Los tres días en que murió Wall Street

The Wall Street Journal hace una crónica de la caída de la banca de inversión estadounidense; la quiebra de Lehman Brothers y la venta de Merrill Lynch centran el descalabro.
Lehman Brothers
(Dow Jones) -

El periódico The Wall Street Journal hace una crónica de los fatídicos días en que se gestó la quiebra del más antiguo banco de inversión de Estados Unidos y que desató la ola de preocupaciones por la profundidad de la crisis financiera.

 

Cuando su banco de inversión estaba al borde de una quiebra, el presidente ejecutivo de Lehman Brothers Holdings Inc., Richard Fuld Jr., volvió a llamar a quien, en su opinión, podía ser su único salvador.

A Fuld se le habían acabado las opciones la tarde del domingo 14 de septiembre. El gobierno de Estados Unidos le había comunicado que no financiaría el rescate de Lehman, el banco de inversión más antiguo del país. El banco británico Barclays PLC había accedido en principio a comprar la firma, pero el acuerdo hizo agua. Bank of America Corp., inicialmente el comprador más probable de Lehman, había informado dos días antes de que no podría cerrar un acuerdo sin la ayuda del gobierno. Ese domingo estaba en negociaciones secretas para tomar el control de Merrill Lynch & Co.

Desesperado por impedir que su empresa y sus 25,000 empleados cayeran en bancarrota, Fuld marcó el número de la casa en Charlotte, Carolina del Norte, del presidente de la junta de Bank of America, Kenneth D. Lewis. Hasta ahora, ninguna de sus llamadas de ese fin de semana había sido devuelta. Donna, la esposa de Lewis, volvió a responder el teléfono y le dijo a Fuld que si Lewis quería llamarlo, lo haría. Fuld hizo una pausa y se disculpó por molestarla. "Lo siento mucho", le dijo.

Su lamento también podría haber sido en nombre del modelo de banca de inversión que se había convertido en un símbolo de Wall Street. Pocas horas después de esa última llamada, Lehman anunció que se había acogido a la bancarrota. En una semana, el Wall Street que todos conocían (mínimamente regulado, atrevidamente arriesgado y espléndidamente recompensado) había muerto.

Durante aquel fin de semana en que Fuld luchaba por salvar a Lehman, los máximos ejecutivos de los otros tres grandes bancos de inversión de Wall Street libraban sus propias batallas. Fue un fin de semana que Wall Street nunca había visto. En crisis anteriores, sus ejecutivos se habían unido para rescatar su negocio, pero esta vez la fosa financiera que habían cavado era demasiado honda. Era un auténtico sálvese quien pueda y Fuld, que no quiso hacer comentarios para este artículo, acabó siendo el que se hundió con el barco.
Para que la industria de valores colapsara de una forma tan espectacular, fueron necesarios muchos ingredientes. Los bancos hipotecarios concedieron préstamos a personas que no podían pagarlos. Los bancos de inversión diseñaron paquetes con estas hipotecas y los convirtieron en complejos instrumentos cuyos riesgos no siempre comprendían. Las calificadoras de riesgo dieron muchas veces su bendición, los inversionistas se endeudaban para comprar estos valores y las autoridades no hicieron sonar las alarmas.


Los detalles de las decisiones de los cuatro ejecutivos más importantes de Wall Street, muchas de las cuales no fueron divulgadas en su momento, muestran cómo acabaron en un callejón sin salida durante un fin de semana de negociaciones secretas y luchas personales para evitar el hundimiento de sus firmas. El siguiente relato se basa en documentos de las firmas, correos electrónicos y entrevistas con ejecutivos de Wall Street, así como corredores, autoridades, inversionistas y otros.

 

Viernes, 12 de septiembre

La bancarrota empezó a vislumbrarse como una opción plausible para Lehman. La confianza en la firma se había derrumbado. Lehman comunicó que su pérdida del tercer trimestre bordearía los 4,000 millones de dólares (mdd). Su banco de compensación, J.P. Morgan, exigía 5,000 mdd adicionales de colateral. Los intentos de Lehman de recaudar capital con un banco coreano estaban paralizados. Las agencias calificadoras advirtieron que si Lehman no levantaba capital durante el fin de semana, podría enfrentar una rebaja. Eso, a su vez, la obligaría a presentar más garantías para sus préstamos y elevaría el costo del financiamiento.

