Un ‘pepe grillo’ para cada CEO

Los presidentes ejecutivos contratan a asesores de alto nivel para aconsejarse y tomar decisiones; estos “jefes de personal” se convierten en la mano derecha del CEO, y en su posible sucesor.
ceo-jefe-asesor  (Foto: Jupiter Images)
Beth Kowitt y Alyssa Abkowitz

Hace algún tiempo, el accesorio de moda de los presidentes ejecutivos era un avión privado Gulfstream V o una casa en la isla de Nantucket (a 30 millas del sur de Massachusetts).

Hoy el mejor accesorio para ellos es un asesor de alto nivel (o jefe de personal) que sea, en parte, un confidente, en parte un guardián y en parte un consultor de estrategias. Mientras que ese puesto ha sido una posición clave en la política, varios altos ejecutivos están sumándolos a sus nóminas.

Goldman Sachs tiene su propio confidente de primer nivel, al igual que el presidente de Aflac, y el jefe de operaciones Paul Amos II. Cuando Tim Armstrong llegó al poder de AOL en la primavera de 2009, una de sus primeras contrataciones fue un jefe de personal. Y Tom McInerney, el nuevo jefe de operaciones del negocio de seguros globales ING Group, tiene uno de estos asesores en las oficinas centrales de ING en los Países Bajos.

Rob Deeming, director de proyectos de estrategias de Gilt Groupe, hace el trabajo de un asesor de alto nivel, y dice que en general, su trabajo es "arreglar". También ayuda a la presidenta ejecutiva Susan Lyne con proyectos como la creación de nuevas líneas de productos para venderlos en la Web.

En AOL, la jefa de personal, Maureen Sullivan, quien se unió en marzo de 2009 y tuvo el mismo puesto con Armstrong cuando ambos estaban en Google, se encarga de las estrategias de planeación.

Joost Heideman, asesor de McInerney de ING, también funge como "la voz de la confianza" para su jefe, quien recientemente se mudó de Estados Unidos a Holanda.

Como primera jefa de personal de Aflac, Angela Kates es el nexo entre Amos y los 64,300 agentes y empleados de la aseguradora, y trata temas que aparecen en correos que Amos les pide que manden.

Pero también trabaja como alter ego de su jefe, con el poder de elegir qué decisiones del día al día puede hacer por su cuenta, y cuáles requieren de la aprobación de Amos.

La parte más difícil es aprender a pensar como un alto ejecutivo, y cómo manejar tantas responsabilidades como sea posible sin pisar su autoridad. "Ese es el arte del trabajo", dice Amos.

Mientras que un este tipo de asesores resulta una ayuda para el jefe, también es de gran utilidad para sus ayudantes. "Todos los días me expongo a la forma en que funciona un presidente ejecutivo", dice Deeming.

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Esa doble función permite más jefes de personal puedan terminar en el puesto ejecutivo algún día.

"Cuando comencé a hablar con el departamento de Recursos Humanas, ellos dijeron que, con excepción de las políticas, nadie tiene relaciones humanas", dijo Amos. "Yo les prometí que eran una verdadera necesidad".

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