Facebook en Bolsa: idealismo vs. negocio

La firma expresó sus creencias en una carta del fundador en su solicitud de oferta pública inicial; al igual que Google y Groupon, la red social deberá enfrentarse a la realidad de los negocios.
facebook cuenta  (Foto: CNN)
Kevin Kelleher

Entre las empresas de Internet que están por salir a Bolsa, la carta del fundador se está convirtiendo en un ritual con un valor puramente simbólico, un rito de iniciación a la adultez de los mercados públicos. Larry Page y Sergey Brin, lo comenzaron cuando Google se hizo público en 2004. Andrew Mason lo elevó a absurdas nuevas alturas cuando Groupon lanzó su oferta pública inicial (OPI) el año pasado.

Ahora, Mark Zuckerberg ha hecho su intento de carta del fundador, la declaración ingenua de los ideales de emprendimiento de la compañía. Independientemente de que sean lanzadas desafiantemente ante la cara de los aspirantes a accionistas o presentadas delicadamente como una reliquia corporativa de un valor inestimable, tales epístolas están condenadas a entrar en un estrangulamiento lento y doloroso, a medida que las fuerzas del mercado hacen su voluntad.

Los presidentes ejecutivos de las empresas que se vuelven públicas ocasionalmente incluyen una carta dirigida a los accionistas en los prospectos de OPI, pero por lo general no son más que un poco de relaciones públicas, una amistosa carta de portada con tan poco sentido como las fotos de archivo que a veces abarrotan los documentos de solicitud.

Pero la carta del fundador es diferente. Se trata de un producto único de Silicon Valley, donde las nuevas empresas crecen como híbridos del idealismo social y del capitalismo a sangre fría.

El prospecto de OPI de Google comenzó con una carta infame que manifestó descaradamente: "Google no es una empresa convencional, no pretendemos convertirnos en una". Antes de afirmar: "Vamos a optimizar para el largo plazo en lugar de tratar de producir ganancias homogéneas cada trimestre. Vamos a apoyar proyectos seleccionados de alto riesgo y alta recompensa".

Pero a medida que los inversionistas institucionales llegaron a poseer un pedazo más grande de Google, y a medida que muchos de los empleados de la empresa se convirtieron en sus accionistas, las realidades de ser una empresa que cotiza en Bolsa comenzaron a asumirse. Google se volvió muy hábil en el juego de las ganancias que al principio rechazó.

En el verano pasado, el primer reporte de resultados ante inversionistas encabezado por Larry Page desde que fue reelegido como presidente ejecutivo, su retórica desafiante se había atenuado. "Es posible que tengamos algunos cuantos pequeños proyectos especulativos en desarrollo en un momento dado, pero somos administradores muy cuidadosos del dinero de los accionistas", dijo Page a analistas e inversores en el reporte . "No vamos a apostar hasta el último centavo en esas cosas".

Cuando Groupon presentó su solicitud para salir a Bolsa en junio pasado, Mason incluyó en el prospecto una carta del fundador que, al igual que la de Google, restaba importancia a las preocupaciones comunes de los inversores acerca de las ganancias trimestrales; sólo que Mason empleó una retórica más excéntrica. "Somos inusuales y nos gusta ser de ese modo", dijo Mason, antes del alboroto sobre las clases de danza con fuego y sobre la importancia de no ser aburrido.

Mason también advirtió a los posibles inversionistas que Groupon podría "invertir en el crecimiento a largo plazo... a pesar de ciertas consecuencias a corto plazo" y tomar decisiones basadas en "lo que nuestro instinto nos dice que va a ser grande".

Luego, en lo que debe ser una de las líneas más irreverentes en una carta de un presidente ejecutivo a los accionistas, dijo: "Nuestros clientes y los comerciantes son lo único que importa". Groupon, que cotiza su acción 15% por encima de su precio de oferta inicial de 20 dólares, presentará su primer reporte de resultados como una empresa pública la próxima semana. Cualquier decepción en ése o en futuros reportes de resultados podría provocar la presión de los inversores para añadir un tercer grupo a la lista de cosas que le importan a Groupon: los accionistas.

En el prospecto de oferta pública inicial presentado el miércoles por Facebook, Zuckerberg escribió una carta de fundador cuyo tono es más conciliador que desafiante que las cartas de Groupon o Google. La frase más dura que utilizó fue "siempre nos hemos preocupado principalmente por nuestra misión social". Pero el problema es que, al describir esa misión social, terminó sonando santurrón y, bueno, simplemente equivocado.

Zuckerberg simplemente está tratando de explicar a los inversores por qué el idealismo es importante. Pero acaba tomando el tono condescendiente de un geek brillante que le dice a su pareja de cita que usualmente él no sale con chicas a las que no les gustan las computadoras, así que él va a explicar -en un lenguaje que incluso un estudiante de cuarto grado podría entender- por qué es tan importante.

"Esperamos fortalecer la forma en que las personas se relacionan entre sí", escribió Zuckerberg. Pero cualquiera que haya pasado tiempo en el sitio sabe que, aunque Facebook es muy bueno para aumentar la cantidad de conexiones de amigos, esto significa un detrimento en la calidad de las interacciones. Las actualizaciones, chats y fotos en Facebook son en el mejor indicador de las interacciones significativas que ocurren lejos del sitio.

Y continúa: "No construimos servicios para hacer dinero; hacemos dinero para construir mejores servicios". Esto también parece ser poco sincero teniendo en cuenta que el mayor triunfo de Facebook es ayudar a los anunciantes a explotar los datos de los usuarios para producir anuncios dirigidos y entrenarlos para tratar a las marcas corporativas como amigos. La carta de Zuckerberg menciona la palabra 'gente' 41 veces en 83 frases. 'Negocios' se menciona siete veces. La publicidad, la verdadera misión sobre la que está estructurado el sitio, sólo una vez.

Los ideales que Zuckerberg tan noblemente expone como la misión de Facebook -un mundo abierto, gobiernos responsables, personas que se conectan, la 'Vía Hacker' (Hacker Way')- pertenecen no sólo a Facebook, sino a la propia web. Ellos han sido parte del Internet desde sus primeros días. Es bueno que Facebook los adopte también, pero si quitamos estos ideales genéricos, lo que nos queda es una compañía que es endemoniadamente buena para hacer dinero con anuncios en línea.

Así que, aunque la carta de fundador de Zuckerberg probablemente esté mejor escrita que las de Page, Brin y Mason, también es la más vacía de sentido. Al igual que Google y Groupon, Facebook comenzó con un idealismo que, confrontado con las realidades de los mercados financieros, se colapsa con el tiempo. La única diferencia es que, con Facebook, esta capitulación sucedió mucho tiempo antes de su salida a Bolsa.

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