El infeliz aniversario de la crisis

La crisis que comenzó con la debacle de Bear Stearns está por llegar a su tercer año, en junio; desde entonces, EU arroja dinero para activar a la economía deseando que funcione su estrategia.
El banco estadounidense fue adquirido por JP Morgan. (Foto:  (Foto: Archivo)
Allan Sloan
NUEVA YORK (Fortune) -

Estamos a punto de concluir el segundo año desde el desplome financiero, pero no esperen ver globos y champaña  porque, a excepción de algunos especuladores con suerte, han sido dos años terribles.

La pesadilla empezó el 12 de junio de 2007 cuando se anunció que dos fondos de Bear Stearns, que especulaban con títulos respaldados por hipotecas, se estaban yendo al suelo. Esto fue el presagio de los colapsos y los ataques de pánico que han llevado a una recesión mundial y a la caída de instituciones muy fuertes como Bear, AIG, Lehman Brothers y el Royal Bank of Scotland.

Aún así, un aniversario sin festejo sirve de algo: es momento de reflexionar en el pasado y contemplar el futuro, así que veamos de lo que se trata realmente este desplome, el indeseable impacto del colapso de Lehman, y lo que se debe de hacer a partir de este punto. 

El desplome comenzó con hipotecas de alto riesgo (subprime), lo que en el lenguaje de  Wall Street quiere decir "basura". Pero no sólo esto: las áreas problemáticas se extendieron hasta las tarjetas de crédito, préstamos en construcciones, centros comerciales, compras financiadas con deuda, hipotecas que no eran de alto riesgo y los varios y diversos títulos basados en todo lo anterior. Así que, incluso si el mercado de viviendas en Estados Unidos se recuperara milagrosamente, de la noche a la mañana (poco probable), aún habría un problema significativo.

Hace dos años, casi toda la gente ignorábamos que el sistema financiero mundial era un desastre en potencia. Estaba claro que los precios en vivienda, los apalancamientos en las ventas y muchos otros factores eran manejados por grandes cantidades de dinero que buscaban algo qué comprar sin importar lo absurdo que esto fuera. Lo que no estaba claro era la forma en la que los mercados se entrecruzaban y se internacionalizaban. Así, la actitud glotona de EU -cual influenza porcina financiera, se extendió por el mundo aún más rápido que la actual influenza humana.

Esto también afectó a Lehman, cuya caída llegó en septiembre de 2008. Los mercados financieros se desquiciaron por razones que daremos a conocer más adelante. Los problemas del mercado arrastraron consigo a la economía, dando como resultado un freno que a su vez ha afectado de nuevo a los mercados. Es la primera vez que presenciamos este patrón desde la Gran Depresión. Da miedo.

Dejar que Lehman se ahogara parecía racional, sobre todo durante los primeros seis meses, cuando los contribuyentes abandonaron a los acreedores de Bear Stearns y permitieron a sus accionistas comprar títulos sin valor en 10 dólares cada uno. Pero las inesperadas consecuencias del fracaso de Lehman asustaron a los encargados de manejar la crisis financiera mundial. Primero, el ligero cambio en las leyes de bancarrota de Estados Unidos, de 2005, hizo que los homólogos de Lehman, instituciones lejanas en las que la firma había apostado, pudieran tomar y vender los créditos que había hecho Lehman.

Estas ventas bajaron los precios de los activos, lo que conllevó a enormes pérdidas para las instituciones y fomentó el miedo a medida que las instituciones se alejaban de la posibilidad de realizar operaciones entre ellas mismas. En segundo lugar, el colapso de Lehman llevó a que los fondos de la Reserva se convirtieran en el primer gran fondo del mercado monetario en dividir el dinero e infligir pérdidas de capital a los inversionistas. Esto asustó a millones de personas.

Finalmente, algunos fondos de alto riesgo que tenían a Lehman como su principal corredor perdieron acceso a sus bienes tras la bancarrota. Otros fondos comenzaron a sacar sus principales cuentas de Goldman Sachs y de Morgan Stanley que, al ser bancos de inversión, no podían utilizar todos los programas de préstamos de emergencia de la Reserva Federal. Esto metió a ambos en un lío y los forzó a convertirse en bancos comerciales.

Las inesperadas consecuencias del colapso de Lehman ayudan a explicar por qué los reguladores de Estados Unidos han sido tan aprehensivos con respecto a las pruebas de estrés de las 19 grandes instituciones. ¿Quién quiere cerrar a Citi, por ejemplo, y responsabilizarse por un "Lehman II"?

A pesar del alza que presentó el mercado de valores durante los últimos tres meses, las cosas aún no pintan bien. La estrategia de rescate del gobierno parece ser la tradicional "ojalá que funcione" que  se han aplicado en el pasado. Se necesita tiempo y se reza por que todo el dinero invertido en los mercados mejore la situación, y esperar que los bancos tengan suficientes ganacias para recuperarse.

¿Funcionará? O ¿nos convertiremos en otro Japón, donde los bancos y la economía se estancaron por una década? Habrá que preguntárselo en un año, mientras tanto, ¡infeliz aniversario para todos!

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