Durante esa semana, Fuld se había acercado a Lewis, de Bank of America, para conversar sobre una posible adquisición. Mientras, un funcionario del Tesoro de Estados Unidos., se había puesto en contacto con Barclays para proponerle que asumiera una participación en Lehman. Pero Lehman también exploraba una tercera opción. La noche anterior, un veterano abogado especializado en bancarrotas, Harvey Miller, de la firma Weil, Gotshal & Manges, había empezado a elaborar secretamente un plan para que Lehman se acogiera a la bancarrota.

Aquella mañana, en una sala de conferencias de las oficinas de Merrill Lynch en Nueva York, el presidente de la firma, John Thain, estaba reunido con la junta directiva para discutir cómo atacar el problema. "Lehman se está hundiendo, y los (inversionistas que hacen ventas al descubierto) no tardarán en venir por nosotros", advirtió uno de sus directores, John Finnegan. "Cuéntame cómo esta historia puede terminar de otra manera". Merrill no tendrá problemas, aseguró Thain. "No somos Lehman". Sin embargo, los clientes de Merrill ya habían empezado a retirar dinero y la acción de la firma estaba cayendo en picada. Los ejecutivos, incluido el presidente de la junta, Gregory Fleming, estaban nerviosos.

Fleming creía que había encontrado al socio ideal para Merrill. Bank of America, con un balance sólido y una amplia red de sucursales minoristas, encajaría bien con la unidad de valores de Merrill y sus 16,000 corredores. Fleming temía que Bank of America comprara Lehman.

A las 5 de la tarde, en un día marcado por una gigantesca huida de clientes de Lehman, el teléfono de Thain sonó. Era un funcionario del Tesoro. "Preséntese en la sede de la Reserva Federal de Nueva York a las 6 de la tarde", le dijo.

En la Fed, Thain se reunió con John Mack, presidente ejecutivo de Morgan Stanley, y Lloyd Blankfein, su contraparte de Goldman Sachs. Los tres fueron recibidos por Ben Bernanke, presidente de la Fed; Henry Paulson, secretario del Tesoro; Timothy Geithner, director de la Fed de Nueva York; y Christopher Cox, presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. (SEC).

Las autoridades les dijeron a los ejecutivos que en caso de que hubiera una manera de arreglar el desastre de Lehman, sería una tarea que les correspondería a los jefes de Wall Street. El gobierno no lo rescataría. Pero para entonces, lo más probable es que los problemas de Lehman ya no tuvieran solución.

Aquella noche, el equipo de Bank of America concluyó que el portafolio inmobiliario de Lehman era peor de lo que había previsto y que, como resultado, los pasivos posiblemente sobrepasaban a los activos. "Necesitamos ayuda del gobierno y no la estamos recibiendo", le dijo Greg Curl, principal negociador del banco, al resto del grupo. Lewis, que no había ido a Nueva York, llamó a Fuld desde Charlotte y le dijo que Bank of America no podría cerrar un acuerdo sin apoyo gubernamental.

 Sábado, 13 de septiembre

Fuld llegó a las oficinas de Lehman a las 7 de la mañana. Las conversaciones con Barclays seguían en marcha. Si fuese posible convencer al gobierno, también habría esperanzas para un acuerdo con Bank of America.

Mientras tanto, Merrill empezaba a cortejar a Bank of America. En su casa en Rye, en el estado de Nueva York, Thain se preparaba para otra reunión en la Fed, cuando sonó el teléfono. Era Fleming, el presidente de la junta de Merrill. "John, de verdad, tienes que hablar con Ken Lewis", le dijo. "Consígueme su número", respondió Thain. Tras anotarlo, partió a la reunión.

Thain llegó a la Fed de Nueva York un poco antes de las 8 de la mañana. Los principales ejecutivos de los cuatro bancos de inversión, excepto Fuld, ya estaban allí.

Las autoridades de la Fed separaron a Thain, Mack y Blankfein y varios de sus principales asesores, en tres grupos. Uno estaba encargado de estudiar las consecuencias de la quiebra de Lehman. Otro evaluó las inversiones inmobiliarias de la firma. El tercero, que incluía a Thain y Mack, debatió un rescate de Lehman por el propio sector.

