¿Sobrevivirán los bancos de EU?

La debilidad crediticia amenaza con empujar a las entidades financieras en EU a la nacionalización; el rescate bancario podría no bastar para salvar a Citi y Bank of America de las manos del Tío Sam.
Shawn Tully

El viernes 20 de febrero, los inversionistas presenciaron horrorizados cómo las acciones de Bank of America y Citigroup descendían a menos de 3 y 2 dólares respectivamente, dándoles a los dos pilares de la banca estadounidense un valor combinado en el mercado de 26,000 millones de dólares -mucho menor al de Kraft Foods.

Se esparcen los temores de que si todo el dinero del rescate financiero no logra revivir a estos gigantes que se tambalean, sólo quedará un camino. Todos, desde el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan hasta el presidente del Comité Bancario del Senado, Chris Dodd, advierten que la única solución podría ser la alguna vez impensable: nacionalización.

¿Cómo puede ser que los bancos se tambaleen después de que el gobierno los fortificó con un rescate de cientos de miles de millones de dólares en efectivo, así como con  garantías de activos en riesgo? Durante los últimos 18 meses, los problemas de los bancos con los valores tóxicos, en especial las obligaciones de deuda colateralizada (CDOs por sus siglas en inglés) y otros productos exóticos que incluían hipotecas de riesgo (conocidas como subprime), atrajeron la mayor parte de la atención -y la alarma. Ahora, la tormenta entra a una nueva fase que, en potencia, es incluso más peligrosa: el colapso histórico del negocio fundamental de las tarjetas de crédito, el capital de vivienda y los préstamos hipotecarios.

La escala de las pérdidas potenciales en préstamos a consumidores y negocios,  inunda lo que quedó de la debacle de los valores por un factor de tres o cuatro a uno. Y en la próxima ola, los amenazantes incumplimientos de pago de los préstamos para bienes raíces mercantiles que financian centros comerciales a medio alquilar, causarán una nueva ronda de dolor. "Nos hemos movido de la fase de los valores a la fase del préstamo de la crisis bancaria", dice Tanya Azarchs, directora de S&P. "Para el 2009, esperamos que las pérdidas de crédito sean mucho peores que las del 2008 y que la devaluación de los valores sea menor".

Esas amenazantes pérdidas hacen inevitable que el gobierno colme a los bancos con más rescates financieros de miles de millones -y obtenga grandes participaciones a cambio. Pero eso se quedará muy corto en comparación con lo que la mayoría de la gente considera como nacionalización.

Frente al Congreso, el Presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, dijo que la nacionalización significa que el gobierno toma el 100% de las acciones, se deshace de los accionistas y dirige el banco. "No creo que queramos hacer eso", dijo. Y añadió que el diálogo de nacionalización se desvía del punto. Y tiene razón: Al requerir que los bancos que acceden al dinero federal limiten la compensación y modifiquen las hipotecas, entre otras restricciones, el gobierno ya ejerce una gran influencia sobre la industria.

Aun más, el gobierno sujeta a los bancos todo el tiempo. Desde el comienzo del 2008, la Comisión Federal de Seguros de Depósitos (FDIC por sus siglas en inglés) ha cerrado 39 instituciones insolventes (dejando a los accionistas sin nada) y revendido sus ramas, préstamos y activos tóxicos tan rápido como le es posible. En los casos excepcionales, cuando no puede encontrar un comprador, la FDIC dirige el banco, como lo hace con Indy-Mac, del que se apoderó en julio. (La venta de Indy-Mac está ahora en proceso). Y es probable que la agencia esté ocupada por algún tiempo: Durante la última crisis bancaria, de 1989 a 1992, tomó 1,368 bancos.

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Los grandes bancos, sin embargo, obtendrán toda la ayuda que necesitan para evitar ese destino. La administración planea someter a los 19 bancos con activos de más de 100,000 millones de dólares a un riguroso análisis financiero llamado "prueba de esfuerzo". Los bancos tendrán que calcular sus pérdidas bajo condiciones severas, que incluyen el desempleo creciente y el continuo declive de los precios de la vivienda. La meta es establecer qué instituciones tienen tan poco capital que no pueden sostener sus libros de crédito actuales, mucho menos expandirlos.

Washington no dejará que esos grandes bancos fracasen: Impulsará su capital con la compra de acciones preferenciales que pagarán un dividendo del 9%. Si un banco tiene problemas para pagar el alto dividendo, puede convertir las acciones preferenciales en acciones comunes. Por lo tanto, los débiles grandes bancos terminarán con el gobierno como su mayor accionista.

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