La ingratitud de Wells Fargo

El banco dice, entre líneas, que ellos salieron solos de la crisis, y no gracias al Gobierno; la entidad hoy goza de ganancias trimestrales, y su CEO se da palmadas en la espalda por esto.
wells fargo ceo presidente ejecutivo John Stumpf  (Foto: Jupiter Images)
Adam Lashinsky

Durante la crisis financiera de 2008 y 2009, cuando el Gobierno de Estados Unidos intervino para salvar al sistema bancario estadounidense, ninguna institución fue más desafiante con el Gobierno que Wells Fargo.

"Tonto" fue la palabra con la que el presidente del banco de San Francisco en aquel entonces, Richard Kovacevich, decidió describir al plan del secretario del Departamento del Tesoro, Timothy Geithner, para aplicar pruebas de estrés a todos los bancos grandes. El presidente ejecutivo de Wells Fargo, John Stumpf, publicó una carta abierta a sus empleados lamentándose de que el banco fuera presionado a cancelar sus viajes de recompensa a Las Vegas después de recibir una inversión de 25,000 millones de dólares por parte del Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP por sus siglas en inglés).

"Esas historias parciales nos hacen creer que todos los eventos de reconocimiento a empleados son toda una fiesta, un despilfarro, un desperdicio. ¡No tiene sentido!" dijo el ejecutivo.

Wells Fargo no lo pudo hacer solo, muchas gracias.

A un año de esto, a la entidad financiera le va de maravilla. Las ganancias son fuertes y el precio de sus acciones se duplicó. Aun así es imposible dejar de preguntarnos por qué el equipo inconformista habría sido forzado a defenderse por sí mismo. Todos los programas han beneficiado a Wells, al igual que a sus bancos compañeros.  

Para empezar, el dinero del TARP y las pruebas de estrés "tontas" sin duda aseguraron un sistema financiero inestable. Las adquisiciones billonarias de valores respaldados por hipotecas que realizó la Reserva Federal (Fed) mantuvieron los intereses bajos, facilitando así la actividad hipotecaria. Lo mismo va para el primer programa de compradores de viviendas de Washington, que otorgaba 8,000 dólares a los compradores, un regalo hipotecario tanto para Wells como para los prestatarios. 

Además de eso, básicamente no hubiera habido un mercado hipotecario durante los 18 meses previos de no haber sido por los préstamos respaldados por el Gobierno, de Fannie Mae y Freddie Mac, ambos pupilos estatales, al igual que de otros grupos gubernamentales. Y es difícil imaginar la recuperación de Wells sin la ayuda del sector público.

"Wells Fargo se convirtió a sí mismo es el ejemplo más claro de por qué hay que luchar contra los programas gubernamentales", dijo el analista bancario Richard Bove. "Pero claramente, los programas gubernamentales eran necesarios".

Stumpf sólo a regañadientes le da al rescate el valor que se merece. "Claramente el Gobierno ayudó a estabilizar una época inestable", dice, pero agregó que "creemos que participamos positivamente en ese proceso".  

Él dice que las razones son que Wells hizo 800,000 millones de dólares en préstamos y compromisos de préstamos durante la época que mantuvo fondos del TARP. Repagó dichos fondos junto con 1,400 millones de dólares en intereses. Después refinanció 1,200 millones de dólares en préstamos y modificó cerca de 500,000, además de perdonar cerca de 2,600 millones de dólares durante esa época, dice. Las pruebas de estrés no representaron un factor. "Fue el desempeño de la industria", léase, de Wells Fargo, "la que hizo que cambiaran las cosas". ¿Y los créditos de los compradores de viviendas? "Fueron buenos para los clientes". ¿Y el apoyo de las agencias de las viviendas? "Hemos sido el primer creador de la Administración Federal de Viviendas desde hace años".

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No es ninguna sorpresa que Stumpf, quien ganó 21.3 millones de dólares el año pasado, ponga en duda las reformas legislativas financieras que están ahora en el Congreso. Aunque las regulaciones afectarían a todos los jugadores financieros, sean o no bancos, él advierte que tendrán "consecuencias involuntarias" por parte de "personas con buenas intenciones". 

El presidente de Wells tal vez aprendió a evitar usar lenguaje encendido, pero todavía no está listo para dejar de pelear.

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