Cómo Stanford compró su reputación

La firma presuntamente fraudulenta despilfarró dinero para obtener respetabilidad e influencia; organizaciones de caridad y deportivas recibían recursos de las instituciones de Allen Stanford.
stanford  (Foto: AP)
Lawrence Delevingne
NUEVA YORK -

La vida de Sir Allen Stanford, el financiero amante del cricket y el polo que es investigado por la ejecución potencial de un esquema Ponzi, es un caso de estudio acerca de cómo comprar respetabilidad e influencia.

En su nación isla adoptiva, Antigua y Barbuda, donde fue nombrado caballero y donde su banco extraterritorial se encuentra y emplea a muchos, Stanford estableció su método de construir confianza e influencia excepcionales. Al gastar en eventos deportivos locales e instituciones de beneficencia, logró congraciarse con los políticos de la isla, que lo dejaron dirigir su banco de rápido crecimiento en relativa paz.

El dinero de Stanford también aduló a los Estados Unidos. Desde Memphis hasta Houston y Miami, el efectivo fluyó del financiero y su grupo Stanford Financial hacia campañas políticas, torneos de golf y museos de arte. ¿Sus metas aparentes? Una menor regulación de bancos extraterritoriales; una reputación filantrópica construida con rapidez en ciudades donde la compañía tenía negocios; y miles de inversionistas confiados con un valor de 8,000 millones de dólares en certificados de depósito que, según las autoridades, son fraudulentos.

Aunque la mayoría de las corporaciones buscan utilizar sus estrategias de relaciones públicas para fines similares -construir confianza, influenciar las regulaciones y reunir dinero de los inversionistas- lo que hace que Stanford destaque, es la extensión que perseguía para ser una operación presuntamente fraudulenta. (La Comisión de Valores [SEC, por sus siglas en inglés] presentó una demanda civil en el caso, pero sólo un director general de inversiones, no Stanford, ha sido arrestado bajo un cargo criminal. Stanford no ha respondido la demanda de la SEC, y todas las peticiones de comentarios a la compañía fueron referidas a ésta).

"Puede ser un tiro por la culata, pero es el protocolo para que el dinero compre influencia y políticas potencialmente torcidas", dice Sheila Krumholz, directora ejecutiva del Centro para Políticas Responsables (CRP por sus siglas en inglés), un organismo de control. "Stanford es parte de una élite de estadounidenses que se pueden dar el lujo de hacer eso".

Las contribuciones políticas eran un elemento clave en la estrategia de donación de Stanford. Desde 1999, él y sus compañías les dieron más de 2.4 millones de dólares en contribuciones a candidatos federales, partidos y comités de acción política, de acuerdo con el CRP. La compañía también reportó que ha gastado 4.8 millones de dólares en esfuerzos de presión política (contrató sus propios persuasores y le pagó a una firma externa) desde 1999.

El CRP dice que, de acuerdo con los archivos, Stanford contrató a grupos para ejercer presión política durante el Financial Services Antifraud Network Act, que se llevó a cabo en el 2002, mismo año en el que las contribuciones políticas de la financiera alcanzaron su auge. La propuesta de ley hubiera creado una red de computadoras que vincularía las bases de datos del estado y los bancos federales, con los reguladores de  valores para frenar los fraudes financieros; sin embargo, murió en el Senado. Y, de acuerdo con el blog estadounidense Talking Points Memo, Stanford le pagó a una firma externa para ejercer presión política sobre los "asuntos relacionados con la banca" en el 2007, el mismo año en que la iniciativa Stop Tax Haven Abuse Act (ley para detener el abuso de los paraísos fiscales), que hubiera cerrado las lagunas jurídicas y demandado que los negocios revelaran más información acerca de sus operaciones extraterritoriales, también fue rechazada.

Los políticos se distanciaron de Stanford en cuanto la investigación de la SEC se anunció en febrero. El demócrata de Florida, Bill Nelson, miembro del Comité de Finanzas del Senado y receptor número uno del efectivo liado a Stanford, dijo que los más o menos 45,000 dólares que recibió irían a la caridad.

"Bil ha dicho [en su campaña] que quiere que cada centavo asociado con Stanford vaya a instituciones benéficas o sea usado de alguna manera que pueda beneficiar a los hombres que fueron engañados por este tipo", dijo Dan McLaughlin, un portavoz, en una declaración a Fortune, con lo que hizo eco de un movimiento del Senador John McCain, el Diputado Charles Rangel y otros.