Mack cuestionó la habilidad de Wall Street de reparar los mercados. Las firmas podían apoyar a Lehman, argumentó, pero no había garantías de que luego no tendrían que hacer lo mismo con otra empresa. "Si lo hacemos, ¿dónde está el límite?", preguntó.

En medio de la reunión, Thain tuvo una epifanía. "El próximo viernes podría ser yo el que esté sentado allí", pensó. Se levantó y se fue a reunir con los ejecutivos de Merrill. Les dijo: "Lehman no sobrevivirá". Luego, salió de la Fed y llamó a la casa de Lewis, en Carolina del Norte. Éste respondió: "Puedo estar allí en unas horas".

En la sede de Lehman, Fuld también estaba tratando de comunicarse con Lewis, pero sin éxito. "No puedo creer que ese hijo de (....) no me devuelva las llamadas", le dijo a un asesor.

 

Esa tarde, el presidente ejecutivo de Merrill se reunió con el de Bank of America, en Charlotte, y le hizo una propuesta inicial: "¿Qué le parece comprar una participación de 9,9% en Merrill?". Lewis contestó que su banco no acostumbraba a comprar participaciones minoritarias y sugirió que Bank of America adquiriera la totalidad de la firma."No estoy aquí para vender Merrill Lynch", replicó Thain. "Bueno, pues eso es lo que quiero", insistió Lewis. Los dos se despidieron con la promesa de seguir conversando.

Cuando Thain volvió a la Fed, asesores de Merrill le dijeron que ejecutivos de Golman Sachs se les habían acercado. Goldman estaba interesada en adquirir el 9,9% de Merrill y ofrecía un crédito de US$10.000 millones. Thain estaba digiriendo la noticia cuando lo contactó Mack , el presidente ejecutivo de Morgan Stanley. "Deberíamos hablar", le dijo.

En una reunión en la tarde, Thain y Mack acordaron que una fusión tendría sus ventajas. Thain precisó que necesitaba cerrar un acuerdo con rapidez. El encuentro concluyó sin un plan concreto. "Tenemos una reunión de la junta el martes y podremos darte una respuesta en breve", dijo Mack. A la salida, Thain les confió a sus asesores que tenía pocas esperanzas de cerrar un negocio con Morgan: "No creo que tengan la misma urgencia que nosotros".

Aquella noche, en la sede de Lehman, Fuld aún no había recibido una respuesta de Lewis. Pero hubo una noticia más optimista: Barclays había accedido a comprar Lehman, siempre y cuando no tuviera que asumir sus activos inmobiliarios ni su unidad de gestión de activos

 Domingo, 14 de septiembre

A las 8 de la mañana del domingo, Thain se volvió a reunir con Lewis. Al mismo tiempo, representantes de Merrill estaban reunidos con un equipo de Goldman. Algunos directivos de Merrill dudaban de que Goldman pudiese salvar la firma asumiendo una participación de 9.9%. Pete Kelly, uno de los dos principales abogados de Merrill, también tenía sus reservas en cuanto a permitir que un rival examinase los libros.

En Lehman, en tanto, Fuld convocó una reunión con los miembros de la junta. Esperaba que para mediodía pudiese aprobar la venta a Barclays.

Pero quedaba un obstáculo: para cerrar el negocio con Lehman, Barclays necesitaba la aprobación de sus accionistas y no sería posible convocar una asamblea en domingo. Barclays necesitaba que el gobierno estadounidense o británico respaldara las cuentas de Lehman hasta que se celebrara la votación, pero la aprobación del gobierno nunca llegó.

Fuld postergó la reunión de la junta. Volvió a llamar a Lewis y volvió a ser atendido por su esposa.

En la tarde, empezó a circular la noticia de que Bank of America estaba en negociaciones con Merrill Lynch. "Creo que esto confirma nuestros peores temores", dijo Fuld.

Fleming y Curl, el principal negociador de Bank of America, consiguieron llegar a un acuerdo sobre el precio. Bank of America compraría Merrill por US$29 la acción. A las 8 de la noche, Thain llamó a Lewis y selló la operación.

En Lehman, los miembros de la junta, que llevaban todo el día en la sede del banco, se reunieron cerca de las 8 de la noche. Cuando la reunión se dio por terminada, a eso de las 10 de la noche, Fuld se reclinó en la silla y dijo: "Bueno, creo que esto es el adiós". Unas cuatro horas después, Lehman se declaró en bancarrota.

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