Obama busca imponer más impuestos

El presidente de EU busca imponer mayores gravámenes a las compañías para elevar la recaudación; en su intento por mejorar la crítica economía terminará perjudicando a los trabajadores.
monedas-oro-economia-dinero-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Geoff Colvin

En ocasiones, lo que es políticamente irresistible no tiene ningún sentido económico, como se nos recordará pronto. La administración de Obama, que busca desesperadamente ingresos y tiene en la mira blancos fáciles, propone tres aumentos significativos en los impuestos a los negocios. Si la administración se sale con la suya, el resultado será malas noticias para todos los estadounidenses.

El primer ejemplo que muestra el peligro de mezclar la política con la economía fue el anuncio de mayo hecho por la administración, en la que dijo que quería "reformar nuestro código tributario internacional" para que no "se manipule la baraja en perjuicio de la creación de empleos aquí en nuestro territorio".

Aplicando un poco de retórica política, la Casa Blanca ligó a los corporativos internacionales con individuos que ilegalmente evaden impuestos ahorrando sus ganancias en otros países.

"Hoy en día nuestro código fiscal provee ventajas competitivas a las compañías que invierten y crean empleos en otros países sobre aquellas que invierten y crean los mismos empleos en Estados Unidos", o con algo así empezó la declaración de la Casa Banca el 4 de mayo. La siguiente frase decía que "nuestro sistema tributario está lleno de oportunidades para evadir y evitar impuestos mediante paraísos fiscales en el extranjero".  

El ciudadano promedio tuvo que llegar a la conclusión de que la mayoría de las grandes empresas estadounidenses hacían trampa con sus impuestos. Sólo un estudiante aplicado de contabilidad se habría dado cuenta que por "paraíso fiscal", el Departamento del Tesoro se estaba refiriendo a cualquier otro país con una tasa de gravamen corporativa menor que la estadounidense, es decir, todos los países excepto Japón.

La realidad es que la administración está arremetiendo contra un comportamiento completamente legal. Una compañía estadounidense que hace dinero en un país X paga los impuestos en ese país X. Si la compañía lleva ese dinero de regreso a Estados Unidos, también deberá pagar los impuestos adicionales estipulados en las tasas estadounidenses, que son más altas.

La administración alega que ya que Estados Unidos tiene virtualmente la tasa de impuestos corporativa más alta (y la de Japón es incluso una fracción de punto más alta), las reglas recientes crean incentivos para que las compañías estadounidenses operen en cualquier otro lugar excepto aquí, haciendo que se pierdan empleos en Estados Unidos.

Por lo tanto, la Casa Blanca propone que se le cobre a todas las empresas estadounidenses el flete completo, es decir, el total de la diferencia entre sus impuestos en otro país y el tipo de gravamen corporativo nacional en todas sus ganancias en cuanto las tenga, no importa donde estén. Según ellos, estas medidas harán que los empleos regresen a casa.

Si la lógica no te cuadra, no estás solo. El efecto concluyente de este cambio será un alza pronunciada en los impuestos (se jalará más dinero de las arcas corporativas). ¿Esto hará que las compañías estadounidenses que compiten en una economía global se inclinen más por la contratación de empleados adicionales en la ya de por sí cara nación? La respuesta es clara. Es por esto que el presidente de Microsoft, Steve Ballmer, dijo que si se aplica este cambio, "mejor nos llevamos a mucha gente y la sacamos de Estados Unidos en vez de dejarlos aquí".

Esa es la primera propuesta de aumento a los impuestos de Obama. Otra requeriría que las compañías informaran sobre sus inventarios en una base FIFO (lo primero que entra - lo primero que sale, por sus siglas en inglés) en vez de una base LIFO (lo último que entra - lo primero que sale). Este cambio sería muy significativo. En esta era de alza de costos, asumir que estás vendiendo tu inventario más antiguo en vez del más nuevo, aumenta las ganancias reportadas y por lo tanto genera impuestos, aunque nada real haya cambiado. Si la inflación empeora, como predicen varios analistas, la base FIFO obligaría las compañías a pagar impuestos reales sobre ganancias fantasma a medida que el valor de los bienes se infla mientras quedan en el inventario.

La tercera alza a los impuestos será la nueva recaudación en las emisiones de carbono. A pesar de la forma que tome (un sistema de bonos ecológicos o un impuesto sobre el carbono) y a pesar de las buenas razones que haya para esto, sigue siendo un impuesto, dinero que sale de la puerta y por el que la compañía no obtiene nada.

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

El problema con aplicarlo solamente a negocios en estas tres presentaciones más importantes es que esto no estanca a las empresas. En materia de negocios, una compañía sólo es un montón de papeles corporativos. Los impuestos los paga la gente: los clientes, los accionistas y los empleados. Y, adivinen quién tendrá que aguantar el mayor peso de estos aumentos a los impuestos... los empleados de las compañías a las que se les aplican los impuestos.

Las investigaciones muestran que cuando los impuestos a los negocios aumentan un dólar, de 70 a 92 centavos son pagados por los empleados. Cuando los empleados se den cuenta de esto, podrían decidir que este es uno de esos momentos en los que no quisieran que la Casa Blanca azote a las compañías.

Ahora ve
La Ciudad de México recibirá la visita de Godzilla
No te pierdas
×