La filantropía fue otra forma en la que Stanford y su compañía construyeron confianza y ganaron influencia. Las compañías de Stanford le dieron mucho a organizaciones no lucrativas en las ciudades donde tenían más negocios, en especial en Houston y Memphis. El sitio Web del grupo financiero presume sus docenas de compromisos caritativos, que incluyen millones de dólares otorgados al centro de investigación St. Jude Children's (Memphis), el Museo de Bellas Artes (Houston), el Club Kiwanis de la Pequeña Habana (Miami), y la Fundación Panamericana de Desarrollo (Washington, D.C.).

"Todo lo que dieron lo dieron con la intención de llevar su nombre a alguna parte", dice Robert Fockler, presidente de la Fundación Comunitaria Greater Memphis. "La cantidad de dinero que despilfarraban era enorme. Quiero decir que eran millones de dólares cuando nadie en realidad sabía quienes eran ellos... desde luego la gente estaba feliz de tener los fondos pero era inevitable rascarse la cabeza un poco".

Los efectos de la investigación de la SEC ya se sienten entre docenas de instituciones benéficas que aceptaron dinero de Stanford. Ninguna organización dijo haber sido paralizada, pero la Alianza por las Artes de Houston puso su premio Stanford Financial a la Excelencia en las Artes en pausa; la compañía teatral Playhouse on the Square en Memphis no sabe si los 175,000 dólares prometidos llegarán; y el Museo Nacional de los Derechos Civiles, también en Memphis, no está seguro de poder esperar más fondos, incluso a través de James Davis, director financiero de Stanford y miembro de su consejo. Además, muchos otros tienen una fuente menos a la cual acudir.

"Si tanteabas el agua, parecía que todo estaba bien, pero siempre había sospechas", dice Henry Brenner, quien trabajó en la industria de servicios financieros de Memphis durante 38 años y presenció cómo Stanford Financial aumentaba su influencia en la ciudad a través de la filantropía y los deportes. "Su plan de juego a través de todo el país era ir a cada ciudad... y ayudar a sus organizaciones no lucrativas. Una vez que haces eso eres visto como si fueras parte de la comunidad - parece que has estado ahí durante años".

Los patrocinios al deporte también ayudaron a Stanford a construir su marca entre acaudalados inversionistas potenciales. El grupo financiero puso su nombre y logo en equipos deportivos y estadios en los mercados más importantes para su negocio, sobre todo en los deportes favorecidos por los ricos: golf, polo, tenis y navegación a vela.

Stanford patrocinó al golfista Vijay Singh así como dos torneos, el Stanford International Pro-Am del LPGA Tour en Houston y el Campeonato Stanford St. Jude en Memphis. También hay pancartas publicitarias de Stanford en canchas de la Asociación Nacional de Basketball en Houston y Miami; Stanford es un patrocinador/anfitrión del Abierto Sony Ericsson en Key Biscayne, Florida., un gran torneo de golf; y hay incluso un "Campo Stanford" en el Club Internacional de Polo en Palm Beach, Florida. Representantes de la mayoría de las sedes dicen que están atentos al progreso de la investigación de la SEC para ver si los contratos de patrocinio cambiarán. Hasta ahora, la mayoría siguen en su sitio.

Las metas de negocios de tales patrocinios eran públicas. Suzanne Hamm, una ejecutiva de mercadotecnia del grupo financiero con base en Memphis, lo expresó de esta manera en septiembre de 2006: "No queremos ser uno de muchos nombres", le dijo al Memphis Business Journal para un artículo acerca de patrocinios deportivos. "Buscamos cosas que nos permitan multiplicar nuestros clientes potenciales y existentes". Hamm no respondió a la solicitud de comentarios de Fortune. Además del presunto fraude, los  no tan sutiles vínculos de Stanford entre mercadotecnia y donaciones irritan a algunos.

"Las compañías con clientes de patrimonio neto ultra-alto tienden a hacer donaciones al tipo de organizaciones y causas con las que sus clientes están más involucrados", dice Melissa Berman, presidenta y CEO de Rockefeller Philanthropy Advisors, un grupo de consultoría para donantes. Pero lo que es preocupante, observa, es cuando los fondos vienen de una fuente sospechosa.

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"Cuando tenemos estas conversaciones entre donantes y receptores, en cierto modo asumimos que el dinero del que todos hablan es real", dice Berman. "Es bastante aterrador".

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