Inversores demandan a JPMorgan

El CEO y la compañía financiera fueron demandados por una estafa demasiado complicada de idear; el fraude hecho a través de un instrumento de inversión llamado Sigma acusa al mismo Jamie Dimon.
Jamie Dimon, CEO y presidente de JP Morgan.  (Foto: Fortune)
Duff McDonald

Cierto, a Wall Street le encanta ocultar sus mecanismos para ganar dinero bajo un velo de complejidad. Pero un aparente fraude atribuido a JPMorgan Chase, a través de un instrumento de inversión llamado Sigma, ha llegado demasiado lejos. Si yo fuera un abogado que llevara una demanda colectiva, apuntaría hacia los bolsillos más grandes. ¿Tiene sentido, no? En Wall Street, eso significa demandar a JPMorgan Chase o a Goldman Sachs. De allí que no sorprenda que un conjunto de inversores institucionales descontentos responsabilice a JPMorgan de los errores que ellos mismos cometieron. 

En este último episodio legaloide, se nos narra una teoría de un esquema diabólico que supuestamente incluye al propio Jamie Dimon, CEO y presidente de JP Morgan. La trama es interesante, pero no nos dejemos convencer: ni Jamie Dimon es tan avispado como para intentar una estafa como la que se le imputa.

Esta es la versión resumida del supuesto fraude: en 2007, un instrumento de inversión llamado Sigma (que no era propiedad de JPMorgan pero al cual asignó 500 millones de dólares en activos de sus clientes) iba tan mal, que activó las alarmas del banco. Los infames ejecutivos de JPMorgan decidieron entonces perjudicar a sus propios clientes al dejar sus capitales en ese fondo, prestándole en su lugar más de 8,000 millones de dólares con la esperanza de que, si Sigma colapsaba, ellos se embolsarían las garantías contra las que se otorgó ese préstamo.

Aún sabiendo que luego se les exigiría rematar esa garantía o colateral (pues los activos financieros del cliente -acciones, participaciones en fondos, planes de pensiones- son los que se pignoran, es decir, garantizan la obligación de pago), los ejecutivos del banco también sabían aparentemente que nadie la compraría y entonces podrían sentarse a esperar a que el mercado se recuperara, para después vender el colateral y obtener una enorme ganancia, celebrando a carcajadas mientras los clientes se lamían sus heridas.

¿Puede ser verdad? Sí, puede. Pero en mi opinión, el esquema es demasiado complicado. Si en verdad creyeras que hay un mercado de compradores para los activos de los Vehículos de Inversiones Estructuradas (SIV, por sus siglas en inglés) como Sigma, ¿no sería más inteligente aconsejar a tus clientes que abandonen el fondo, y así conservar esas relaciones, en lugar de prestarle más dinero a Sigma, esperar a que comience la subasta de activos, y luego aprovechar esa venta de activos, especialmente si sabías que no habría otros compradores? ¿Por qué arruinar las relaciones con esos clientes a favor de una apuesta de alto riesgo?

Desde luego, algunos sugerirán que este esquema es parecido a todo el fiasco provocado por los préstamos subprime, en el cual los bancos prestaron dinero a deudores de alto riesgo, incluso a sabiendas que no calificaban para el crédito. Pero las dos situaciones son en realidad muy diferentes. El juego de los préstamos subprime tenía una salida fácil, el mercado de la ‘securitización' o ‘titulización' (que convierte las hipotecas en títulos negociables). Tiene sentido prestarle a cualquiera -incluso a quien sabes que no podrá pagarte- si sabes que luego puedes vender ese préstamo una vez que lo otorgaste. En ese caso, no hay un riesgo principal.

Pero al trasladar el ejemplo de las hipotecas subprime a Sigma, los demandantes (gestores de fondos de pensiones) arguyen que JPMorgan prestó dinero a compradores subprime con la esperanza de que incurrieran en impago, para así poder ejecutar embargos, esperar y posteriormente vender las viviendas cuando el mercado no sólo se hubiera recuperado, sino que estuviera en apogeo. ¿Te convence una estafa como ésa? A mí no, es demasiado arriesgada. Hay excesivas consecuencias de por medio. Existen formas más sencillas que apostar a que un mercado hundido se recuperará plenamente. Lo mismo aplica para Sigma.

No me malinterpreten. Tras leer los análisis de Jesse Eisinger en ProPublica, no doy nada por sentado en lo que se refiere a los esquemas de Wall Street. Pero esta es una apuesta multifactorial que la gente de Wall Street no necesita hacer, hay maneras más sencillas de hacer dinero. Dimon hace dinero cada vez que coloca un cajero automático. ¿Realmente necesita arriesgar 8,500 millones de dólares con la esperanza de obtener un beneficio tan aventurado, y al mismo tiempo perjudicar a sus propios clientes? Él no ha declarado al respecto, pero el portavoz de JP Morgan Chase, Joe Evangelisti, dice que aparte de las declaraciones oficiales ante la corte sólo puede decir una cosa: "Los demandantes están distorsionando tremendamente la verdad".

Los que se consideran hoy víctimas también se las ingenian para que la atención se desvíe del verdadero problema. Lo he dicho antes y lo repito: el único grupo de personas que no admitió su parte de responsabilidad en la crisis crediticia fueron los gestores de fondos de pensiones, que invirtieron en estos absurdos instrumentos. ¿En qué rayos pensaban? En lugar de asociarse para emprender una demanda colectiva contra JPMorgan, deberían ser ellos los demandados por sus propios inversionistas. De todos los embaucadores, ustedes son los peores.

Nos guste o  no, a la gente de Wall Street se le paga por vender lo que sea que los tontos estén dispuestos a comprar. Pero ustedes eran los guardianes del dinero de las pensiones, y lo dilapidaron en este tipo de basura. Debería darles vergüenza.

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