El yen seguirá aplastando al dólar

La moneda se ha apreciado debido a las tasas cero, la inflación y las importaciones de EU; el alza de la divisa japonesa llevó al grupo de los G7 a tomar medidas de ésta frente al dólar.
yen dinero japon  (Foto: Photos to Go)
Colin Barr

El dólar continuará siendo vapuleado hasta que la economía estadounidense muestre capacidad para crear empleo. La apreciación de la moneda japonesa esta semana ocasionó que las naciones ricas del G7 se comprometieran este jueves a frenar la escalada de la divisa japonesa frente al dólar. Tanto Estados Unidos, como el Banco Central Europeo, Reino Unido y Canadá venderán sus yenes con la esperanza de sofocar un rally alcista que suma otra amenaza a la crisis económica japonesa: elevar el precio de sus exportaciones.

El anuncio de este jueves se dio un día después de que la moneda japonesa tocó máximos históricos frente al dólar, por primera vez desde 1995 cuando llegaron a pagarse menos de 80 yenes por un dólar. Este no parece ser el momento para que la divisa del país asiático se revalorice tan drásticamente, pues aparte del golpe que recibió la semana pasada, la economía nipona ha permanecido estancada en las dos últimas décadas.

Pero tampoco el dólar ha gozado de mucha salud. Mientras Japón ha estado ocupado dando punto final a su segunda década perdida, el dólar se las ha arreglado para perder el 36% de su valor frente al yen desde el inicio de la crisis financiera.

¿Cuál es la razón? Como siempre, hay muchas otras fuerzas interviniendo en los mercados de divisas. No nos extrañe que el mayor impulsor del alza del yen es la política de tasa de interés cero implementada por la Reserva Federal (Fed), algo que no cambiará por lo menos en un año o quizás más.

Hay que acostumbrarnos, pues, a un yen fuerte.

Entre los factores clave que han afectado la paridad dólar-yen en tiempos recientes están la inflación (que EU ha tenido en años recientes, y Japón no) y los diferenciales de tipo de interés, o la brecha que existe entre los rendimientos de los bonos gubernamentales vendidos por ambos países.

Cuando los mercados crediticios comenzaron a colapsar en el verano de 2007, las tasas de interés favorecían al dólar. La tasa de interés interbancaria a un día (tasa objetivo) era de 5.25% en EU contra casi cero en Japón.

Pero un año y varios meses después, cuando lo peor de la crisis financiera quedó atrás, la tasa de la Fed bajó a su actual rango de 0% a 0.25%, colocándose al nivel de la de Japón, que no ha estado por encima del 1% desde principios de los 90s.

Cuando la Fed acordó, hace dos años ya, aplicar una primera ronda de flexibilización cuantitativa o compra de activos, no había duda de que el dólar, y no el yen, era la divisa que los traders (especuladores) querían vender para financiar inversiones de mayor rendimiento. Desde entonces, el dólar ha perdido más del 10% de su valor contra la divisa del país asiático.

Ello no quiere decir que la política de la Fed sea el único factor que ha provocado la apreciación del yen. Los flujos comerciales también lo favorecen, pues Japón exporta mensualmente a EU bienes por valor de 10,000 millones de dólares, el doble de lo que importa, y los exportadores deben cambiar sus dólares a la moneda japonesa antes de repatriar su capital.

También influyen factores idiosincráticos, como que el año fiscal japonés llega a término en marzo; el que las compañías japonesas están esforzándose por reunir dinero para los difíciles meses por venir y el interés especulativo.

Y aunque parezca tentador, es imposible culpar a Ben Bernanke de este desastre. Ciertamente jugó un papel en la equívoca política monetaria de EU a principios de la década del 2000, la cual permitió la formación y explosión de la burbuja inmobiliaria. Pero para 2007, sólo jugaba las cartas que le quedaban: reducir constantemente las tasas de interés. Es un cirujano que opera una y otra vez sobre un paciente que se despertó un día para descubrir que sus hábitos financieros no habían funcionado.

Ahora la Fed inicia la última fase de su segunda ronda de flexibilización cuantitativa, una política en la que Bernanke confía para impulsar la demanda doméstica de bienes y servicios, y por extensión, el empleo. Si hay esperanzas de que el dólar se recupere, todas están puestas en esa canasta.

"El crecimiento del empleo es lo que puede sacar a EU del bache. Si comenzamos a ver grandes cifras de empleo, es posible que veamos cómo se aprecia el dólar," apunta  Andrew Busch, estratega de BMO Capital Markets.

Incluso sin la ayuda del G-7.

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