Wall Street olvida sus errores

Las firmas financieras de Estados Unidos se quejan de la intervención gubernamental del TARP; pero deben recordar que la crisis que originó el programa de rescate se inició en ese sector.
WALL-STREET-edificio-bancos-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Allan Sloan

Sí, el Gobierno federal estadounidense comete muchas tonterías, y sí, es fácil entender por qué las compañías de Wall Street están retirándose del TARP (Programa de Alivio para Activos en Problemas, por sus siglas en inglés): para ya no tener que lidiar con las reglas del Gobierno, que no dejan de cambiar y con los congresistas sedientos de publicidad (¿hay otros congresistas?).

Pero esto no justifica la forma en la que Wall Street se ha aferrado a su memoria selectiva ahora que el Gobierno ha descascarado billones de dólares de los contribuyentes para mantener a Wall Street vivo.

Wall Street, a quien yo defino como nuestra institución financiera más importante, se queja de que el Gobierno está arruinando el sistema financiero en aras de una nueva regulación, de nuevas reglas para las tarjetas de crédito y de la invención de figuras como un zar de los pagos.

Antes de que acepten la versión de Wall Street, recuerden que no escucharon a nadie quejarse de "socialismo" cuando el Gobierno pagó la fianza de los acreedores de Bear Stearns y AIG, ni cuando dejó que Goldman Sachs y Morgan Stanley se volvieran compañías bancarias para que pudieran tomar préstamos gigantescos (y baratos) de la Reserva Federal.

También hay que recordar que Wall Street llamó la atención de Washington por sí mismo. Cuando lo dejaron solo, Wall Street dejó volar una salvaje burbuja de especulaciones, que casi destruye al mundo financiero cuando reventó.

Wall Street abusó de los clientes vulnerables de tarjetas de crédito con tasas de interés del 30% y cuotas infinitas, y pagó a sus grandes personalidades cantidades obscenas de dinero. Ahora estamos viendo las reacciones por esos excesos.

También deben recordar que la recesión, la cual ha dado fuerza a los demócratas liberales que Wall Street detesta, fue provocada por el derrumbe de los mercados financieros, así que Wall Street no puede culpar a nadie más que a sí mismo por los problemas que está atravesando.

El derrumbe fue tan malo que si el Gobierno no hubiera pagado las fianzas del sistema financiero, incluso las empresas manejadas con mayor prudencia se habrían hundido si el Gobierno hubiera permitido que más empresas gigantescas cayeran. Estas empresas deberían estar agradecidas con el Gobierno, y mucho.

No es difícil entender la motivación de las empresas para escapar del TARP, el cual les dio dinero bajo los atractivos términos de la administración de Bush pero ahora los tiene atados tras las expansivas regulaciones "obamoides". ¿Quién necesita eso?

La mayor esperanza de Wall Street, y mi mayor miedo, es que Washington se enfoque en el simbolismo, como la figura de un zar de los pagos, mientras que los eventos sustanciales como la regulación de derivados y el establecimiento de requisitos de capital se lleven a cabo fuera de la luz pública.

Wall Street quiere volver a poner sus propias reglas, y podría salirse con la suya. Es más, ahora que muchos bancos grandes han recaudado dinero de sus inversionistas y están repagando sus préstamos federales por fianzas, quieren volver a comprar las garantías de la compra de acciones que se apropió el Departamento del Tesoro como parte del acuerdo. Estas garantías (el derecho a comprar un número fijo de acciones a un precio fijo) fueron la gran oportunidad de los contribuyentes para hacer dinero en serio.

Aún así, como Amy Baumgardner, del despacho legal Morrison & Foerster me lo explicó, el Departamento del Tesoro tiene que revender sus garantías a las instituciones que paguen al TARP este año y que estén dispuestas a pasar por un proceso largo y complejo que está diseñado para determinar un precio justo. Esto significa que la Secretaría del Tesoro obtendrá un precio justo para el mercado actual, pero menor de lo que los bancos piensan que valdrán las garantías. Esta diferencia podría ser sustancial, porque a pesar de toda la recaudación de capital de Wall Street y el pago al TARP, esto sigue dando mucho de qué hablar.

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Uno de los subsidios más importantes (que nunca será mostrado como un gasto por fianza) es el mantenimiento de tasas de interés a corto plazo cerca de cero por parte de la Reserva Federal. La razón oficial por la que las tasas se mantienen tan bajas es que esto ayuda a la recuperación de la economía. Esto penaliza a los que somos ahorradores, pero esa es otra historia. La razón no establecida para las bajísimas tasas a corto plazo es que le dan a los bancos la oportunidad de obtener grandes ganancias al reinvertir depósitos baratos en valores de rendimiento mucho mayor.

Ahora, la ironía final: si alguna de las gigantescas empresas que están pagando al TARP vuelve a meterse en problemas otra vez a pesar de las nuevas reglas que está imponiendo la administración de Obama, seguirán siendo demasiado grandes como para dejarlas caer. Y, ¿quién pagará su rescate? Tú y yo, como siempre. 

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