El nuevo apartheid de África

El continente sufre una nueva segregación, esta vez hacia sus negocios locales; la venta de diamantes, petróleo y café beneficia a China, pero muy poco a los africanos.
africa-gente-SXC.jpg  (Foto: Cortesía SXC)
Glenn Hubbard
NUEVA YORK -

Existe un aspecto irónico sobre el continente africano; después de años de control estatal sobre las economías, los gobiernos africanos se abren a los negocios extranjeros como nunca antes lo habían hecho.

Las empresas extranjeras están haciendo fila para extraer petróleo africano, desenterrar minerales africanos, construir y administrar puertos africanos y exportar café y cacao africanos. ¿Pero qué hay de las compañías locales? El último informe de "Haciendo Negocios" del Banco Mundial cuenta una historia muy triste.

Veamos a Angola: tiene diamantes, petróleo y café. Estas materias prima tuvieron un boom durante la década pasada, y el Gobierno dio permiso a compañías extranjeras para que las produjeran y exportaran.

Hoy en día, eso incluye a los chinos: Angola es el socio comercial africano número uno de China, quien también está construyendo infraestructura para el gobierno angoleño usando todo chino, incluyendo mano de obra y cemento. Ahora hay muchos más extranjeros en Angola (europeos y asiáticos) de los que había en épocas coloniales. 

¿Y qué hay de los negocios angoleños locales? Según "Haciendo Negocios", Angola está en el lugar 169 de los 183 países en todo el mundo, lo que significa que el Gobierno angoleño no permite que su gente comience y maneje sus propios negocios.

Esta restricción crea un nuevo tipo de apartheid: la comunidad de negocios de Angola es europea y asiática, no africana. Tal vez esa no fue la intención, pero sí el resultado.

Lo mismo ocurre en país tras país del África subsahariana, aunque no en todas partes. Ruanda sobresale como un modelo positivo: pasó del lugar 143 en la lista de 2009 al lugar 67 en 2010. Después de años escalando en la lista, Mauricio ahora está en el lugar 17.

Estos dos países muestran que es posible que los gobiernos africanos den la libertad a su gente para que comiencen y manejen sus propios negocios, y que superen el apartheid de facto que se ha esparcido por todo el sector de negocios de África.

El papel de China en este nuevo apartheid es especialmente irónico. Hace 20 años, Deng Xiao Ping liberó al pueblo chino para que comenzara y manejara sus propios negocios por una razón muy simple: él y sus compañeros líderes se habían vuelto comunistas 50 años antes porque creían genuinamente que traería mayor prosperidad a la gente, pero conforme el tiempo fue pasando, fue obvio que no era cierto. 

Del otro lado de la frontera, Corea era un ejemplo claro: el norte comunista hacía referencia a la pobreza, y el sur prosperaba en materia de negocios. Así que Deng Xiao Ping cambió el método. Hoy, el 80% del empleo en China y el 60% de su PIB provienen de negocios pequeños y medianos, que apenas existían hace 20 años.

Anteriormente, la China comunista pedía solidaridad con los pueblos tercermundistas, pero ¿hoy qué hacen? Como la mayoría de los países del tercer mundo reprimen los sectores de negocios locales, sobre todo en África, China sólo sigue la corriente. 

Los líderes chinos argumentan que hacen eso para respetar la soberanía de los gobiernos nacionales: si Angola quiere reprimir al sector de los negocios angoleños, China no tiene ningún derecho de hacer que hagan las cosas de forma distinta. 

¿En qué se diferencia eso con Sudáfrica durante el apartheid? En aquellos días, el Gobierno sudafricano imponía enormes obstáculos para prevenir que los africanos negros comenzaran a tener sus propios negocios. China se unió al resto del mundo en su condena del apartheid sudafricano, y con justa razón. Pero hoy, China se unió al resto del mundo al hacerse de la vista gorda con respecto al apartheid actual del sector de negocios locales en la mayor parte del África subsahariana.

Por supuesto que los poderes occidentales no son mejores que China; siguen derrochando ayuda monetaria extranjera en países que reprimen sus negocios locales. 

Existe una amnesia local entre los países prósperos sobre el momento en el que ellos salieron de la pobreza: gracias a su sector de negocios locales. Han olvidado sus raíces liberales; el término "liberal" solía hacer referencia a las luchas europeas a favor de los negocios, en contra de los "conservadores" feudales.

China, junto con los poderes occidentales, son hoy en día sólo "medio liberales": impulsan sus propios negocios nacionales pero toleran la supresión del sector de negocios nacionales en países pobres en todo el mundo.

Existe una alternativa, pero se requiere de voluntad política y liderazgo por parte de China y otros países prósperos: pueden redireccionar su ayuda extranjera para apoyar al sector de negocios locales en países pobres. 

Existe un precedente poderoso, el Plan Marshall de la posguerra europea. Hizo préstamos a los negocios europeos, quienes los pagaron a sus gobiernos, y el cual empleaba el dinero para la creación de infraestructura comercial como puertos y caminos. El mismo modelo podría funcionar hoy en día.

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Hace dos décadas, la presión externa ayudaba a superar el apartheid en Sudáfrica. Mañana, la presión externa podría ayudar a superar el apartheid en los negocios en la mayor parte del África subsahariana. Es hora de la que haya solidaridad mundial para apoyar a los negocios locales que luchan en países pobres en todo el mundo. El nuevo apartheid pide un nuevo movimiento en su contra, ¿quién lo va a liderar?

--Glenn Hubbard, un ex presidente del Consejo de Asesores Económicos, es coautor, junto con Bill Duggan, de un nuevo libro Aid Trap -- Hard Truths About Ending Poverty. También es decano de la Facultad de Negocios de la Universidad de Columbia.

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