El ‘defensor’ de las petroleras

El cabildero Jack Gerard quiere hacer que la industria petrolera luzca más amigable; sin embargo, su principal obstáculo en el camino son en las propias compañías del rubro.
gerard  (Foto: Cortesía Fortune)
Tory Newmyer

Jack Gerard ha estado en 'modo de crisis' desde que tomó el puesto de presidente ejecutivo del Instituto Estadounidense del Petróleo, en noviembre de 2008. Poco después de llegar al poderoso grupo de legislación petrolera, el presidente Obama y una serie de demócratas entraron al poder, prometiendo financiar fuentes de energía alternativa y tomar medidas en el cambio climático.

El año pasado, el desastre de BP vertió más de 200 millones de galones de petróleo en el Golfo de México, y Gerard pasó el verano preparando a sus miembros para más de 50 audiencias del Congreso y ocho investigaciones con relación al derrame y a su recuento de los daños. A mediados de mayo, los ejecutivos de cinco compañías petroleras se presentaron ante un comité del Senado y defendieron sus ganancias, que podrían llegar a niveles altos históricos en 2011. "No castiguen a nuestra industria por hacer bien su trabajo", dijo el presiente ejecutivo de Chevron, John Watson. Su presentación fue un desastre total de relaciones públicas.

De hecho, las grandes compañías petroleras no podrían ser menos populares: los precios de la gasolina, en promedio, están alrededor de cuatro dólares por galón, más de un dólar arriba en comparación con el año pasado; los problemas en Medio Oriente y la fuerte demanda global contribuyen al alto precio, pero no se le puede decir esto al tipo que gasta 75 dólares para llenar su tanque en una estación de Exxon. El presidente Obama, en su búsqueda de formas por recortar la deuda, tiene en la mira exenciones fiscales para las compañías petroleras, y un sondeo realizado por NBC y Wall Street en febrero descubrió que el 74% de los encuestados apoya tal medida. "Emocionalmente, nadie está de su lado", dijo Robert Passikoff, presidente de la consultoría de lealtad de marcas Brand Keys. "Nadie se siente mal por las compañías petroleras".

Y Gerard, un cabildero profesional de 53 años de edad cuyo último trabajo fue estar a la cabeza de una asociación de comercio de químicos, cree que puede convencer a los estadounidenses de apoyar a las compañías petroleras. Mientras apagaba fuegos en Capitol Hill y en la Casa Blanca, también encontró el apoyo de grupos de izquierda que no han sido aliados tradicionales, como la AFL-CIO y la Camarilla Política Hispánica en el Congreso, e incluso contrató al organizador de Nature Conservancy para movilizar una campaña de activismo público a favor de API. Gerard cree que puede proteger a la industria recordando al público más conservador a cuánta gente emplea y afilia su grupo. API dice que es responsable de cerca de 9.2 millones de empleos.

Espera, eventualmente, tener presencia en todos los distritos del país, para que cuando las propuestas políticas lleguen a los balances de la industria, los legisladores, desde Seattle hasta Savannah, escuchen las quejas de los votantes en casa. La táctica está mostrando señales de éxito. Una serie de mítines organizados por la API el verano pasado ayudaron a desviar a los demócratas de la ‘ley del derrame' que pretendían redactar después del desastre de BP. Ahora espera que el prospecto de los nuevos empleos sea popular a favor del fracking hidráulico, una práctica que está despertando preocupaciones ambientales y de seguridad.

Impresionar al público estadounidense es una de las estrategias de Gerard para conservar las exenciones fiscales de sus miembros y para expandir su acceso a las reservas de energía. Un cabildero es tan bueno como sus relaciones, y Gerard -un religioso devoto con ocho hijos, incluyendo gemelos adoptados en Guatemala- usa su vida personal para crear lazos con aliados importantes en el Capitolio. Además, ha ganado acceso directo y regular sin precedentes a los presidentes ejecutivos de las compañías más importantes, como Rex Tillerson, de Exxon, y James Mulva, de ConocoPhillips.

Gerard suele lucir un poco clínico cuando habla de los temas por los que cabildea, pero sus rivales no deben confundir su profesionalismo con falta de pasión. Ama los retos, y mejorar la imagen de las grandes compañías petroleras es uno. "Si juego básquetbol quiero jugar contra el equipo de los mejores, porque son más difíciles de vencer", dice.

Las relaciones adecuadas

Antes de que Gerard tomara su puesto en API, hace dos años, hizo una estipulación inusual como director comercial de la asociación. No quería ser sólo un empleado clave, sino un socio estratégico con una línea directa al presidente ejecutivo de la industria. Lo logró, y no teme aprovechar su puesto y mantener un contacto constante con presidentes ejecutivos. "Esto puede crear o romper relaciones comerciales, tener una relación en la cima y tener la habilidad de poder hablar con alguien", dice. También ha creado una relación cercana con Tillerson, de Exxon, quien está a la cabeza de la compañía más grande de API y es presidente de los Boy Scouts of America. Gerard ha tenido un papel activo en la organización en Washington D.C.

