Red familiar, clave del Grupo Monterrey

La prosperidad de los grandes emprendedores regios se ha basado desde los 60 en su tejido social; apellidos como Zambrano, Madero, Garza, Sada, Milmo o Calderón simbolizan la capital de Nuevo León.
Alicia Ortiz

Para hablar del ala productiva de Monterrey hay que mencionar de inmediato empresas y apellidos. Vitro, Visa, IMSA, Cemex, Zambrano, Madero, Garza, Sada, Milmo... para hablar de su ideario empresarial, puede referirse a un ícono: Eugenio Garza Sada.

Valga la anécdota para ilustrarlo. Cuando Fernando García Roel preguntó por cuánto tiempo era su designación como rector del Tecnológico de Monterrey, Eugenio Garza Sada, su fundador, hombre adusto, le respondió: "Mire, ingeniero, usted puede dejar de ser rector cuando suceda una de estas tres cosas: que usted se muera... con la divina providencia no nos metemos; que usted renuncie, ése es su problema, no nuestro, o que lo corramos. Y lo correríamos si sucede una de dos cosas: que haga usted una pendejada muy grande, o bien que repita una pendejada pequeña".

García Roel estuvo 25 años en el cargo. Apodado ‘El Franciscano' por su austero estilo de vida y su permanente rechazo a los excesos, Garza Sada se erigió en la década de los 60 y hasta su violenta muerte en un intento de secuestro -en septiembre de 1973-, en el líder moral indiscutible, aunque no siempre imitado en su estilo personal, del empresariado neoleonés.

Dejó huella en su ciudad natal, donde una de las principales avenidas lleva su nombre, pero, sobre todo, se quedó como referente de hombre de trabajo, promotor y defensor de la libre empresa, rol que forma parte del estilo de vida del regiomontano promedio.

Su pensamiento, expresado en el Ideario Cuauhtémoc, grupo empresarial que contribuyó a fundar, vio la luz a finales de la década de los 60, en el último tramo del ‘milagro mexicano', etapa en que Monterrey alcanzó una tasa anual de crecimiento de 8.5%, ligeramente superior que la escala nacional.

En ese periodo también se conformaron Vitro, Visa, IMSA, Cemex, Alfa, Protexa y Gamesa, entre otros, con líderes pertenecientes a familias de célebres apellidos, entre ellos los Garza Sada y sus descendientes. Esas firmas consolidaron Monterrey como la ciudad fabril por excelencia.

Monterrey sobrevivió a la crisis de endeudamiento de sus principales corporativos en la década de los 70, cuando empresas privadas y gobierno sucumbieron a la tentación de contratar créditos en un entorno de alta liquidez en el sistema financiero internacional, que resultaron insostenibles ante la caída de los precios del petróleo y el alza en las tasas de interés.

Se repuso de la crisis política derivada de la expropiación de la banca, que hizo que numerosos empresarios, muchos de ellos neoleoneses, se decidieran por la acción política en los partidos PAN y PRI, en ese orden, principalmente, provocando fuertes tensiones en sus corporativos, como la salida de Rogelio Sada Zambrano de Vitro.

Igualmente, superó la sacudida que significó el cierre de Fundidora Monterrey (Fumosa), paraestatal que llegó a ser clave de la economía regional, y sobrevivió, incluso, al golpe que la naturaleza le asestó en forma de huracán: el ‘Gilberto', que en septiembre de 1988 provocó la muerte de más de 300 personas y millonarias pérdidas en varias ciudades, entre ellas Monterrey, donde arrasó con los asentamientos al borde del río Santa Catarina y provocó innumerables destrozos.

Buenos para contar
Los números son elocuentes: de acuerdo con el INEGI, Nuevo León, donde se ubica poco más de 4% de la población total de la República Mexicana, ha aportado en los primeros seis años del siglo 7.3% del PIB, como promedio anual, superado sólo por el Distrito Federal (22.2%) y el Estado de México (9.6%). En ese norteño estado se registra un ingreso per cápita de 14,355 dólares al año, es decir, 6,000 más que el promedio nacional; aporta casi 11% de los productos manufacturados que se elaboran en todo el país. Cada año la metrópoli atrae 1,000 millones de dólares en inversión extranjera y genera 80,000 empleos formales en el mismo periodo, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Económico del estado.

Según el Instituto Mexicano para la Competitividad, en Monterrey se invierten 7,000 dólares por empleado como promedio anual, 4,000 más que la media nacional. Se distingue también por su capacidad de evitar conflictos obrero-patronales con base en una política laboral hasta hace poco altamente proteccionista, siempre bajo el estilo empresarial de Eugenio Garza Sada.

Es la sede de las industrias líderes a nivel nacional, con conglomerados como Alfa (alimentos, telecomunicaciones y autopartes), Cemex (cemento); IMSA, DeAcero y Villacero (acero); FEMSA y Arca (bebidas); Gruma y Gamesa (alimentos procesados); Proeza y Xignux (autopartes, productos eléctricos, alimentos procesados y software) y Vitro (vidrio).

