Los videoclubs luchan por sobrevivir

La cadena estadounidense Blockbuster ha contratado asesores para reestructurar su negocio; las tiendas independientes luchan por mantener clientes y preservar una industria en desaparición.
Maggie Overfelt
NUEVA YORK -

Las noticias de esta semana de que la cadena de videoclubs Blockbuster contrató asesores que le ayudarán a explorar sus opciones de "reestructuración", que según los analistas podrían incluir la bancarrota, son agridulces para el negocio de las tiendas de renta de video independientes.

Es posible que sobrevivan al Goliat corporativo que alguna vez aplastó los resultados de comerciantes más pequeños bajo el yugo azul y amarillo de su cadena de tiendas idénticas. Pero las mismas fuerzas que parecen haber condenado a Blockbuster -el alquiler de DVDs por correo y el flujo de video en línea- podrían acabar con toda la industria.

John Koch, el fundador de Cinema Revolution en Minneapolis, lucha desde todos los frentes para mantener su negocio andando. Las ventas comenzaron a suavizarse a mitad del año pasado, cuando los altos precios del combustible impidieron que la gente manejara hasta su tienda. Para compensarlo, se movió a una nueva locación en Minneapolis, con una renta más cara pero también en una comunidad más diversa y artística. Koch espera que sus nuevos vecinos aprecien más su selección de filmes extranjeros y de culto; asimismo, les ofrece un refugio a los cineastas locales que necesiten un lugar para proyectar sus películas.

"La medida contrarrestó parte del declive que empezamos a sentir en el verano cuando los precios de la gasolina subieron", dice Koch. Aun así, las ventas han disminuido un 30% desde enero, una caída que él le atribuye a la economía -y al Internet.

En Seattle, Scarecrow Video también lucha contra el declive de sus ventas. "Nos golpeó por triplicado, primero la recesión, después Netflix y el flujo de video en línea, y por último, la nieve -la tormenta de las últimas dos semanas de diciembre mató nuestra temporada navideña", dice Mark Steiner, un comprador para la tienda. "¿Y qué hacemos? Puedes lanzar millones de ideas al aire y no sacarás a la gente de sus casas. Están hibernando".

Como muchas de las tiendas de video que permanecen en pie, Scarecrow almacena un inventario de 100,000 títulos con ofertas poco convencionales no disponibles en las tiendas de sus rivales más grandes. El personal de Steiner rastrea a cineastas poco conocidos que no les venden sus filmes a distribuidores para negociar que Scarecrow se convierta en su canal de venta. Si más sucursales de Blockbuster cierran en Seattle, Scarecrow podría quedarse con los consumidores de a pie, pero Steiner no espera con ansia el momento.

"Los cierres nunca son buenos", dice. "Siempre que hay menos gente o menos lugares para que la gente compre y rente películas, creo que la industria saldrá lastimada".

Los analistas no ven ninguna luz al fondo del túnel. De acuerdo con Adams Media Research, en el 2007, el 73% del gasto de los consumidores en renta de películas ocurrió en tiendas no virtuales. Para el próximo año, la firma de investigación espera que la cifra caiga al 59%, mientras los servicios de alquiler por correo como Netflix se adueñan del 32% del mercado. Los ingresos generales de las rentas de video han permanecido en 7,600 millones de dólares durante los últimos dos años.

"Una vez que el contenido masivo esté en línea, estos negocios independientes van a sufrir un poco", dice Wade Holden, un analista de SNL Kagan, firma de investigación de medios de Charlottesville, Virginia. "Va a ser difícil para ellos tener éxito en un mercado sobre demanda. No tienen el capital o la infraestructura para construir un servicio de videos bajo pedido como el de Netflix".

Aun así, los observadores de la industria ven lugar para que algunos comerciantes permanezcan en pie. "La renta de DVDs aún será una parte importante de las opciones de video casero para los consumidores en un futuro cercano, y muchas de las tiendas independientes sobreviven", dice Sean Bersell, vicepresidente de la Asociación de Comerciantes del Entretenimiento, un grupo comercial no lucrativo. "Lo hacen de varios modos diferentes".

Un museo de memorabilia

Mike Clark, de Movie Madness, una famosa tienda independiente de Portland, Oregón, usa una de sus mejores armas de mercadotecnia. En 1995, Clark fue el principal postor de la subasta del largo vestido lavanda que usó la actriz Diane Keaton en The Godfather: Part II (El Padrino: Parte II).

En un principio, Clark pensó que simplemente había cedido a una extraña compra impulsiva, pero se quedó enganchado. Su colección de memorabilia de películas ha crecido desde entonces a más de 100 piezas, que incluyen la casi infortunada carriola de The Untouchables (Los Intocables) y un traje usado por Mike Myers en Austin Powers. Clark ha utilizado los disfraces y objetos de utilería para animar su tienda, que almacena 70,000 títulos -se especializa en filmes de culto- en un museo.

"Las filas son muy largas las noches del viernes y el sábado", dice Clark. "A la gente le encanta venir a ver el museo y rentar películas; somos una tienda bastante única". La estrategia de mercadotecnia le ayudó a añadirle 9,000 nuevos clientes a su lista el año pasado, que ahora incluye a 130,000 personas que rentan películas.

Janet Marsh, la dueña de 9th Street Video en Columbia, Missouri, dice que su tienda sobrevive en parte gracias a su ubicación: ésta está a un paso de la universidad más grande del estado, lo que le provee un flujo constante de estudiantes y profesores. Sus 7,000 títulos incluyen ofertas de nicho como documentales sobre naciones en desarrollo. Marsh se reubicó hace poco, moviéndose dos cuadras, de 9th Street a Hitt Street, para estar en el mismo edificio histórico que Ragtag Cinema, un cine que muestra en su mayoría filmes independientes e internacionales y juega un importante rol en el festival de cine anual del pueblo True/False (Verdadero/Falso).

"Hay mucha gente que no quiere el típico menú de películas de Hollywood", dice Marsh, cuya tienda ofrece una selección de las películas mostradas en el cine Ragtag. "Creo que eso nos mantiene en marcha -no nos deshacemos de cosas, tenemos clásicos, cine mundial, etc. Es agradable para la gente tener opciones".

En la ciudad de Nueva York, Alan's Alley Video, una tienda de 20 años de edad fundada por Alan Sklar, ha encontrado nuevos ingresos al aumentar su base de clientes corporativos. Por una cuota, Alan's les provee copias de películas viejas y documentales a agencias de publicidad y redes de televisión que los necesiten para transmitir un fragmento en las noticias o para algún trabajo interno. También provee servicios de copia, lo que le ayuda a diversificar las ventas de su tienda.

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Pero incluso con esos ingresos extra, Sklar está resignado al hecho de que algún día cercano, su mercado, tal como la industria del comercio de la música, sucumbirá a las firmas de Internet.

"Hemos perdido ventas contra las descargas y Netflix, y creo que competimos por el tiempo de la gente, que ahora navega en Internet y ve videos en YouTube", dice. "Para las ventas de discos y los videoclubs, va a ser difícil adaptarse a una sociedad que cambia los servicios personalizados por un estilo más impersonal de compras por correspondencia".

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