Tillerson acredita a Gerard por haber hecho "un trabajo estupendo a la cabeza de la industria en una época llena de retos, poniendo en marcha un programa que dio fuerza a la voz de la industria en la discusión de energía nacional".

Y sí, pocas de las acciones de Gerard son mal aprovechadas. Tiene una presencia activa en la iglesia mormona, con un papel equivalente al de un arzobispo, lo que lo relaciona con el senador republicano Orrin Hatch (el principal miembro republicano en el comité de redacción fiscal en el Senado) y con el candidato presidencial Mitt Rommey.

El verano pasado, Gerard se unió a la senadora demócrata Mary Landrieu y a una delegación estadounidense en un viaje a Londres y Etiopía en busca de adopciones internacionales. Landrieu siempre ha sido una amiga confiable de la industria petrolera: Louisiana es uno de los estados con mayor producción petrolera, pero sólo semanas después de su regreso, impresionó a la Casa Blanca poniendo un alto al nominado de Obama como su próximo director de Presupuesto, empleando una maniobra del Senado para bloquear la asignación. Landrieu explicó que la estrategia pretendía colocar presión sobre el gobierno para levantar las moratorias en perforaciones en el Golfo de México impuestas después del derrame. La Casa Blanca quedó sorprendida con su medida, pero levantó la moratoria siete semanas antes de su caducidad. Landrieu dice que su bloqueo fue su idea, y le pidió a Gerard que la apoyara sólo después de su aplicación. "Estoy muy orgullosa de eso, y cuando Jack y yo viajamos, sólo hablamos de adopciones".

En la cabeza de Gerard

Gerard creció en Mud Lake, Idaho (población: 358). De niño memorizó los números seriales de tractores mientras ayudaba a su padre en su negocio. La familia tenía una pequeña granja, y Gerard y sus tres hermanos madrugaban para ordeñar vacas. Antes no había muchas distracciones en su horario, pero ahora resume su estrategia de administración del tiempo con una fórmula de tres palabras: "bien, mejor, el mejor". Es una filosofía que le ayuda a usar bien su tiempo y a buscar el mejor tiempo disponible. Su credo surge de un discurso de 2007 que dio un líder mormón llamado Dallin Oaks, cuando dijo que "la innovación no necesariamente implica una expansión, sino simplificación".

Y Gerard ha simplificado a API, despidiendo al 20% del equipo y reduciendo prioridades, de una lista de dos docenas de temas -que incluían investigación en energía alternativa- a seis, concentradas en la expansión de perforaciones y el bloqueo de propuestas, como el esfuerzo demócrata por recortar 21,000 millones de dólares en exenciones fiscales a 10 años. La mayor parte del dinero, casi 13,000 millones de dólares, provendrían de terminar con la elegibilidad de los gigantes petroleros para un crédito fiscal de manufactura, y el resto de la eliminación de una serie de deducciones específicas.

Las peleas que elige son tan instructivas como las que evita. En el tema del cambio climático como algo ocasionado por el hombre, Gerard no sólo se rehúsa a dar una opinión, sino que es indirecto cuando tiene una. "No soy un científico", dice. Gerard ha sido parte de este debate desde hace una década, cuando formaba parte de la Asociación Nacional de Minería. Cuando se habla del tema, cambia la conversación hacia el proceso de atender el cambio climático más que hacia tomar una postura ante un problema central para su membresía. "Nuestra visión es que tenemos un compromiso que atiende el problema". Cuando se le preguntó si reconoce que el fenómeno es causado por el hombre, Gerard vuelve a ser evasivo: "tendía que analizar los principios generales que han sido adoptados".

Ha intentado cambiar la percepción de que las compañías petroleras y los republicanos están unidos intrínsecamente, una lucha que ganó prioridad cuando Obama se mudó a la Casa Blanca. Gerard actuó rápido contratando a Marty Durbin, sobrino del demócrata senador número dos, Dick Durbin, de Illinois, para encabezar al equipo de cabildeo de API y para abrir las puertas demócratas en el Capitolio. Organiza visitas de petroleros afroamericanos, hispanos y mujeres, y formó una sociedad con el departamento de comercio de construcción de AFL-CIO para poner en marcha el potencial de creación laboral de los nuevos proyectos de perforación. Las pláticas informales con expertos mediáticos de la campaña de Obama impulsaron a Gerard a convencer a Deryck Spooner, de Nature Conservancy, de ayudar a crear un ejército desde sus raíces, que ahora cuenta con más de 500,000 miembros.