En Monterrey, dice Mario Cerutti, investigador de la Universidad Autónoma de Nuevo León, "puede haber problemas, pero el tejido empresarial no ha sido dañado; pasaron la Guerra de Reforma, la Revolución; las crisis de los 30, del 82 y del 94; por más de 100 años (los empresarios) han tenido gran capacidad de adaptación a todo tipo de circunstancias y no tienen ahora por qué venirse abajo como conjunto".

Las empresas pueden desaparecer o reconvertirse, como los casos de Cydsa o Pulsar, pero el tejido empresarial permanece, y la dinámica productiva continúa, agrega Cerutti.

Redes familiares y entorno
¿Qué ha hecho a la ‘Sultana del Norte' erigirse como el conglomerado industrial que ha tenido el desarrollo empresarial más firme y agresivo de todo el país?

El tema ha ocupado a historiadores, economistas y sociólogos, entre otros especialistas.

Coinciden en que su cercanía e integración al mercado de Estados Unidos, su lejanía del centro político de México, y el papel que ambos factores han jugado en coyunturas históricas críticas, como la Guerra Civil en EU, la Revolución y la Segunda Guerra Mundial; y un agreste entorno geográfico que ha motivado un notable espíritu empresarial, con no menos notable capacidad de adaptación al cambio, por drástico que sea, han estado en el centro de la dinámica productiva que se vive en esta ciudad de clima extremoso, ubicada a poco menos de 200 kilómetros de la frontera con Texas y a casi 1,000 de la Ciudad de México.

A esos factores Carlos Alba, investigador de El Colegio de México, agrega la cercanía a fuentes de abasto energético fundamentales para la industria, como el carbón mineral de Coahuila y el gas natural de Texas. Pero, al igual que Cerutti, concede especial importancia a lo que este investigador denomina "las redes familiares", es decir, "el fuerte entrelazamiento familiar" en muchas de las sociedades empresariales que se empezaron a tejer desde mediados del siglo XIX, y que han mantenido hasta la actualidad una continuidad histórica sin precedente en otras partes del país.

Apellidos como Zambrano, Madero, Garza, Calderón, Milmo, presentes en el escenario de los negocios desde las primeras décadas de los años 1800, a los que se sumaron los Sada, Armendáriz, Muguerza, Maíz, entre 1860 y la Revolución -según Cerutti-, dieron origen a lo que denomina ‘empresas madre', definidas entre 1930 y 1950, y que hacia la década de los 70, al amparo de la Ley de Sociedades de Fomento promulgada en 1973, dieron vida a conglomerados sustentados en grandes empresas y grupos financieros e industriales.

Cerutti, autor de varios libros y numerosos artículos especializados en historia y desarrollo empresarial, entre ellos, Propietarios, empresarios y empresas en el norte de México, menciona en esta obra que "algunos de los más famosos grupos locales diversificaron de manera ostensible su base de operaciones e incursionaron con vigor durante los 70, en ramos como alimentos, banca, turismo y bienes raíces.

Otros, como Cemex, prefirieron mantener una fuerte especialización. Pero uno de los rasgos típicos de estos corporativos -en la senda abierta por las empresas madre y sus grupos- seguía siendo el fuerte predominio unifamiliar o de unas pocas familias. En casi todos los casos descendientes de las familias fundadoras y sus colegas de los años 30 y 40 mantenían su dirección o influían en su liderazgo".

Se refiere específicamente a las familias Zambrano Gutiérrez y Zambrano Treviño, de Cemex; Sada Zambrano y González Sada (Cydsa); Garza Sada y Garza Lagüera (Alfa y Visa); Sada Zambrano y Sada González (Vitro); Zambrano Gutiérrez y Zambrano Lozano (Proeza), todas ellas familias procedentes del Porfiriato o antes; Maldonado Elizondo (Coparmex); Clariond Reyes y Canales Clariond (IMSA); Santos González y Santos de Hoyos (Gamesa), surgidas entre 1910 y 1940; y Lobo Morales y Lobo Villarreal (Protexa); Garza Garza y Garza Herrera (AXA); González Moreno y González Barrera (Gruma) y Ramírez González y Ramírez Jáuregui (Ramírez), sobresalientes desde los años 40.

La presencia de nuevas generaciones en las que se privilegia la participación de ejecutivos altamente capacitados empieza a ser notable, sin embargo, el mapa empresarial de Monterrey, con su fuerte carga de nexos familiares, reforzados por uniones matrimoniales que devienen en asociaciones económicas y lazos solidarios, no ha cambiado radicalmente, aunque se han vivido crisis que siguieron al auge industrial que impulsó fuertemente la ciudad a finales de los 60, parte de los 70, y que no se ha perdido.

Ya en la era global, Monterrey y el estado de Nuevo León viven una transformación: de ser un estado manufacturero a una región en donde crecen los servicios y el comercio.

Se observan tres grandes sectores motores del desarrollo: las industrias automotriz y de autopartes; maquinaria y equipo; apoyo a los negocios, conformado a su vez por diversos subsectores: servicios financieros, seguridad, salud, educativos y, en general, de consultoría e investigación a empresas, "lo que muestra una clara orientación a la innovación, al desarrollo de empresas de menor tamaño, ágiles y con clara vocación por la alta tecnología", dice Amado Villarreal, de la Escuela de Graduados en Administración Pública, del Tec de Monterrey.

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