Narcotráfico impacta actividad de Pemex

La cuenca de Burgos, al norte del país, es la zona más afectada por secuestro y robo de combustible; algunos contratistas prefieren pasar la noche en EU, cuando se encuentran trabajando en la zona.
pemex-camion-archivo  (Foto: Archivo)
CIUDAD DE MÉXICO (CNN) -

El monopolio petrolero estatal mexicano Pemex está eludiendo trabajar en las crecientes zonas sin ley en áreas remotas del norte del país, resaltando el impacto de la guerra del narcotráfico sobre una industria otrora relativamente inmune a ese problema. Pemex  y las firmas privadas que emplea han reducido los trabajos de perforación, mantenimiento y otras actividades en algunas zonas aisladas en la cuenca de Burgos, rica en gas natural, por el deterioro en la seguridad, dijo un alto ejecutivo de una contratista de Pemex en la región.

"Hay lugares donde no podemos ir, donde no están seguros nuestros trabajadores, entonces estos proyectos están, por ahora, suspendidos", dijo el ejecutivo quien pidió el anonimato.

Otros contratistas señalan que Pemex ocasionalmente ha cancelado los trabajos programados para pozos, pequeños ductos y otros equipos que se ubican cerca de las rutas usadas por los cárteles para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos.

Complete Production Services Inc, que da servicio a los pozos de gas de Pemex en Burgos, advirtió el mes pasado en un documento enviado al mercado de valores que la violencia "ha impactado nuestra habilidad para hacer negocios en partes del país", y dijo que los problemas podrían afectar los ingresos.

México, el séptimo mayor productor de petróleo del mundo, no ha sufrido interrupciones mayores en su bombeo a causa de la violencia, pero el secuestro en abril de uno de sus ejecutivos en el sureste del país, más el rapto de una docena de trabajadores en dos incidentes en una estación en Burgos este verano, han inquietado a la industria.

Unas 28,000 personas han muerto a causa de la violencia del narcotráfico desde que el presidente Felipe Calderón lanzó su campaña contra los cárteles a finales del 2006.

La violencia se está acercando a la importante industria energética del país, que aporta una tercera parte de los ingresos del Gobierno.

Los planes para realizar una conferencia petrolera anual en la conflictiva norteña ciudad de Tampico el mes pasado provocó una protesta por parte del sector privado, lo que obligó a los organizadores a trasladarla de último minuto a la Ciudad de México, según fuentes de la industria.

Pemex ha reconocido que la inseguridad es un problema creciente en algunas áreas, pero que ninguna de sus instalaciones ha sido tomada por los cárteles. El problema, ha dicho, es que las poderosas bandas del narcotráfico algunas veces le impiden enviar personal a ciertos lugares.

Robo de condensado

En Burgos, Pemex ha tenido que lidiar desde hace mucho tiempo con bandas criminales que secuestran sus camiones cargueros o perforan sus ductos para robar combustible y condensado, un derivado del gas natural similar a la gasolina, a menudo en complicidad con empleados corruptos de la empresa.

El Gobierno acusa a estos grupos de colaborar con los cárteles de la droga a cambio de protección y ayuda para vender el combustible robado.

El condensado robado, que en el pasado era mezclado con gasolina y luego vendido a consumidores locales incautos, ahora es traficado hacia Estados Unidos y eventualmente vendido a las fábricas de petroquímicos a precio de mercado.

Algunas veces, el condensado robado de Burgos ha excedido el 40% de la producción total de la cuenca. La cantidad robada desde el 2006 supera los 300 millones de dólares, dijo Pemex.

En respuesta a la creciente ansiedad de los trabajadores, Pemex ha colocado en sus instalaciones, incluyendo en sus oficinas centrales en la Ciudad de México, afiches con datos para prevenir secuestros, además de reforzar la seguridad.

Algunas compañías grandes que trabajan con Pemex han prohibido a sus trabajadores con base en la capital pasar la noche en ciudades del norte del país. Cuando visitan instalaciones en el norte, al terminar el recorrido deben volar hacia Estados Unidos a pasar la noche.

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A pesar de la violencia, las firmas extranjeras acostumbradas a trabajar en entornos de alto riesgo como Nigeria y Angola, es poco probable que sean ahuyentadas de México y sus lucrativos campos petroleros.

"Operamos en lugares peores, y es poco probable que el Gobierno deje que las cosas empeoren al grado de lastimar realmente su mayor fuente de dinero", dijo un contratista de Pemex.

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