El verano pasado, después de que la Casa Blanca aprobara una propuesta de ley difícil para mejorar los estándares de seguridad de las perforaciones en altamar y remover la responsabilidad por los derrames, Gerard realizó una serie de mítines en regiones lejanas a las perforaciones. En una de ellas, en la zona suburbana de Chicago, más de 500 trabajadores sindicalizados se unieron en una producción que pareció un evento laboral. Tomaron la palabra una serie de líderes sindicales, acreditando al negocio petrolero por la creación de empleos. La reunión terminó con un discurso del ex entrenador de los Osos de Chicago, Mike Ditka, quien unió historias de su crianza con la independencia energética. Esta protesta asustó al Senado. "En esos mercados mediáticos pequeños, es algo muy importante", dijo el senador George Voinovich, republicano moderado de Ohio. La ley del derrame fue poco atendida cuando el Senado regresó de su receso en agosto, y cuando Obama propuso financiar un nuevo programa de infraestructura de 50,000 millones de dólares para repeler las exenciones fiscales a las grandes compañías petroleras, Voinovih dijo al presidente que la medida sería un obstáculo importante.

La pelea por el fracking

Aunque API es visto como el brazo cabildero de algunas de las compañías más grandes del mundo (Exxon, Chevron y ConocoPhillips son las número 2, 3 y 4 respectivamente en la lista de Fortune 500 de compañías por ingresos), también incluye a docenas de pequeños proveedores, y Gerard comenzó a enlistar a esas compañías y a otros aliados en su esfuerzo por mostrar lo vital que es la industria para la economía.

Durante las consideraciones del derrame el verano pasado, API recordó a los miembros liberales del Congreso de la existencia de los pequeños vendedores, como camioneros, tiendas y ganaderos que participan en el proceso. "Jack logró expandir a sus aliados para que la gente entienda la importancia que tienen en la industria", dijo el presidente ejecutivo de Marathon Oil, Clarence Cazalot.

Sus tácticas volverán a ser puestas a prueba mientras intenta ganarse el apoyo local de la fracturación hidráulica horizontal, o fracking. La técnica permite a los perforadores colocar un coctel de alta presión de agua, arena y químicos para romper las rocas y liberar el petróleo y el gas natural atrapado por dentro. Algunos ambientalistas y activistas locales alegan que la práctica podría contaminar suministros de agua, algo que la industria niega. Los contragolpes hacia el fracking han sido tan intensos en Nueva York, que el estado declaró una moratoria temporal. La Agencia de Protección Ambiental está realizando su propio estudio, y los resultados serán publicados el año entrante.

El acceso a los depósitos sigue siendo una prioridad para Gerard, y es fácil entender por qué. Algunos de sus miembros más grandes, como Exxon Mobil y Chevron, han entrado a la locura comprando empresas más pequeñas para que trabajen en el campo. Para Gerard, desarrollar nuevos recursos podría ser un elemento que cambiaría el juego político para la industria, permitiendo aumentar su presencia fuera de los confines tradicionales de los estados ricos en petróleo y el Golfo. El depósito de esquistos bituminosos mejor conocido está en Utah, con una estimación de cerca de 800,000 millones de barriles de crudo recuperable. Otro depósito importante se encuentra en Dakota del Norte y Montana; el esquisto Marcellus, que contiene el depósito de gas natural más grande del continente, se encuentra bajo Nueva York, Pensilvania, Ohio y Virginia del Oeste. Y un depósito de buen tamaño, el esquisto Fayetteville, de tamaño considerable, está debajo del norte de Arkansas.

Gerard afirma que los beneficios que tendrían los empleados si comienzan proyectos en todo el país serían de 280,000 nuevos empleos en la próxima década, tan sólo con el desarrollo de Marcellus, y otros 340,000 empleos con la creación de la línea Keystone XL, una construcción de 2,700 kilómetros que llevará crudo de las arenas petroleras del oeste de Canadá hasta las refinerías de la costa del Golfo de Texas. Todos son enlistados potenciales del ejército de Gerard.

Pero resulta que los ejecutivos petroleros con altos sueldos no son los únicos pasivos potenciales para los esfuerzos de Gerard de poner un rostro más amigable a la industria. Como dijo Mike Dalfano, instructor de tuberías, después de la reunión en Joliet, "las compañías petroleras están siendo muy rentables, y necesitamos ajustarles los tornillos".

Gerard está desconcertado con la ambivalencia de Dalfano hacia la industria que apoya su trabajo. Está seguro de que Dalfano y millones de otros lograrán convencerse. "Estamos colocando un rostro humano a la industria, y la gente entiende que se trata de mamás y papás de todo el país", dice. "Ese es nuestro reto, y cuando el público entienda las consecuencias, participarán". Ahora, lo que necesita es que sus miembros más importantes se alejen de los encabezados.

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