veces debido a su viabilidad, es la del hidrógeno. En este sentido, Duncan Macleod, vicepresidente de Shell Hydrogen Company, dice que la sombra del CO2 más el crecimiento en la demanda y el mayor número de vehículos (900 millones en el mundo, más unos 200 millones más en los próximos 10 años) ponen mucha presión al abastecimiento eficiente y seguro de hidrocarburos.

“Ni siquiera podemos confiar mucho en métodos como el GTL”, dice Macleon en referencia al llamado ‘gas a líquidos’, un proceso que muchos ven como alternativa ante el declive del petróleo y que convierte el gas natural en energéticos líquidos. Según los expertos, las reservas de gas durarían hasta muy entrado el siglo XXII.

A Macleod lo que le importa por ahora, sin embargo, es otro gas, el hidrógeno, basado en celdas y pequeños tanques de gas, una plataforma en la que Shell destaca, con estaciones de servicio abiertas en California y con iniciativas para promover el despliegue de tecnologías por parte de las armadoras.

“Tenemos la misión de convertir las tecnologías de hidrógeno en una alternativa válida para el mercado”, dice Macleod. En su división recae una de las misiones de Shell: hacer que la empresa dure por lo menos otros 100 años en el mercado de energía.

Como parte de la iniciativa, a principios de junio de este año, Shell inauguró una estación de servicio de hidrógeno en Los Ángeles, una promesa que la energética había hecho a varias armadoras, como Toyota y General Motors, que han condicionado la construcción a nivel mercado de vehículos que funcionen a base de hidrógeno a la existencia de redes de abastecimiento. Es decir, las grandes automotrices no van a destinar miles de millones de dólares a líneas de ensamble de autos limpios si sus dueños no tienen fuentes de abastecimiento cercanas, como lo son las actuales gasolineras.

“En las próximas décadas, las armadoras deberán estar produciendo en masa vehículos con celdas de combustible hidrógeno”, sostiene Macleod. “Nuestro compromiso es construir las redes de abastecimiento”.

El proceso para generar hidrógeno apto para vehículos es, sin embargo, un reto. A la fecha, Shell obtiene el gas como un subproducto en sus plantas de petroquímicos, de donde lo lleva a las estaciones de servicio y es suministrado a vehículos con celdas y tanques especiales mediante electrólisis.

Macleod ve la paradoja: obtener un energético limpio a partir de procesos tradicionales, con las consabidas emisiones de CO2. “El hidrógeno lo podemos obtener de cualquier fuente” dice, “pero, por ahora, tenemos que conseguirlo de los procesos con que obtenemos los hidrocarburos, no es algo aconsejable, pero no hay otro remedio inmediato”.

De lo que sí está cierto Macleod es que las inversiones destinadas ahora provocarán que el hidrógeno sea muy barato en el futuro. Uno de los escenarios que Shell maneja es que este gas sea capaz de remplazar al petróleo como combustible para automóviles.

El directivo dice que Shell Hydrogen ha sido una subsidiaria desde 2000 y que, a la fecha, funciona como un escaparate de las alternativas energéticas de la empresa, aunque ya ha generado varios hitos. “Tenemos proyectos de transporte público en Washington, Tokio y Amsterdam”, dice. “Pero es en Islandia donde tenemos mayor resonancia, porque el gobierno quiere tener el primer país con cero emisión de CO2 en el mundo”.

El pronóstico de Macleod es que, a partir de las demostraciones que hace en esas ciudades y la construcción de su red de estaciones, las armadoras se darán cuenta de que es factible operar autos con base en hidrógeno. En este sentido, Shell buscará amarrar su inversión en esta área a las operaciones de gigantes como Chrysler, Mercedes-Benz, Toyota y General Motors.

“Creo que entre 2012 y 2013 estas empresas tendrán que decidir realmente si se embarcan en una producción masiva de autos; Shell puede generar el hidrógeno necesario”.

Buscar la energía en donde sea
Dentro de Shell, Macleod libra una batalla por convencer a sus líderes de que alternativas como el hidrógeno o la energía solar son viables. Pero como petrolífera de origen, Shell también destina enormes recursos en buscar expandir sus horizontes en base a fuentes nuevas. “El petróleo se acabará un día”, dice Hofmeister. “Por ello tenemos que ver desde ya, ahora que la gasolina es tan cara, y convencernos de que, en el futuro, a los autos los moverá el hidrógeno o la electricidad”.

Pero mientras muchos gobiernos y empresas debaten si entrar en un nuevo paradigma, Shell hace lo suyo. Uno de sus fundamentos para el futuro es el establecimiento de un comité de científicos, encabezado por el ingeniero mexicano José Bravo.

Según este egresado de la Universidad Iberoamericana, el comité, integrado por ocho de los principales científicos en la nómina de Shell, se abocará a buscar formas para maximizar la recuperación y el descubrimiento de hidrocarburos de los campos existentes; explotar el petróleo de difícil obtención, implementar mecanismos para obtener combustibles de fuentes no convencionales (como los campos de alquitrán de Canadá); buscar mecanismos más limpios de refinación y generar nuevos combustibles a partir de fuentes agroindustriales.

Bravo, que lleva más de una década trabajando en Shell y cuya carrera siempre ha estado ligada a energéticas foráneas, asegura que los científicos, conocidos dentro de la empresa como ‘Los 8 Magníficos’, tienen la encomienda de dar con las mejores soluciones y reportar al CEO para que se pueda implantar, sin importar la división de Shell que tengan que movilizar.

“Antes –dice Bravo–, cada división de negocios de Shell desarrollaba sus plataformas tecnológicas sin saber si se encimaba en otras o sin reportar a nadie más, era un desperdicio de talento, recursos y tiempo”.

El mexicano destaca la intención del comité de desarrollar ideas para las nuevas generaciones de biocombustibles. Según Bravo, lo que se ve ahora es el liderazgo de Brasil y Estados Unidos en la producción de etanol, ya sea de caña de azúcar o maíz.

Aunque es la vía más fácil, Bravo dice que el simple hecho de que la materia prima provenga de una fuente alimenticia genera polémica y es algo que Shell busca trascender, con biocombustibles de segunda y tercera generación. “Queremos hacer etanol de desperdicios o de celulosa derivada del bagazo de la caña o del maíz y queremos usar materiales no orgánicos, como plantas, madera o desechos municipales”, explica.

Bravo dice que este comité podría ser replicable en otras empresas del mundo, incluso Pemex, a la que ve a la distancia y que, a nivel personal, cataloga como una compañía que se ha carcomido desde dentro y que necesita una renovación integral.

“Lo que importa en el mundo energético es crear empresas eficientes que inviertan sus ganancias y que vean el futuro como responsabilidad y no como algo remoto”, opina el científico mexicano, el latino de más alta jerarquía en el área tecnológica de Shell.

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